viernes, 23 de octubre de 2009

Thelonius Monk / Misterioso Mr. Monk

Thelonious Monk, en su retiro.

ANTONIO MUÑOZ MOLINA 24/10/2009

Desde la ventana de la habitación que abandonó muy pocas veces en los últimos años de su vida Thelonious Monk veía el río Hudson y el perfil entrecortado de Manhattan. Cada mañana se vestía escrupulosamente con sus trajes bien cortados, sus grandes zapatos, sus calcetines y sus corbatas a juego, como si tuviera que acudir a alguna cita en la ciudad, y a continuación se tendía en la cama, y se pasaba el día mirando el techo, o se incorporaba sobre los almohadones doblados para mirar la televisión. Su programa favorito era la versión americana de El Precio Justo. El pianista Barry Harris, que vivía en la misma casa, y que ensayaba en una sala próxima, se asomaba a veces a la habitación de Monk y al verlo inmóvil y formal encima de la cama pensaba que parecía un muerto en su ataúd. La casa estaba en Nueva Jersey y había pertenecido al director de cine Joseph von Sternberg. Su dueña era ahora la baronesa Pannonica de Koenigwarter, que llevaba años dedicando su vida y su fortuna a proteger a músicos de jazz, y que en 1955, en su apartamento del hotel Stanhope de Nueva York, había acogido a Charlie Parker, enfermo y desahuciado. Mientras la baronesa Pannonica le preparaba algo de cena o una bebida Parker estaba en el sofá mirando un programa cómico que le gustaba mucho. Se le paró el corazón en medio de un ataque de risa.



Ahora Pannonica o Nica vivía retirada en Nueva Jersey en compañía de sesenta gatos y desde 1976 tenía como huésped a Monk, que llevaba todo ese tiempo sin tocar el piano, sin hacer nada, sólo levantarse cada mañana y vestirse y volver a tenderse en la cama recién hecha para mirar al techo o volver los ojos hacia la ventana en la que se recortaba cada día la silueta azulada o diluida en la niebla de la ciudad en la que había crecido y pasado la mayor parte de su vida, y a la que no iba a volver, teniéndola tan cerca. Le gustaba a veces dejar la puerta entornada para escuchar a Barry Harris tocando el piano. También se daba algún paseo por el bosque cercano a la casa. Cuesta imaginar a Thelonious Monk caminando por un sendero en un bosque, grande y solo, incongruente con su traje de ciudad y su falta de costumbre de frecuentar la naturaleza, alguien crecido en las calles peligrosas del West Side de Manhattan, aclimatado muy pronto a la tiniebla de los clubes, los callejones, las esquinas nocturnas. Caminaría con una torpeza urbana agravada por la enfermedad, con algo de sonambulismo, con la mirada ausente y la expresión ensimismada, atento tal vez a los rumores del viento en las hojas y a los cantos de los pájaros, él que había tenido desde niño un oído tan sutil para la música, y que ahora parecía haber dejado de necesitarla. Cómo sería ir por uno de aquellos senderos y encontrar de pronto a Thelonious Monk, con su mirada fija y bovina, quizás con un sombrero o un gorro estrambótico, si es que no había prescindido también de esa costumbre, la de coronar su figura con un tocado en el que siempre había algo de pagoda o de bonete o solideo de alguna orden monacal, de un sacerdocio absurdo que él hubiera adoptado con la misma seriedad con que Buster Keaton se empeñaba en sus tareas imposibles.


Algo de imposible hubo siempre en la música de Monk, una cualidad tortuosa y chocante que durante muchos años desconcertó a quienes la escuchaban y que todavía mantiene el filo de su novedad. La pulsación de una sola nota basta para identificarlo. Delicadeza y disonancia se superponen provocando ondulaciones sonoras que duran en los espacios de silencio. Con cuatro o cinco notas ya se ha establecido una melodía que tiene una parte de dulzura y otra de burla y de tentativa en el vacío. Cuando Monk era un adolescente pasó dos años acompañando al piano a una predicadora evangelista ambulante, una de aquellas iluminadas que daban sus sermones en graneros o en pobres salones de alquiler en los pueblos segregados del Sur y enardecían a los fieles con el fuego de una oratoria bíblica que se convertía sin transición en canto africano de llamada y respuesta. El joven Monk acompañaría los himnos tocando harmonios o pianos viejos sin afinar a los que les faltaban teclas y observaba de cerca la perduración de los ritmos y las melopeas clamorosas venidas de África, mezcladas con la herencia musical europea en una aleación que era el río originario del negro spiritual, el blues y el jazz. Años después, cuando ya era un músico conocido, sus estridencias y sus invenciones sonoras no se alejaron nunca del tronco de los blues, y sus lentas danzas de oso sobre el escenario mientras los otros seguían tocando tenían algo de ritual antiguo y posesión, como de trance de iglesia baptista.


Otros se extenúan en vano queriendo lograr a base de aspavientos y de imposturas algún simulacro de originalidad. Thelonious Monk no se pareció nunca a nadie. Creció en la digna pobreza de la clase trabajadora negra que emigraba desde el Sur agrario, atrasado y racista a las capitales industriales del Norte y siguió siendo pobre, con periodos cortos de relativo bienestar, hasta el final de su vida. En un pequeño club de Harlem, Minton's Playhouse, en los primeros años cuarenta, empezó a tocar como no lo había hecho nunca nadie, pero el crédito por la gran transformación del jazz que tardó mucho todavía en llamarse bebop se lo llevaron sobre todo Charlie Parker y Dizzy Gillespie, mientras él permanecía en la pobreza y en la sombra. Parker y Gillespie lo trastornaron todo acelerando al máximo la velocidad y exagerando el virtuosismo: Monk prefirió la apariencia de sencillez, las lentitudes contemplativas. Inventó una música en la que otros brillaban más que él y una estética personal que se convirtió en moda: la boina, las gafas de sol en plena noche, la perilla de cabra. Jugaba al tenis con la misma destreza desconcertante y versátil con que tocaba el piano y cuando tenía algo de dinero preparaba cazuelas de espaguetis con albóndigas. A las personas que quería -su primer amor, Ruby, su mujer, Nelly, su hijo Toot, su hija Bo Bo- les dedicó pequeñas baladas llenas de una ternura como de canciones de cuna, hechas con un arte tan meticuloso, tan liviano, como acuarelas de Paul Klee.
Robin D. G. Kelly le ha dedicado ahora una extraordinaria biografía, Thelonious Monk, The Life and Times of an American Original. La mejor manera de leerla es escuchando de fondo los discos de Monk, sintiendo en cada nota del piano, como en una sesión de espiritismo, una presencia que el paso de los años no desdibuja. Pero cuando acaba la música y uno cierra el libro la presencia no cesa. El silencio también tiene que ver con Thelonious Monk, que eligió recluirse en él al final de su vida, estragado por la enfermedad y el agotamiento: un silencio que según él decía es el ruido más estruendoso que existe en el mundo.

http://www.elpais.com/articulo/portada/Thelonious/Monk/retiro/elpepuculbab/20091024elpbabpor_6/Tes
Thelonious Monk: Blue Monk (Oslo, April 1966)

martes, 20 de octubre de 2009

Ronnie Scott's Jazz Club / Soho London


La 'capilla sixtina' del jazz

El club londinense de Ronnie Scott cumple 50 años convertido en leyenda

PATRICIA TUBELLA - Londres - 19/10/2009

El británico Ronnie Scott, él mismo un virtuoso del saxofón, estaba convencido de que un local pequeño, sin grandes pretensiones y probablemente atiborrado de humo, era el mejor escenario para capturar el espíritu del jazz, la espontaneidad de las improvisaciones y, en sus propias palabras, "la humanidad del músico". Y no iba desencaminado cuando abrió un garito en el Chinatown londinense, ahora hace 50 años, por el que acabaron desfilando los más grandes del género, leyendas como Ella Fitzgerald, Dizzy Gillespie, Sarah Vaughan o Dexter Gordon, entre una nutridísima nómina, que convirtió el club Ronnie Scott's en la meca europea del jazz, su capilla sixtina.

El establecimiento, que cumple este mes sus bodas de oro, se trasladó hace algunos años a la calle Frith Street del vecino Soho, arranca sus sesiones a las seis de la tarde (y no a las diez como antaño) y, en virtud de las nuevas leyes, tiene vetado el paso al vicio de los fumadores. Pero todo lo demás sigue intacto, las lamparitas de luz tenue sobre las mesas, el impresionante despliegue de fotos de míticas figuras del jazz y ese ambiente íntimo que sigue atrayendo a músicos de primera fila, aunque su entorno habitual en los nuevos tiempos suela residir en las grandes salas de conciertos.



Porque el Ronnie Scott's es un pedazo de la historia del jazz, la casa de tantos músicos que a lo largo de cinco décadas protagonizaron también un impagable anecdotario. Como el día en que Nina Simone, agobiada por su retraso, se abrió paso entre el público y, con el abrigo todavía puesto, comenzó su actuación. O aquella noche en que Sonny Rollins, finalizada su sesión magistral de saxo, pidió permiso para quedarse a trabajar en una de las mesas del auditorio: cuando abandonó el local, entrada la mañana, ya había compuesto la banda sonora de la película Alfie (1966).

Fruto de la obsesión de Scott y de su colega saxofonista Pete King por replicar en Londres el ambiente de los clubs de jazz neoyorquinos que recorrieron a finales de los años cuarenta fue un primer establecimiento (Club Eleven) que se saldó en fracaso. Ambos se volcaron en sus respectivas carreras hasta que, en 1959, lo intentaban de nuevo en un pequeño sótano de Gerrard Street, un escenario en el que apenas había espacio para un cuarteto.


Las restricciones de los sindicatos no permitían por aquel entonces la visita de músicos procedentes del otro lado del Atlántico, pero Scott consiguió superarlas a base de negociaciones, abriendo con ello su local al estreno en Europa de una procesión de artistas americanos. Bill Evans, Stan Getz, la orquesta de Buddy Rich, Chet Baker, Carmen McRae y una lista tan interminable como famosos los rostros que empezaron a dejarse caer por el club (desde Judy Garland a los miembros de los Beatles), aunque nunca recibieron un trato distinto al de cualquier modesto aficionado. Si el jazz ya no es visto como un espacio elitista en el Reino Unido, en parte se debe al Ronnie Scott's.

Su instigador, programador y director tocaba regularmente con quintetos y sextetos, que incluían los mejores músicos de jazz británicos. Fue en este mismo local donde, por ejemplo, Miles Davis descubrió al británico Dave Holland, uno de los gigantes del contrabajo. Ronnie Scott -cuyo verdadero nombre era Ronald Schatt- también solía ejercer de maestro de ceremonias, con introducciones en las que siempre se colaba algún chiste de su repertorio. "Tendrían que haber estado en el club el lunes pasado. Un tipo telefoneó para saber cuándo empezaba la sesión y le respondí '¿A qué hora puedes llegar?", bromeó en una ocasión sobre los sobresaltos financieros que siempre le acuciaron y que, en los años ochenta, forzaron a buscar nuevos socios. Ronnie Scott murió en 1996 a los 69 años y un tiempo más tarde su compañero Peter King vendía el negocio a la empresaria teatral Sally Greene, que ha volcado sus esfuerzos en preservar el legendario club como un punto ineludible en el mapa de los apasionados del jazz.

http://www.elpais.com/articulo/cultura/capilla/sixtina/jazz/elpepucul/20091019elpepicul_5/Tes

http://www.ronniescotts.co.uk/

sábado, 17 de octubre de 2009

Miles / Cité de la Musique / París France

Miles Davis recibe homenaje en la Cité de la Musique de París

La gran figura del jazz protagonizará una muestra presentada en 800 metros cuadrados, la cual está dividida en secuencias temáticas que, cronológicamente, ilustran los diferentes períodos de su carrera .

EFE El Universal París, Francia
Viernes 16 de octubre de 2009

09:35 El genial trompetista estadounidense Miles Davis, gran figura del jazz, recibe un homenaje en una exposición que abre sus puertas en la Cité de la Musique de París y que incluye varios conciertos en su recuerdo.

La muestra, toda una declaración de intenciones bajo el título "We want Miles" ("Queremos a Miles"), el nombre de uno de sus álbumes, busca redescubrir a la gran leyenda del jazz a pocos metros de la Gran Sala de La Villete, donde ofreció uno de sus últimos conciertos el 4 de julio de 1991.

Presentada en 800 metros cuadrados, la retrospectiva está dividida en secuencias temáticas que, cronológicamente, ilustran los diferentes períodos de la carrera de Miles Davis (1929-1991).

Más de 500 piezas del artista, algunas mostradas por primera vez al público, han sido reunidas para la ocasión, como películas inéditas, partituras manuscritas (de Gil Evans, Wayne Shorter o Herbie Hancock, entre otros), así como un conjunto excepcional de trompetas de diferentes épocas.

También se exhiben documentos originales procedentes de los archivos del productor Teo Macero, trajes que Miles usó sobre los escenarios, fotografías firmadas por grandes artistas como Anton Corbijn, además de pinturas de Jean-Michel Basquiat y del propio Davis, en un afán por ilustrar la música del estadounidense.

La primera sala de la muestra sumerge al visitante en la oscuridad, donde se funde la quebrada voz del virtuoso saxofonista con su imagen omnipresente, proyectada en bucle sobre pantallas.

El paseo propuesto por el comisario de la exposición, Vincent Bessières, ofrece una sucesión de espacios centrados en las diferentes etapas de uno de los grandes renovadores del jazz, junto a otros músicos como Charlie Parker o Marcus Miller.

El Miles más acústico invade otra sala dedicada a uno de sus períodos más destacados comprendido entre 1944, cuando llegó a Nueva York, y 1967, cuando alumbró "Kind of Blue" (1959), el disco más vendido en la historia del jazz.

También está representada su etapa más psicodélica y eléctrica de 1968, momento en el que el jazz sufría las embestidas del aplastante rock y el músico encontró la vía del "jazz electrificado", que materializó en su disco "In a silent way" (1968).

En la etapa previa a su retirada por motivos de salud en 1974, Davis prefirió una música abstracta, a medio camino entre el jazz y el funk, en la que evolucionó no sólo su sonido, sino también su estética, desde los trajes de franela a los pantalones de campana de los años setenta.

La labor de Miles Davis para despertar la conciencia negra se recuerda en un espacio en el que se pueden observar las pinturas psicodélicas de Marti Karwein y los dibujos coloreados de Corky McCoy.

Paralelamente a la muestra en la Cité de la Musique, dos ciclos de conciertos retratarán las etapas más decisivas del músico, que llegó a ser calificado como "el Picasso del jazz".

El primero de ellos, "We Want Miles", incluye seis recitales y dos jornadas de proyecciones de filmes a finales de octubre, y el segundo "We want more Miles" ("Queremos más Miles"), tres conciertos en diciembre.

Serán citas con antiguos colegas de Davis como el saxofonista Wayne Shorter y los baterías Jack DeJohnette y Jimmy Cobb, que junto al trompetista Wallace Roney recordarán el famoso "Kind of Blue".


http://www.eluniversal.com.mx/notas/633738.html
http://www.cite-musique.fr/minisites/0910_we_want_miles/main.aspx
http://culture.france2.fr/musique/dossiers/58093651-fr.php

"We Want Miles" - Cité de la Musique à Paris

viernes, 16 de octubre de 2009

Tom Waits / Glitter & Doom Live Album


Tom Waits publica un disco de directos

El cantante lanzará el próximo mes un álbum doble llamado 'Glitter & Doom Live' que reunirá 17 temas grabados en su último tour estadounidense y europeo

ELPAÍS.com - Madrid - 13/10/2009

Tom Waits lanzará el próximo mes un disco doble llamado Glitter & Doom Live que reunirá 17 temas grabados en directo en su último tour estadounidense y europeo, según informa la discográfica Pías.

Ninguna de las canciones incluidas en el CD fue grabada en los dos únicos conciertos que Tom Waits ofreció en España dentro de la gira del 2008 Glitter & Doom. Sí se adjuntará otro disco, llamado Tom Tales, que recoge 40 minutos con las historias que el músico contó en sus directos. Singapore, Get behind the mule, Falling down, I'll shoot the moon o Green grass, son algunas de las 17 canciones que incluye Glitter & Doom Live .

A la expectación alrededor de un nuevo lanzamiento de la leyenda viva del rock, que no saca un disco desde 2006, se añade la ceremoniosa promoción de la discográfica. Para Pías las letras del cantante son "visionarias", sus ritmos "cenagosamente tribales" y su voz nada menos que "chamanística". Calificativos rimbombantes hasta cuando se le dedican al talento de Tom Waits.

En los temas del álbum, el músico se convierte en un hombre muerto que canta a su viuda, un convicto que pronuncia sus últimas palabras, un tragaespadas o un pirata jactancioso. El lanzamiento tendrá su versión en vinilo y vendrá acompañado de la creación de la web oficial del músico también presentada por su discográfica prácticamente como un acontecimiento histórico-,que ve la luz hoy.

martes, 13 de octubre de 2009

Daniel Johnston / Entre Dios y Satán

ENTREVISTA EXCLUSIVA CON DANIEL JOHNSTON


JOHNSTON & JOHNSTON


ESTE MUSICO NOTABLE QUE FUE DIAGNOSTICADO CON UN TRASTORNO BIPOLAR GRAVE ES UN MITO VIVIENTE DE LOS AÑOS ’90 Y HA CONQUISTADO FANS COMO DAVID BOWIE, TOM WAITS, BECK, PEARL JAM Y EL CREADOR DE LOS SIMPSON, MATT GROENING, AUNQUE TODO EMPEZO CON KURT COBAIN DE NIRVANA CUANDO SE PUSO UNA REMERA CON LA TAPA DE UN DISCO SUYO. EL MARTES SALIO A LA VENTA EL DISCO IS AND ALWAYS WAS, DESPUES DE SEIS AÑOS DE SILENCIO. “TOMO DEMASIADAS PASTILLAS”, DICE JOHNSTON... ¡DESDE UN AVION!


Por Facundo García


El tipo es el centro de un sistema solar delirante que él mismo supo inventarse. A su alrededor giran pinturas, fotos de los Beatles, un piano, guitarras y cigarrillos; todo impulsado por la batalla eterna entre Dios y Satán. No es tan importante que los médicos le hayan diagnosticado un trastorno bipolar grave, o que hayan creído conveniente recomendar su encierro en hospitales neuropsiquiátricos: los temas de este gordo –que anteayer estrenó Is and always was, el disco con el que rompe un silencio de seis años– se afirman por su propio peso, y han conquistado fans como David Bowie, Tom Waits, Beck, los Pearl Jam, el creador de Los Simpson, Matt Groening, y todo empezó con Kurt Cobain de Nirvana. Otro tanto pasa con sus ilustraciones, que se exponen en galerías de Europa y Norteamérica. El hombre detrás de la leyenda se llama Daniel Johnston. Le dicen Dan el loco. O el siniestro. O el eterno enamorado. O el genio.


Daniel responde la entrevista del NO durante un viaje en avión. Lo que no deja de ser un riesgo, ya que en una ocasión, mientras volaba en avioneta, se le ocurrió imitar a su ídolo, el fantasma Gasparín. Se apoderó de los controles, apagó el motor del aeroplano y tiró las llaves por la ventana. Estaba convencido de que iba salir flotando entre las nubes. La anécdota está documentada en la película The Devil and Daniel Johnston (El diablo y Daniel Johnston de Jeff Feuerzeig, ‘05), e increíble como suena, no es más que un episodio en la serie de subidas y bajadas que han conducido al promisorio presente de este mito indie.

Nadie hubiera apostado ni un choripán a que ese cerebro atormentado sobreviviría los ‘90. Sin embargo, Johnston está en el mejor momento de su carrera. Con CD recién sacado, anda programando giras y mantiene un ritmo parejo como ilustrador. Y sigue ahondando, como de costumbre, en obsesiones que van del amor platónico al uso del eructo como recurso expresivo.


–Hiciste más de treinta discos. ¿Tenés algún secreto para seguir componiendo?

–Si pienso, compongo. Para mí es un instante en el que conquisto la felicidad. Cuando por algún motivo no me sale la música, empiezo a deprimirme. Los períodos sin componer son catastróficos: he llegado a pasarme una semana fumando continuamente, sin levantarme de la cama. No quiero que eso se repita nunca.


–Da la impresión de que tenés una confianza extraordinaria en vos mismo. ¿Cómo hacés?

–Tomo demasiadas pastillas.



“El sol no brilla en tu televisor”

Uno de los caminos para entrarle a Johnston es aprovechar sus canciones para analizar aquello que por fiaca o estupidez se dejó de lado. Los métodos para entretenerse en los velorios, el amor, el sentido que tienen los estribillos en la existencia humana, etcétera. Sus allegados saben cómo es el juego: nacido en una familia cristiana ultraconservadora de Texas, Daniel se las arregló para revolucionar su hogar desde muy chico. Papá y mamá empezaron a preocuparse por aquel muchacho que se enfrascaba con la misma excitación entre las teclas del piano y las historietas del Capitán América. “¡Sos un siervo inútil de nuestro Señor!”, le gritaba su vieja, indignada, mientras él registraba con un grabador esos reclamos para incluirlos en las mezclas caseras que paso a paso convertía en composiciones. De ese primer período es Historia de un artista, donde aseguraba que “lo mejor de la vida es gratis / los pájaros cantando y las abejas que se ríen / el artista sabe que (los demás) están equivocados / y que el sol no brilla en sus televisores”.


Al final de la secundaria, la fiebre Beatle le sacudió el piso, aunque el terremoto no fue tan fuerte como el que produjo el contacto con su musa, Laurie Allen. La piba, una compañera de la facultad muy bonita, contribuyó para que el amor fuera una de las constantes de su obra: “El amor es como la sal. Si le prestás atención, te vas a dar cuenta de que tiene sabor. Pero tenés que estar atento. Es como cuando condimentás una comida, un ingrediente puede hacerte feliz”, arriesga Dan. Lamentablemente Laurie ya tenía novio. El rival –que se dedicaba al negocio funerario– finalmente le sopló la chica. Fue un golpe de knock out. Pero antes de tocar el suelo, Daniel alcanzó a manotear las cuerdas del arte.

Aún le quedaban los Beatles, claro. No es que los copiara: directamente estaba convencido de que era uno de ellos. En una nota con el periodista estadounidense Rich Tupica, Johnston comentó las consecuencias de su vínculo con el cuarteto de Liverpool: “La primera vez que oí sus discos era un zoquete. Cuando me puse a coleccionar sus LPs fue distinto. Empecé a encarar a las chicas copiando el acento inglés y eso”. O sea, “era como haber develado un secreto, completa Johnston, que ha ido alternando su favoritismo por cada uno de los Fab Four, dependiendo de sus vaivenes anímicos. “Hoy me siento más cercano a George”, añade, sin que el avión en el que se traslada dé señales de estar sufriendo inconvenientes.

En el campus de la universidad se hizo patente que la estructura psíquica de Daniel se asemejaba a un laberinto sembrado de bolas disco, así que tuvo que regresar con su familia. Pionero de la autopromoción, seguía grabando en casetes vírgenes, dibujaba las tapas e iba repartiendo demos lo-fi a quien se entusiasmara con su propuesta. Los fans aseguran que muchas veces, cuando le pedían nuevas copias de su trabajo, se ponía a registrar los temas de nuevo y uno por uno en lugar de usar una doble casetera y reproducir el original. “Creo en lo que te da cada minuto –cuenta, en su etapa post-DVD–. He vivido demasiado como para negar la inspiración. Una vez que me largo sobre un papel con la guitarra o el piano cerca, siento que empiezo a expandirme. Y cada vez es irrepetible.”

En 1985 estaba trabajando full time en McDonald’s. Su equilibrio mental pendía de una hilacha. La MTV fue a la ciudad de Austin –donde Dan residía– para emitir desde ahí un programa denominado The Cutting Edge (El límite), y aunque él no estaba incluido en la grilla, se coló entre las cámaras y dijo: “Hola, éste es mi primer disco. Se llama Hi, how are you? Cuando lo hice tuve una crisis nerviosa”. La prensa local se quedó pasmada frente al “adulto-nene” que derrotaba continuamente los límites que le imponía su propia timidez. “La mayoría –define el artista, retrospectivamente– mata su infancia en la búsqueda de ser perfecto. Empiezan a dejarse llevar por pensamientos horribles que anulan el amor que traían dentro. Y por esa falta de amor se les muere el niño. Dejan de hacer lo que les gusta.”


El bajón en la segunda mitad de los ‘80 fue atroz. Lo que arrancó con unos porritos siguió con sustancias más pesadas y eso, en alguien con problemas mentales, es dinamita. Arruinó fiestas familiares, casi le rompe la cabeza a su manager tras tomarse un ácido, y amenazó repetidamente con la llegada de Satán. Pasó 1987 absolutamente medicado, y siguió desbarrancando hasta que una madrugada se metió en un edificio dando alaridos contra el diablo. Una jubilada que estaba descansando en su dormitorio se asustó tanto que se tiró por la ventana y quedó con heridas permanentes. Era la primera postal de otra siniestra temporada en el manicomio.

En los albores de la nueva década lo invitaron a retornar a Austin para actuar frente a tres mil espectadores. Lo acompañó su papá, que no se inquietó ante la sospechosa tranquilidad de Dan. Cuando ambos iban regresando en avioneta a West Virginia, donde vivían, el compositor flasheó que era Casper y consiguió llegar a los controles para detener la hélice y “dar un paseo por las nubes”. Zafaron milagrosamente: unos árboles acolchonaron el porrazo, por lo que sólo tuvieron que curarse los moretones. “No juegues a las cartas con el demonio”, avisaba Daniel en una de sus letras de esa época. ¿Sería capaz de seguir su consejo?


Ser estrella y estrellarse

En 1992, Nirvana se presentó en los MTV Music Awards y la pudrió. Harto del mainstream, Kurt Cobain hizo percha un amplificador, mientras el bajista Krist Novoselic caía al piso aturdido luego de arrojar su instrumento al aire y atajarlo con la frente. En medio del quilombo –búsquenlo en YouTube, es una joya– puede verse al rubio de Seattle usando una pilcha que se transformó en acertijo entre los fans. Meses antes, el vocalista/violero había escrito en su diario: “Me gusta infiltrarme en los mecanismos de un sistema, haciéndome pasar por uno de ellos para luego empezar a corromper lentamente el Imperio desde adentro”. En aquel descontrol, Cobain llevaba, debajo de su camisa, una llave con la que confiaba hackear la industria aunque fuera por un rato.

En el centro de su remera se veía, estampada, la tapa del disco Hi, how are you? Jeremiah –la “rana inocente”, que junto con Joe “el boxeador al que le falta un cacho de cabeza” es un sello distintivo de Johnston– se movía al ritmo de los acordes finales de Lithium. Y resulta que pasaron los días y Kurt no se cambiaba las pilchas. Hacía notas, figuraba en la tele, completaba sesiones fotográficas. Cada vez más curiosos se preguntaban qué significaba esa rana.


Por su parte, Daniel había recaído en un hospital. No tenía noción de quién carajo eran los Nirvana. Las discográficas, no obstante, ya rastreaban su paradero para sacar rédito económico del suceso. Lo querían convertir en una estrella, una posibilidad que le encantaba. Le ofrecieron editar un disco y sacó Fun, su versión más accesible para oídos no acostumbrados a su estilo. Vendió menos de seis mil copias, y Atlantic Records –la empresa que lo había contratado– decidió prescindir de sus servicios.


El sueño había sido fugaz. Para colmo, esta vez Kurt Cobain no iba a poder ayudarlo. Un escopetazo suicida había roto toda comunicación posible. Johnston siguió comiendo, fumando, dibujando, componiendo y perdiendo dientes. Su reino interior seguía tan activo como siempre, y por más que el reconocimiento no volviera a tocar a su puerta, le quedaba el consuelo de anticipar que “cuando nos volvemos famosos en el cielo / no hay razón para dudar o preguntarse por qué / (pero) nuestras porciones de torta siempre tienen crema” (When we all Become Famous in the Sky, White Magic, 2004). Entonces lo vino a visitar ese tal Jeff Feuerzeig. Quería hacer un documental sobre su vida.


Canciones de amor y funerales

The Devil and Daniel Johnston se estrenó en 2005. Teniendo en cuenta las características del género, puede decirse que fue un éxito. Miles de fans de distintos continentes se toparon con esta rara flor del jardín rockero, y encima el día del estreno invitaron a Laurie, la mujer a la que estaban dedicadas tantas horas melodiosas. La mina fue: ¡parecía que las canciones que se burlaban de los entierros y le declaraban amor eterno habían rendido frutos, porque hasta se había separado del sepulturero!


El video del encuentro está disponible en la web. Muestra un abrazo emocionado entre el poeta y su musa. ¿Y qué fue lo primero que el seguidor de Casper sugirió cuando la tuvo enfrente? Casamiento inmediato. Laurie, un poco contrariada –después de todo, sólo la habían invitado a un estreno cinematográfico– tiró la pelota afuera. De cualquier manera fue una escena que debe haber inspirado a Johnston para sus próximas dos o tres reencarnaciones. En la conversación del avión, el músico corta por lo práctico: “Ultimamente lo que me interesa es que vengan chicas lindas a los shows y ya”.


–¿Y por qué creés que tu relación con el público se mantiene?

–No lo sé. Me doy cuenta de que efectivamente vienen a verme porque por lo general suele ser la condición previa al show (¿!).


–Una vez cantaste que “en el cielo todos nos volvemos famosos”. En realidad, cielo e infierno son asuntos a los que te referís constantemente. ¿Cómo los imaginás?

–Es simple. El cielo y el infierno son espacios donde vivir. El año pasado conseguí mudarme a una nueva casa, al lado de mis padres, en Waller, Texas. Estar ahí es similar al cielo.


A sus cuarenta y ocho años, Johnston vuelve al ruedo con Is and always was (“Es y siempre fue”). No lo entusiasma ponerse la dentadura postiza para cantar, su condición de diabético insulinodependiente lo obliga a empezar a cuidarse con el morfi y su mano izquierda tiembla como nunca. Igual se para, orgulloso, y ofrece lo que tiene para transmitir. “Había estado guardando este material por mucho tiempo. De hecho, en un principio quería que el título del CD fuera Always was (‘Siempre fue’). No obstante, ponerlo en pasado resultaba demasiado frío. ¿Y sabés qué? Cada vez me estoy poniendo todavía más Beatle. Jason Falkner, el productor con el que trabajé esta vuelta, participó en el disco de Paul McCartney, Chaos and Creation in the Backyard. Imaginate, es un beatlemaníaco. Supongo que eso hizo que pegáramos buena onda.”



¿Qué encanto tiene este antigalán que se olvida de sus hits? En un universo en que la distancia entre el rock y Palito Ortega se acorta cada vez más, pensar que Johnston está usando el arte para elaborar pedazos de su paraíso personal no deja de sonar heroico. Habla poco, de a dos o tres oraciones y prefiere definirse con fórmulas sencillas. Pero no caretea ni ofrece lo que no está dispuesto a dar, y esa honestidad se percibe con contundencia.


Su recién estrenado CD se puede descargar de la red y se enmarca en una racha positiva que también ha dado como frutos la edición de The Angel and Daniel - Live at the Union Chapel –el DVD de un concierto en vivo– y varias novedades vinculadas con la ilustración. En febrero se editó la primera colección de sus obras visuales, y la marca Converse lanzó un modelo especial de zapatillas con motivos diseñados por su pluma. Es más: por si no fuera suficiente con la aparición del avatar de Cobain –remera de Hi, how are you? incluida–, en el Guitar Hero 5 acaba de darse a conocer un videojuego para iPhone e iPod Touch en el que hay que conducir a la célebre ranita de Daniel a través de varias plataformas. “Y yo ni siquiera sé qué es un iPhone”, se divierte él.


A la lista de proyectos de suma una biopic que está dirigiendo David Miller. Johnston lo confundió durante semanas con Steven Spielberg: “¡Es que nunca me dijo que no fuera!”, se justifica. “Quiero que el film enseñe cómo las personas pueden resucitar en sus emociones y pensamientos. Contar que todos aquellos que están para atrás, deprimidos, locos o consumiendo basura, pueden correrse de esos castillos de arena”, agrega.

–Aquí en Sudamérica te empiezan a conocer un poco más. ¿Alguna recomendación especial para tus fans?

–¿Qué? ¿¡Este avión está yendo a Sudamérica!? ¡Pero a mí nadie me dijo!

–No, no... La entrevista es para la Argentina, que queda en Sudamérica.

–Ah, menos mal. Me encantaría ir. Allá la marihuana es legal, ¿no?

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/no/12-4311-2009-10-13.html

Daniel Johnston - True Love Will Find You In The End

jueves, 1 de octubre de 2009

Tango / Patrimonio de la Humanidad


Milonga que va borrando fronteras

La comisión de expertos de la Unesco reunida en Abu Dhabi, capital de Emiratos Arabes Unidos, hizo lugar a la candidatura presentada en conjunto por Buenos Aires y Montevideo, que “comparten el nacimiento, la tradición y la pasión por el tango”.

Por Karina Micheletto

Ya es un hecho: el tango fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, según la decisión que tomó ayer por la madrugada (hora local) la comisión de expertos de la Unesco reunida en Abu Dhabi, capital de Emiratos Arabes Unidos. La candidatura fue presentada conjuntamente por Buenos Aires y Montevideo, porque ambas ciudades “comparten el nacimiento, la tradición y la pasión por el tango”, según detalló en un comunicado la embajada argentina en Abu Dhabi. La ciudad prepara una celebración para este fin de semana, con milongas abiertas en San Juan y Boedo, de las que participarán argentinos y uruguayos como Susana Rinaldi y Rubén Rada. Del otro lado del río, mientras tanto, Montevideo organiza un concierto de la Orquesta Filarmónica en la explanada de la Intendencia.

En la reunión de la Unesco en Abu Dhabi se presentaron 111 candidaturas, de las cuales quedaron 76 a consideración. Dado que las solicitudes se tratan en orden alfabético, según el país que hizo la presentación, el tango fue el primer caso a tratar y votar. La decisión fue tomada por la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, adoptada en 2003, que “contempla el cuidado y preservación de tradiciones y expresiones orales, festividades, técnicas artesanales, músicas, danzas o espectáculos tradicionales”, considerando que “constituyen un patrimonio vivo que, transmitido de generación en generación, infunde un sentimiento de identidad entre quienes lo practican, elemento esencial para el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana”. De eso, dijeron los expertos de la Unesco, se trata el tango.

¿Y qué significa exactamente que el tango pase a ser Patrimonio Cultural de la Humanidad? Que como tal deberá ser protegido y promovido y que deberán implementarse las políticas públicas tendientes a lograrlo. Y que además, claro, existirá una “chapa” más para presentar al mundo esta potente –y efectiva– marca de identidad. El ministro de Cultura de la ciudad de Buenos Aires, Hernán Lombardi, que siguió el tema y los primeros festejos desde la remota Abu Dhabi, sintetizó: “Es un homenaje a todos los que sostuvieron al tango durante mucho tiempo, a aquellos que en su tradición oral fueron relatando y contando la poesía y la danza de generación en generación. Significa también un reconocimiento y a la vez un compromiso para seguir fomentando la difusión del tango en sus diferentes estilos y estimulando la producción a través de concursos de música, canto, baile y poesía”.

Hasta el momento, la Convención de la Unesco para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial distinguió 90 formas de expresión y espacios culturales en 70 países. Entre estos “patrimonios culturales” del mundo figuran tradiciones y expresiones orales –incluido el idioma como vehículo del patrimonio cultural inmaterial–, diversas artes del espectáculo, usos sociales, rituales y actos festivos, técnicas artesanales tradicionales. Para que el flamante patrimonio argentino pudiera alcanzar categoría de tal, Lombardi y su par uruguayo, el escritor Mauricio Rosencof, hicieron una presentación con un título que ya llevaba implícita una declaración: “Tango, un arte musical, coreográfico, poético y corporal sustentable. Un siglo de una forma de expresión artística inalterable, auténtica y profunda del Río de la Plata”. Al presentar la candidatura también hubo una cita a Borges y su “Milonga de los Orientales”: “Milonga para que el tiempo vaya borrando fronteras, por algo tienen los mismos colores las dos banderas”.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Clint Eastwood / Lo que sé


Por Clint Eastwood

Cuando uno envejece, deja de tenerle miedo a la duda. La duda ya no te controla. Uno se saca de adentro esa agonía. ¿Qué te pueden hacer después de que cumpliste setenta años?

Hay que guiarse por la primera impresión. Como dijo Jerry Fielding: “Llegamos hasta aquí, no lo arruinemos pensando”.

Mi padre tuvo un par de hijos al principio de la Depresión. No había mucho trabajo. No había ayuda del Estado. La gente apenas salía adelante. La gente era mucho más dura y resistente entonces.

Vivimos en una generación mucho más maricona, donde todo el mundo se acostumbró a decir: “Bueno, ¿y cómo manejamos esto psicológicamente?”. En aquellos días, solamente le dabas un puñetazo al que te molestaba y te lo sacabas de encima. Incluso si el tipo era mayor y te podía empujar, al menos se te respetaba por enfrentarlo, y a partir de entonces te dejaban tranquilo.

No puedo decirte exactamente cuándo empezó la generación maricona. A lo mejor cuando la gente se empezó a preguntar sobre el sentido de la vida.

De haber sido más disciplinado, me habría dedicado a la música.

Uno se pregunta a veces, ¿qué haríamos si pasa algo realmente grande? Miren qué rápido, sólo siete años, y la gente ha sido capaz de olvidar el 11 de septiembre. Quizá lo recuerden los que perdieron a un pariente o a un ser querido. Pero nadie se olvidó rápido de Pearl Harbour.

Recuerdo haber comprado un viejo hotel en Carmel. Entré en el ático y vi que todas las ventanas estaban pintadas de negro. “¿Qué está pasando acá?”, les pregunté a los anteriores dueños. Me dijeron que pensaban que los japoneses navegaban frente a la costa durante la guerra.

En El sustituto traté de mostrar algo que rara vez se ve estos días —un chico sentado mirando la radio—. Sólo sentado frente a la radio, escuchando. Tu mente hace el resto.


Recuerdo haber visitado una cascada gigante en un glaciar de Islandia. La gente estaba ahí sobre una plataforma de roca para verla. Estaban con sus chicos. El lugar no estaba cerrado, sólo había un cable que prohibía pasar de un determinado punto. Me dije a mí mismo: “En Estados Unidos tendrían un cerco a prueba de huracanes, porque tendrían miedo a ser demandados y recibir la visita de un abogado”. Allí la mentalidad era como solía ser en EE.UU. en los viejos tiempos: si te caés es porque sos estúpido.


No se puede evitar que las cosas sucedan. Pero en Estados Unidos lo intentamos, ciertamente. Si un auto no tiene cuatrocientas bolsas de aire adentro, entonces no sirve.

Tuve un tema con la municipalidad. Fui y me encontré a una mujer sentada ahí tejiendo, nunca levantaba la vista. Yo pensaba: esto no puede ser. Cuando te eligieron para un cargo público, al menos tenés que fingir que te interesa lo que va a reclamar la gente.


Fui intendente de Carmel para asegurar que las palabras “servidor público” no fueran olvidadas. El hecho de que no necesitara serlo me hizo pensar que podía hacer más. La gente que me resulta sospechosa es la que lo necesita.


Alguien como Barack Obama era inimaginable cuando yo era chico. Count Basie y muchas grandes bandas venían a Seattle cuando era yo era joven. Podían tocar en el club, pero no podían frecuentar ni ser clientes del lugar.

Uno debería llegar a conocer a alguien realmente, realmente ser un amigo. Mi esposa es mi mejor amiga. Seguro, ella me atrae de todas las maneras posibles, pero ésa no es la respuesta. Porque me he sentido atraído por otra gente, pero después de un tiempo no pude soportarlas más.

Tengo hijos de otras mujeres que no son mi esposa. Tengo que darle el crédito a Dina por reunir a todos. Nunca tuvo el rollo de ego de la segunda esposa. Tiene una relación amistosa con mi primera esposa y con mis ex novias. Ha sido extremadamente influyente en mi vida.

No soy uno de esos tipos que han sido terriblemente activos en las religiones organizadas. Pero no les falto el respeto. Nunca trataría de imponerle mis dudas a otra persona.

Los chicos te enseñan que uno puede sentirse humilde ante la vida, que puede aprender algo nuevo todo el tiempo. Ese es el secreto de la vida, realmente, nunca dejar de aprender. Es el secreto de una carrera. Sigo trabajando porque aprendo algo nuevo todo el tiempo. Es el secreto de las relaciones: nunca creer que se tiene todo.

Los chicos que se hacen piercings, en la cara, en la lengua: ¿qué tipo de masoquismo es ése? ¿Es para demostrar que pueden soportarlo?

Estábamos haciendo En la línea de fuego y John Malkovich estaba en lo más alto de un edificio y me tenía en una situación muy precaria. Mi personaje está enloquecido y saca un arma y la entierra en la cara de John, y John rodea con la boca el cañón del arma. No sé qué tipo de símbolo loco fue ése. Ciertamente no ensayamos nada como eso. Estoy seguro de que él no lo pensó cuando lo estábamos practicando. Solamente estaba ahí. Como cuando Sir Edmund Hillary habla sobre por qué se hacen las cosas: porque están ahí. Por eso se escala el Everest. Es como un pequeño momento en el tiempo, y tan rápido como entra en tu cerebro, uno lo arroja y descarta. Hay que hacerlo antes de descartarlo. Así es como el arte verdadero tiene una oportunidad de entrar en juego.
Así respondió en diciembre Clint Eastwood a la célebre sección “Lo que sé” de la revista norteamericana Esquire.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Nick Cave / La vida no culmina limpiamente.


Entrevista a Nick Cave.

Sexo, muerte y fantasía.


BRENDA OTERO 12/09/2009


"Todo lo que escribo está visto tras un prisma de violencia", confiesa Nick Cave. El músico australiano publica su segunda novela, una comedia antiheroica de humor lacerante con un personaje lascivo que sueña con cantantes y modelos mientras se dirige al abismo.


Largo se ha debatido sobre el rol de los cantautores como poetas. Si llevan la lírica contemporánea al gran público. Si las letras rock pueden alcanzar la categoría de poesía. En el caso del australiano Nick Cave, no hay dudas. En sus más de tres décadas en el panorama musical con formaciones como The Birthday Party, The Bad Seeds o Grinderman ha sido autor de 14 álbumes, construyendo un universo poético de fugitivos, diluvios, pistolas, asesinos enamorados y dioses vengativos. A la vez ha publicado una recopilación de sus letras. Ha escrito narrativa y firmado guiones cinematográficos. Ahora, publica su segunda novela: La muerte de Bunny Munro (Global Rhythm).


Como avisa el título, la novela cuenta la historia de un tipo condenado desde el primer párrafo. Bunny Munro es un vendedor de cosméticos a domicilio, que tras la muerte de su mujer se lanza con su hijo a la carretera. Durante su delirante viaje intentará seducir y desplumar a sus clientas.
"Todo lo que escribo está visto tras un prisma de violencia" dice Cave, serio. "Incluso si hago una canción sobre una pareja en una pradera llena de flores, está visto desde la perspectiva de una consciente ausencia de violencia. Somos criaturas violentas. Siempre ha sido así y siempre lo será. No estamos nunca lejos de la agresión". La muerte de Bunny Munro, pese a los destellos de humor y su inherente tristeza, no es una excepción: "El personaje es violento y misógino", corrobora.


La cita tiene lugar en la oficina de Cave, en las inmediaciones de la ciudad costera de Brighton, al sureste de Inglaterra. Se trata del sótano del edificio donde vive con su mujer, Susie Bick, y dos de sus cuatro hijos. Allí se encierra cada día a trabajar, siguiendo un estricto horario de oficinista. Y el entorno, al contrario de lo que se pueda imaginar, es perfectamente manso. En el pasillo hay cajas de cartón rebosantes de porcelana antigua. En la habitación, decorada con papel pintado, hay un piano, dibujos infantiles, compactos de Bob Dylan, DVD de la serie televisiva The Wire. Desde las ventanas se ve el mar. Cave, de 51 años, reflexiona antes de contestar, es pálido y de figura severamente alargada. Sentado en su escritorio de madera sorbe una taza de té con leche y juega con un cigarro liado. Lleva la camisa abierta, que deja ver un caprichoso colgante de oro y piedras verdes, a juego con los gemelos.

Sólo contados detalles punzan la domesticidad: los inquietantes cuadros de gatos de Louis Wain, un artista que terminó sus días en una institución mental. Alguna película de Lars von Trier. Y los cambios de tono de Cave, que a ratos es solemne o irreverente.


Cave ha publicado La muerte de Bunny Munro veinte años después de Y el asno vio un ángel, su debut narrativo. "En este tiempo, gracias a los guiones, he aprendido a sostener la escritura y mantener una idea coherente. Mi segunda novela no parece escrita por un compositor de canciones con un poder de concentración limitado. Y el asno vio un ángel sí lo parece. Algunos capítulos son muy buenos, pero como conjunto tiene problemas".

Mientras preparaba la edición revisada de su primera novela, sus editores le propusieron escribir otra. Entonces se acordó de un guión que le había encargado su amigo el director de cine John Hillcoat, con el que ya había colaborado en el western australiano La proposición. No recaudaron suficiente dinero para rodar la película y el guión se quedó en un cajón: "Queríamos hacer algo de calidad, no una de esas malas películas inglesas", apunta soltando una carcajada. El guión constituyó el esqueleto de la novela.

El vía crucis de Bunny Munro discurre entre hostales de mala muerte, barras de bar y viviendas sociales. Un paisaje diferente al que Cave creó para Y el asno vio un ángel, que transcurría en un imaginario pueblo del sur de Estados Unidos, un valle envenenado por la hipocresía, la crueldad y el fanatismo religioso. Esta vez, Cave sólo tuvo que mirar por la ventana para encontrarse con personajes tragicómicos, vulgares y excepcionales como Bunny Munro.


"Por Brighton ves mucha gente maravillosamente excéntrica y sórdida. Hay un fenómeno subterráneo de estos vendedores, que beben mucho e intentan acostarse con sus clientas. Y aunque no se note en la novela, me gusta este lugar. Su playa, su arquitectura. Se habla de su gloria desvaída pero a mí todavía me parece muy hermoso".


Cave describe su infancia como "maravillosa". Creció en la libertad en el campo australiano, con un padre profesor de literatura de la escuela local, una madre bibliotecaria y tres hermanos: "A los 12 años salíamos borrachos a cazar conejos. Era algo normal en Australia: que los chicos salieran de caza. Ahora se me rompe el corazón pensando en los animales que disparé".


Cuando tenía 19 años, su padre falleció en un accidente de tráfico. A partir de entonces Cave asegura que ha intentado llenar su vacío escribiendo: "No lo hago conscientemente pero este evento se filtra en toda mi obra; también en este libro".


Cave es padre de cuatro hijos. Ha expresado su arrepentimiento por no haber estado presente en los primeros años de uno de ellos. Hoy mantiene con todos una buena relación. La reflexión sobre su rol como padre y como hijo enciende los contados resplandores entre la miseria de la novela. El hijo de Bunny Munro sigue a su padre hasta su convulso final. No importa que no le preste atención, caiga en el ridículo, no tenga escrúpulos, que tome decisiones de consecuencias desastrosas. "Tengo dos hijos gemelos de 9 años, la misma edad que Bunny hijo. Es una edad preciosa, en la que quieren a su padre incondicionalmente. Esa situación cambia. A los 11 o 12 años empiezan a verte de diferente manera", confiesa.


Cave bebe de "estilistas de la prosa" como Nabokov o John Updike. Pero en la crudeza, las resacas y la obsesión por el sexo del personaje que ha creado Cave resuenan las historias de Bukowski. Y precisamente uno de sus libros reposa en la biblioteca de Cave.

"Esto no debería estar aquí", responde lanzando el libro al otro lado de la habitación. "Le considero un poeta de mierda. Cada vez que voy de gira, los chicos (del público) se acercan después del concierto y me regalan libros de Bukowski. Vuelvo a casa con una maleta llena", continúa. "Soy partidario de la separación del poeta y su obra. En cambio, él llena las páginas de sus cosas. Encuentro irritante la manera en la que quiere convertir su pobre existencia en algo heroico. Y es horripilantemente sentimental".


Con rabieta contra Charles Bukowski Cave quiere demostrar que su concepción del arte se aleja de lo confesional. Un intento de disuadir a los que hurgan en sus versos más crípticos para sacar conclusiones. "Compongo canciones narrativas. Escribo historias de personajes y me resulta difícil hacer algo diferente. De esta manera, puedo separarme de mi escritura, verlo desde fuera. He pasado periodos en los que compuse canciones muy personales -como las del álbum The Boatman's call- y me siento incómodo con ellas. Revelan demasiado sobre mí y no son inclusivas con otros músicos de la banda. Esto no quiero decir que no sean obras personales, sólo que la cara íntima está oculta".

Cave escribió La muerte de Bunny Munro en apenas seis semanas, durante las horas muertas de la gira con The Bad Seeds. Tecleando de noche o de madrugada en habitaciones de hotel, en el autobús, en aeropuertos o taxis.


Y el asno vio el ángel le llevó tres años. Vivía en Berlín y a pesar de su adicción a la heroína y sus penurias económicas, trabajaba sin tregua: "Me sentaba en el escritorio día y noche. Dormía en el sofá y al día siguiente empezaba de nuevo. Ahora lo tengo bajo control. Para mí siempre ha sido difícil mantener el trabajo bajo control y trabajar un número razonable de horas cada día".


El lenguaje -febril, rico, arcaico- es una prioridad para Cave. La flexibilidad anglosajona le anima a acuñar términos propios. En sus cuadernos apunta arcaísmos, términos esotéricos y palabras que llaman su atención. Trabaja con un tesauro: "Siempre habrá una palabra más acertada". Su fascinación por el lenguaje es sobre todo patente en Y el asno vio el ángel, donde reproduce la voz de un joven mudo, que cree tener línea directa con dios. "El personaje no hablaba y no utilizaba el lenguaje de manera práctica. Ésa fue mi excusa para utilizar un lenguaje particularmente difícil, para permitirme cualquier cosa". En su segunda novela se propuso controlar su cornucopia lingüística. "Mi editor me ayudó porque me suelo entusiasmar demasiado (en la primera versión de su novela de debut no contó con un editor)".

Cave busca que la lectura de La muerte de Bunny Munro se acometa de manera tan directa como se escribió: "Es una novela de aeropuerto y se lee de una sentada", comenta medio en broma. Pero para el artista, el lenguaje es algo más que un divertimento: "Es nuestra manera de comunicarnos con dios", dice mirando al suelo. "Mis creencias cambian continuamente; sin embargo, creo que como humanos tenemos que plantearnos la cuestión de su existencia. Podemos hacerlo mediante el lenguaje. La cuestión sobre la existencia de dios me es irrelevante. Es el intento por comprender lo que me parece más interesante. Lo último que deseo es que haya pruebas de que dios no exista. Todo sería muy aburrido".

Cave se ve esencialmente como un músico. Considera que su trabajo está enraizado en la tradición del folk y del blues. "Siempre vuelvo a John Lee Hooker, Skip James o Howlin Wolf. De ahí sale gran parte de mi inspiración".

En 1998 impartió una lección sobre las canciones de amor en la Academia de Poesía de Viena. En ella, aseguraba que una buena canción de amor debe tener una "tristeza inexplicable que alberga en el corazón de ciertas obras de arte". Es fundamental que albergue la saudade o el duende que describe Lorca: "Amo la poesía de Lorca y veo el duende como indefinible. No tenemos una palabra en inglés para ello. No es melancolía, o desolación, es algo que se puede moldear de diversas maneras", aventura.

Puede que imparta lecciones en la materia, pero a Cave componer canciones le da más quebraderos de cabeza que la narrativa. "Escribir canciones me es más difícil. Es incierto. No sabes si vale hasta que la cantas en el disco. He escrito versos malos que son bellos de escuchar, y al contrario. He escrito letras buenas que han resultado malas canciones. Es algo abstracto que provoca ansiedad. Con una novela es diferente, sabes que has escrito una buena frase y punto. Ejerces tu control".

Bunny Munro busca tenaz y persistentemente el sexo mecánico, fabricado con retales de películas porno, lo que le va enfilando hacia el precipicio. "Parece interesado en el sexo, pero no lo está", aclara Cave. "Está huyendo. Ese tipo de gente escapa épicamente del amor y la intimidad".

En las fantasías de Bunny se cuelan rostros de la cultura popular: cantantes como Kylie Minogue y Avril Lavigne, modelos como Kate Moss. "Bunny no tiene imaginación sexual", afirma Cave. "Sólo piensa en la vagina. Y en un buen día puede imaginarse la vagina de una celebridad de segunda. Está inmerso en el mundo real y en toda la basura que absorbemos".

En la última página del libro el autor pide disculpas a Minogue -con la que colaboró musicalmente en el pasado- y a Lavigne: "De parte de mi personaje", puntualiza, para que no se crea que ha dado escape a las fantasías que le hierven en la cabeza.

"Para mí siempre hubo una maravillosa tensión en lo que Kylie hace. Es clara e inocente, pero en alguna de sus canciones hay un plano oscuro que la mayor parte de la gente no capta". En el libro, Cave describe una de las canciones de Minogue como "una oda a la sodomía": "No hace falta un gran salto de la imaginación para realizar esa conexión", justifica. "Sólo puse en palabras lo que todo el mundo pensaba".

¿Y por qué incluyó a la lolita punk Avril Lavigne en la odisea de Bunny? "Es guapa, me gusta su canción Skater boy, su éxito fue transitorio y era alguien que me apetecía describir. En el libro es objeto de una obsesión demente y me preocupa que lo considere una intrusión. Espero que me perdone. Si ella escribiera un libro sobre mi pene no me molestaría".

En las últimas páginas del libro, Cave parece dejar una puerta abierta a la redención de Bunny. El artista, en un principio, lo niega: "No quería contar una típica historia de redención: en la que el personaje se comporta mal, pero se arrepiente y finalmente es redimido. Bunny no busca el perdón. Muere rápido y eso es el final. Su pequeño lapso buscando redención, antes de morir, es inútil. En un escenario deliberadamente hortera, similar al de un plató de televisión. No creo que los humanos tengamos que enfrentarnos a nuestros pecados. Y la vida no culmina limpiamente. No estamos junto a nuestros seres queridos para decirles lo que les queremos". De repente, Cave duda: "De alguna manera, Bunny Munro sí se redime. Tiene el amor de su hijo. Ésa es su salvación".


martes, 15 de septiembre de 2009

Chet Baker / Let's Get Lost

La voz del ángel desdentado.

Llega a España el mítico filme de Bruce Weber sobre Chet Baker.

ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS - Madrid - 15/09/2009


No era fácil seguir los pasos por el mundo de Chet Baker, aunque lo realmente difícil era no querer estar a su lado. Trompetista desdentado con voz de ángel, yonqui errante amante de los coches caros y las mujeres bellas, Chet Baker era un mito escurridizo. Le perseguían demasiadas leyendas, algunas gloriosas, otras innombrables. A mediados de los años ochenta Bruce Weber -ya entonces convertido en uno de los mejores fotógrafos de moda del mundo- fue a retratarle para incluir al músico en una exposición que preparaba para el Whitney Museum. Aquella sesión se convirtió en un viaje de más de dos años y en una película, Let's Get Lost. Uno de los documentales más hermosos de los que hay noticia, un genial retrato en blanco y negro nacido de la fascinación por un hombre con el que era demasiado fácil perderse.


Weber presentará mañana en La Casa Encendida de Madrid aquella película, que se estrena por primera vez, 22 años después, en salas comerciales españolas el viernes. Además, un ciclo recuperará su singular filmografía. "Es inevitable, mis películas nacen de la fotografía, es una limitación pero también me permite una libertad extraña. No me atengo a las reglas del cine, en realidad no hay reglas, no son canciones pop o de rock & roll con principio y fin. Son como el jazz, nunca sabes a donde te va a llevar", explica el fotógrafo desde su casa de Nueva York.


Let's Get Lost es en realidad el segundo filme de una trilogía que empezó con Broken noses y que se cerrará con el documental que sobre Robert Mitchum mantiene inédito. "Va de tipos duros, sobre hombres como aquellos que conocí de niño en la granja donde me crié. Llevamos años con la película de Bob [Mitchum] pero nos ocurre lo mismo que con la de Chet. A nadie le interesa. Demasiado dinero para ¡un musical de Robert Mitchum!".


Weber recuerda que el actor aceptó hacer la película después de ver Let's get lost y después de varios años de rondar Weber por su puerta. "Era un tipo duro de verdad, y un terrible pesimista, siempre de mal humor, tenía una voz maravillosa pero él se enfadaba si se lo decías. Me recordaba tanto a aquellos hombre mayores de mi familia. No había ninguna mujer que después de conocerle no quisiera saber más de él al día siguiente. Le gustaban las mujeres y los dulces, y yo solía pasarme por su casa de Santa Bárbara a saludarle con una tarta y acompañado de Christy Turlington, o de otras modelos... ¡Y claro, así me fue tomando simpatía!"


Let's Get Lost se terminó en 1987, unos meses después de que la vida de Chet Baker se precipitara desde una ventana de un hotel de Ámsterdam. "Estábamos en la sala de montaje cuando nos llegó la noticia. Durante varios días no pudimos volver al estudio. Luego seguimos, sin hablar, sin comentar lo ocurrido, pensando en la belleza que Chet nos había regalado. No teníamos idea de si lo que habíamos hecho era bueno, malo o regular, nadie apostaba un duro por nosotros. Pero seguimos adelante".

Para Weber la enorme capacidad de seducción de Chet Baker nacía de su "inocencia". "No podías dejarle pasar, querías vivir a su lado". La extraña inocencia de un hombre que asegura que el día más feliz de su vida fue cuando se compró su Alfa Romeo S.S y que el peor fue aquél en el que perdió a golpes todos los dientes. "De todas sus historias, falsas o reales, la de su dentadura siempre fue la más terrible e incómoda". Le arrancaron una a una las piezas de su boca en un ajuste de cuentas del que nunca contó toda la verdad. Durante seis meses Baker fue incapaz de coger la trompeta y aquel incidente abrió la mayor grieta en su carrera musical. Tres años en la cuneta, hasta que Dizzie Gillispie volvió a llamarle para que actuara en Nueva York.


El Chet Baker de Let's get lost ya no es el joven James Dean del jazz de las fotografías de William Claxton pero en toda la película no hay un asomo de sordidez. "Suelen preguntarme donde está la belleza y yo nunca sé muy bien qué responder. Yo siempre veo belleza a mi alrededor, quizá ese es mi don. Hace años Larry Clark, el director de la maravillosa Kids, me dijo algo que nunca he olvidado, que él nunca se permitía reírse de nadie. Me gustó esa idea y desde entonces la hice mía. No sé qué es la belleza, sé qué es el respeto".

http://www.elpais.com/articulo/cultura/voz/angel/desdentado/elpepicul/20090915elpepicul_3/Tes

lunes, 7 de septiembre de 2009

Nick Cave / The Death of Bunny Munro


La lascivia de Nick Cave

El músico australiano publica la novela, La muerte de Bunny Munro (Global Rhytthm), una comedia antiheroica de sexo y muerte.

W. M. S. - Madrid - 07/09/2009

"Bunny parece interesado en el sexo, pero no lo está. Está huyendo. Ese tipo de gente escapa épicamente del amor y la intimidad", así describe Nick Cave al protagonista de su nueva novela.

Después de 20 años de su primer libro, el músico australiano publica La muerte de Bunny Munro (Global Rhyttmm), donde narra con humor lacerante la caída de un hombre al abismo mientras basa su vida en la lascivia y en soñar con modelos y cantantes como Kylie Minogue, Avril Lavigne y Kate Moss. "Todo lo que escribe está visto tras un prisma de violencia", confiesa Cave.

Aunque Nick Cave se considera ante todo un músico, su novela es una prueba más de los vasos comunicantes entre algunos cantautores y la literatura. Con 51 años, el australiano ha creado 14 álbumes que lo han hecho famoso en las tres últimas décadas. Su nuevo vínculo con la literatura surge de un guión cinematográfico que no se pudo realizar.

Pero el autor de discos como The Birthday Party y The Bad Seeds deja claro la separación de los roles del autor y del hombre: "Soy partidario de la separación del poeta y su obra". También confiesa que escribir canciones le resulta más difícil: "Es más incierto. No sabes si vale hasta que la cantas en el disco. He escrito versos malos que son bellos de escuchar y al contrario. Con una novela es diferente, sabes que has escrito una buena frase y punto".

domingo, 6 de septiembre de 2009

Robert Crumb / Blues & Jazz Heroes


Los héroes dibujados del blues.


Poseído por el blues, Crumb, el dibujante de Mr. Natural y Fritz the cat ofrece un cálido homenaje a las leyendas fundacionales del blues y el jazz pionero. Ahora un libro disponible en Internet recupera los mejores dibujos.

Por: Marta D. Riezu*

El buen y viejo Crumb. Su afición a los muslos prietos, y a las mujeres que le arrastran a uno por los pelos. Su cuerpo enclenque y su admiración por Harvey Kurtzman. El aura de eterno perdedor. De Crumb me gusta casi todo: bastante Weirdo,Zap Comix o American Splendor,un poco menos en Mr. Natural y Fritz the cat.Pero lo que más me fascina es su fijación constante y diría que creciente por los discos de 78 rpm.


Cada coleccionista tiene una lista mental de dealers para sus vicios. El pacto es tácito: si les eres fiel, ellos te cuidan. Conocen tu estilo, y te avisan cuando llega algo que les recuerda a ti. Eminentemente mercantil, sí, pero con un punto sentimental. Con mi proveedor de cómics apenas hablo nunca. Fer y Jordi (tatuajes y rizos, respectivamente) son de mi quinta, y es en ellos en quien confío. En una reciente visita, mariposeaba por la tienda y vi "Heroes of blues, jazz & country" ,ilustrado por Robert Crumb.

El libro, con introducción de Terry Zwigoff (otro que tal baila) tiene tres partes: Heroes of the blues,Early jazz greats y Pioneers of country music.A cada músico se le dedica una página doble: a la izquierda, una breve biografía; a la derecha, la ilustración de Crumb. Es un documento bellísimo. En la selección están todos los gordos: Skip James, Ramblin Thomas, Charley Patton, Bix Beiderbecke, Coleman Hawkins, Jelly Roll Morton, Earl Hines, Duke Ellington, Dock Boggs, Happy Hayseeds... ¡Qué nombres! ¡Qué aspecto fabuloso! Brillantina, zoot suits, drape cuts, slacks con pinzas, plus-fours, sombreros fedora, pajaritas, gafas de carey...


El libro, para ser perfecto, debería venir con un 78 rpm, pero no se puede pedir peras al olmo; en su lugar hay un cedé de 21 canciones, seleccionadas por Crumb. El sonido, debo ser sincera, es de baja calidad. No importa. El peso está en el libro, en percibir cómo el autor traslada su pasión incondicional a las ilustraciones. Se ve al instante que es un trabajo hecho con afecto. Uno imagina a Crumb gruñendo y carraspeando mientras se sienta en la mesa de su estudio, coloca la aguja en un disco y, con absoluta concentración, se pone a dibujar ojillos vivos y banjos sombreados.


Tan emocionada me debieron ver con mi hallazgo, que me recomendaron un magnífico set de cartas de la serie Early Jazz Greats y, ya que estaba (¡ah!, el taimado "ya que estás"), también un cedé ilustrado por Crumb de Les As du Musette, esto es (y ahora es cuando creen que he perdido la chaveta), grupos de acordeonistas - girls only-de los años 30 parisinos. Perfecto para amenizar una merienda de compromiso y provocar así que los invitados no vuelvan jamás, con el consiguiente ahorro de energía y tiempo. Mi pequeño lote Crumb era tan bonito que, al llegar a casa más tarde, desplegarlo todo sobre la mesa, ojearlo, escucharlo y olerlo, tuve que llamar a la tienda. Contestó el rizos. "Esto está realmente bien, chico". Colgué y, mientras sonaba Jimmie Noone, empecé a preparar una tortilla de papas.

© La Vanguardia y Clarín

viernes, 4 de septiembre de 2009

Charlie Haden / Live at Montreal 1989.


Monumento a un festín de jazz




Reunidos los históricos conciertos del bajista Charlie Haden en Montreal en 1989.

CHEMA GARCÍA MARTÍNEZ - Madrid - 04/09/2009


Tiene fama de neurótico, cascarrabias, cabezota..., ni siquiera se le considera un auténtico virtuoso de su instrumento. Y, sin embargo, el mundo del jazz está unánimemente rendido a sus pies: "No hay otro como Charlie Haden", asegura Pat Metheny, para quien el contrabajista es el mejor compañero de escenario con el que nadie pudiera soñar: "Tocar con Charlie Haden es distinto a cualquier otra cosa. Charlie no es un contrabajista de jazz, es... otra cosa".


En 1989, el Festival de Jazz de Montreal, Canadá, dedicó ocho jornadas seguidas al jazzista nacido en la localidad de Shenandoah, Iowa, en el año 1937, con un programa distinto cada noche y los músicos y el repertorio a la libre elección del homenajeado. Un auténtico festival-dentro-del-festival. Todos los conciertos fueron grabados y editados en CD en su momento con la sola excepción del que tuvo como coprotagonista, precisamente, al guitarrista Pat Metheny. Hubo que esperar casi 10 años para escuchar a ambos intérpretes juntos en Beyond the Missouri Sky.


The Montreal tapes (seis CD editados por Universal) recoge la práctica integridad de lo grabado, más un libreto profusamente ilustrado. Y la ocasión es histórica. El corpus reunido aquí es un monumento a lo que el jazz fue y será siempre: el sonido de la sorpresa. Un regalo para los oídos profanos y expertos.

Sólo falta el recital que ofrecieron Haden y el guitarrista y pianista brasileño Egberto Gismonti el 6 de julio, editado en su día por el sello ECM. El resultado es un elenco de estrellas del jazz desconocido desde los lejanos tiempos en que era dado escuchar a Charlie Parker, Lester Young, Nat King Cole y Roy Eldridge reunidos sobre un escenario, durante las reuniones de Jazz at the Philarmonic. Salvando las distancias, The Montreal tapes iguala en brillo y esplendor a aquellas sesiones míticas. "Aquello fue un milagro", recuerda Metheny, "y está claro que no hubiera sido posible sin Charlie".

A la llamada del contrabajista acudieron músicos de toda especie y condición; leyendas del género, como el saxofonista Joe Henderson y el pianista Paul Bley, uno de los tantos "héroes sin corona" del jazz y un nombre de referencia para muchos de los actuales reyes del teclado, incluyendo al mismísimo Keith Jarrett; también el trompetista Don Cherry, miembro, como Haden, del cuarteto original del saxofonista Ornette Coleman. No es casualidad que la música del inventor del free jazz sobrevuele alrededor del 50% del temario interpretado por los diferentes grupos a lo largo de los seis discos.

Junto a los mencionados, aparecen los, por entonces, jóvenes valores recién surgidos de la cantera y hoy figuras consolidadas, como el cubano Gonzalo Rubalcaba o la también pianista Geri Allen. Haden es el eje a lo largo del cual se articulan los distintos tríos: "Charlie es un músico tan delicado, cada cosa que toca significa tantas cosas... Charlie no toca notas, hace filosofía" (Metheny).


La guinda la pone la Liberation Music Orchestra reunida nuevamente sobre el escenario, interpretando los viejos himnos guerreros -La Pasionaria, Sandino, We shall overcome- por los que algunos de sus integrantes, incluyendo el propio Haden, terminaron con sus huesos en la cárcel. Sus sucesores -Tom Harrell, Ray Anderson, Joe Lovano...- hacen honor a quienes les precedieron. Al cabo de los años, el mensaje incendiario políticamente incorrecto de la Liberation sigue plenamente vigente.



http://www.elpais.com/articulo/cultura/Monumento/festin/jazz/elpepucul/20090904elpepicul_7/Tes


jueves, 3 de septiembre de 2009

Atlantis / La Inquebrantable Voluntad del Hombre




A 25 años de una aventura histórica

Cinco argentinos cruzaron el Atlántico en una precaria balsa de troncos sin timón. Sus aliados fueron el viento, las corrientes marinas y la voluntad inquebrantable. Se propusieron demostrar que era posible y, por supuesto, lo lograron.


“Que el hombre sepa que el hombre puede”. Esa es la frase que con la fuerza de un viento de popa impulsó a un grupo de argentinos a una peligrosa, incomparable y romántica aventura que quedó en la historia como la expedición Atlantis.


El 22 de mayo de 1984, la precaria balsa de madera partió desde Santa Cruz de Tenerife (en las islas Canarias). Varios días más tarde, y contra la inmensa mayoría de los pronósticos, arribó al puerto de la Guayra (Venezuela), en medio de las lágrimas de sus tripulantes y la mirada atónita de los privilegiados testigos.


Fue el 12 de julio de aquel año cuando Alfredo Barragán, Jorge Iriberri, Horacio Giaccaglia, Daniel Sánchez Magariños y el camarógrafo Félix Arrieta -que en medio del océano confesó que no sabía nadar- volvieron a pisar tierra firme.





El tiempo ha pasado

Anteayer, a poco más de 25 años de esa hazaña, los héroes de la expedición fueron homenajeados por el Concejo Deliberante de Mar del Plata. “No nos llama la atención este reconocimiento, porque Atlantis nació como una expresión de dolorenses y marplatenses”, dijo el capitán Barragán.

El hombre calificó a la epopeya como “un monumento al romanticismo”, y dijo que tanto él como sus compañeros de travesía tienen la obligación de “cuidar su pureza, porque Atlantis nunca aceptó sponsors comerciales ni banderías políticas, ya que es de todos”.

“Atlantis sigue navegando y nosotros seguiremos a bordo por el resto de nuestras vidas, porque no hay un solo día en el que alguien no nos recuerde” aquella aventura, dijo Barragán en alusión a la balsa con la que cruzaron el Atlántico sin más impulso que los vientos y las corrientes marinas.


La Atlantis fue construida con gruesos troncos de madera -de unos 14 metros de largo- que los propios aventureros fueron a buscar a la selva ecuatoriana y que, una vez en Mar del Plata, unieron con fibra vegetal siguiendo (tanto en materiales como en diseño) el modelo de las embarcaciones africanas de hace unos 3.500 años.La obstinación
Luego de varios años de estudio e investigación, Barragán -abogado dolorense- había llegado a la conclusión de que las embarcaciones africanas podrían haber llegado a América, mucho antes de que lo hiciera Cristóbal Colón. Y, obsesionado con ello, decidió comprobarlo.Fue a partir de ahí que se formó este quinteto de soñadores que terminó venciendo a las olas, las tormentas y al escepticismo generalizado.

La balsa, que tenía como única protección contra la intemperie y el implacable sol del Caribe una precaria choza de madera, no estaba provista de timón, ni motor. Sólo contaba con una vela rectangular que le permitía avanzar a una velocidad promedio de 5 kilómetros por hora.

Con edades que iban desde los 35 hasta los 41 años, Barragán y sus hombres se colocaron a la altura de navegantes como el noruego Thor Eyerdhal, que con otra balsa, la legendaria Kon Tiki, atravesó el Pacífico desde América hasta la Polinesia, en 1947.


La Atlantis, con la que pudieron demostrar la inquebrantable voluntad del hombre, reposa ahora en un galpón de Dolores. Ahí se construirá el Museo de la Aventura, en el que, por supuesto, será la niña mimada .


http://www.diariohoy.net/accion-verNota-id-40881-titulo-A_25_a%C3%B1os_de_una_aventura_hist%C3%B3rica


Expedición Atlantis - Que el hombre sepa que el hombre puede (1984)





miércoles, 2 de septiembre de 2009

Nirvana / Live at Reading Festival 1992


Lo más parecido a ir a un concierto de Nirvana.

La mítica actuación de la banda de Kurt Cobain en el festival de Reading será editada en DVD.

ELPAÍS.com - Madrid - 02/09/2009


Para la revista Kerrang ocupa el primer lugar en la lista de conciertos que conmocionaron el mundo. La actuación de Nirvana el 30 de agosto de 1992 como cabeza de cartel del festival británico de Reading es uno de los conciertos más pirateados de los anales de rock'n'roll. Ahora los fans tendrán la oportunidad de poseer una copia inmaculada de la actuación completa, en formato video, extraída de la filmación original, con el color mejorado y el sonido de la grabación multipista original, ha informado hoy la discográfica Universal mediante un comunicado.


Nirvana Live At Reading se editará en una versión limitada "de lujo" en CD más DVD (además de DVD y CD) por separado el 3 de noviembre. El 17 del mismo mes saldrá a la venta una versión en LP doble.

Aunque la mayor parte de la actuación recoge la interpretación del álbum Nevermind al completo, también se incluyen las primeras interpretaciones en directo de temas entonces aún no grabados, como las canciones que se incluyeron dos años después en el álbum In Utero: All Apologies, Dumb y la primera interpretación en público de Tourette's.


La lista del repertorio también incluye incursiones a los principios de la carrera de la banda con canciones de su álbum de debut con Sub Pop, Bleach (1989), como Blew, About A Girl, School, Negative Creep y el primer sencillo Love Buzz." Hay incluso un tema de mediados de los ochenta: Spank Thru.

Otras canciones incluidas en el repertorio aparecieron en versiones de estudio en la recopilación Incesticide publicada a finales de ese año: Aneurysm, Been A Son y Sliver. Además la banda interpretó un par de versiones muy queridas de dos grupos que ayudaron a establecer el sonido de Nirvana. The Money Will Roll Right In de Fang y D-7 de The Wipers.
Love Buzz - Nirvana Live at Reading Festival 1992