domingo, 13 de junio de 2010

Rory Gallagher / The Greatest Irish Guitar


Recuerdan a Rory Gallagher con memorable estatua en su ciudad natal

El guitarrista británico Rory Gallagher, quien se convirtió en un icono del rock y rhythm and blues, es recordado con una memorable estatua que se dio a conocer en la ciudad natal, a 15 años de su fallecimiento

Notimex - Para coincidir con su aniversario póstumo, será publicado en septiembre próximo el DVD titulado "Ghost blues", que presenta un documental de su carrera musical, y un acercamiento único al virtuoso guitarrista, que impactó a sus seguidores al fallecer el 14 de junio de 1995 a causa de una infección tras un transplante de hígado.

Gallagher nació el 2 de marzo de 1948 en la ciudad de Ballyshannon, Condado de Donegal, Irlanda.

Se crió en la portuaria ciudad de Cork, donde su familia se trasladó cuando él aún era niño.

Pronto mostró su gusto y talento por la música, hasta llegar a ser reconocido como uno de los más influyentes roqueros irlandeses y músicos de blues de todos los tiempos, lo que plasmó en álbumes como "Blueprint", "Tatoo" y "Live in Europe".

A los nueve años empezó a tocar de manera autodidacta la guitarra debido a su gran atracción por las canciones de los músicos estadunidenses de blues y principalmente del "Rey del Skiffle", Lonnie Donegan, a quien escuchaba en la radio; sus primeros acordes aludían a ritmos como el rock, folk y sobre todo blues.

Más tarde, participó en varios concursos y adquirió su primera guitarra eléctrica. Debutó en una orquesta a los 13 años, tras enterarse en un anuncio periodístico que se solicitaba un guitarrista; fue así como comenzó a tocar en pequeñas fiestas con The Fontana Showband.
Por aquella época su fotografía apareció en la portada del periódico "Evening Echo".

Posteriormente, con influencia musical de The Beatles, su estilo dio un giro con la banda Impact, en la que sus integrantes trataban de lucir ataviados como el cuarteto de Liverpool y tocaban varios de sus temas en clubes a los que asistían militares estadunidenses.

La banda se desintegró más adelante, por lo que Gallagher formó un trío con Johnny Campbell y Oliver Tobin, con el cual dio varios conciertos. Para 1966 fundó Taste, un nuevo grupo al lado de Norman Damery (batería) y Eric Kitteringham (bajo), el cual interpretaba temas propios y versiones personalizadas de clásicos del blues.

Fue así que los descubrió el cazatalentos Marvyn Solomons, y quedó tan sorprendido que al término de su "show" les ofreció grabar un disco.

En julio de 1967 editaron "En el principio", un álbum de breve duración debido a que un técnico despistado borró parte del material; no obstante, fue el inicio de una gira y cambios en la alineación, pues llegaron Richard McCracken (bajo) y John Wilson (batería).


Gracias a los recitales que ofrecieron con Blind Faith en Estados Unidos y con John Mayall en Europa, la fama los siguió a todos los lugares que se presentaron.

Así, y pese a que su primer disco formal homónimo no logró brillar, el segundo, "On the boards", impactó a los fans y a los críticos, quienes calificaron a Gallagher como uno de los mejores guitarristas del momento.

Posteriormente llegó a brillar con luz propia en el Festival de Wight. El músico lanzó su primer disco homónimo junto con Gerry McAvoy (bajo), Wilgar Campbell (batería) y Vincent Crane (piano).

Según la publicación "Melody Maker" fue el guitarrista número uno del mundo entre 1971 y 1972, por encima de Eric Clapton y Alvin Lee.

Para 1973 colaboró con Jerry Lee Lewis en "London sessions", en el disco de Chris Barber y con Muddy Watters en "London revisited"; tocó con Albert King en el Gran Casino de Montreux, concierto editado después como "Albert King live", y en 1978 se convirtió en arreglista de la obra de Mike Batt, "Tarot suite".

Después grabó "Against the grain" (1975) y "Calling card" (1976), placa producida por el bajista de Deep Purple, Roger Glover, en la que se acercó al sonido del hard rock y lo llevó a realizar una nueva gira. En 1990 lanzó su última placa musical, "Fresh evidence".

Debido al gran reconocimiento del que gozaba en el medio, constantemente fue requerido como guitarrista por artistas como Box of Frogs, The Fureys & Davey Arthur, Davy Spillane Band, Phil Coulter y Gary Brooker, entre otros.

Sin embargo, su estrepitosa vida, cargada de excesos como el de alcohol, hicieron mella en su salud y tuvo que someterse a un trasplante de hígado; sin embargo, algunas complicaciones motivaron su deceso, el 14 de junio de 1995.

Además, el guitarrista fue homenajeado durante cuatro días en Irlanda, con el espectáculo The Rory Gallagher International Tribute Festival 2008, en el marco del 60 aniversario de su natalicio y 13 años de su deceso.


http://www.info7.com.mx/a/noticia/199592

http://www.rorygallagher.com/


Rory Gallagher - Bad Penny - Live at Montreux Jazz Festival 1985

viernes, 11 de junio de 2010

Yo-Yo Ma / Teatro Colón de Buenos Aires



Retrato de un músico curioso e inconformista

YO-YO MA ACTUARA ESTA NOCHE EN EL COLON, EN EL INICIO DEL ABONO BICENTENARIO DEL TEATRO

Viernes, 11 de junio de 2010

Por Diego Fischerman

El cellista francés ofrecerá un repertorio ecléctico, que irá de Morricone a Rachmaninov y de Brahms a Camargo Mariano. “En este mundo y en esta época nadie crece escuchando una sola clase de música”, dice Ma, que tendrá como partenaire de lujo a la pianista Kathryn Stott.

De Bach al Camino de la Seda, el nombre del extraordinario grupo de músicos asiáticos del que participa. De Piazzolla y Grappelli a Shostakovich, al folklore de los Apalaches, a Dvorak o a Tan Dun. O, tal como sucederá esta noche, de Morricone a Rachmaninov y de Brahms a Camargo Mariano. Esos son los recorridos que definen la carrera de uno de los violoncellistas más importantes de la historia. Yo-Yo Ma, nacido en París y formado con Leonard Rose en la Julliard neoyorquina es, por supuesto, un intérprete de virtuosismo inusual, de sonido exquisito y fraseo siempre perfecto pero es, sobre todo, un músico curioso e inconformista. Alguien que, antes de grabar su segunda –y extraordinaria– versión de las “Suites para cello solo” de Bach (que acaba de ser editada localmente) se fue, siendo ya una estrella, a estudiar a Holanda con Jaap Ter Linden, un cellista especializado en la interpretación del barroco. Y que, según cuenta Gerardo Gandini, cuando se grabó el disco que Ma dedicó a Piazzolla, no se cansaba de preguntar, a los músicos que habían tocado con el bandoneonista, cuál era la manera correcta de frasear esa música.

Ma actuará esta noche en el Colón, dando comienzo al Abono Bicentenario del teatro, que contará, a lo largo del año, con varios intérpretes de primer nivel, entre ellos Daniel Barenboim y el notable pianista húngaro Andras Schiff cuya integral de las Sonatas de Beethoven, grabada en vivo por el sello ECM, está entre las mejores de toda la discografía. El concierto, a las 20.30, contará con una partenaire de lujo, la pianista británica Kathryn Stott, responsable, por ejemplo, de la fantástica grabación de la obra pianística de Gabriel Fauré para el sello Hypérion. Y el programa, que incluirá un arreglo de la “Pieza de Gabriel”, la recordada cantilena para oboe de la música escrita por Ennio Morricone para el film La misión, de Roland Joffé, y la pieza “Cristal”, de César Camargo Mariano (quien fue el arreglador de Elis Regina, además de su marido), se completará con “L”, compuesta para el cellista por Graham Fitkin y estrenada en Liverpool hace dos años, el “Preludio No. 2” de George Gershwin (una transcripción de una transcripción, la realizada para violín y piano por Jascha Heifetz), la “Sonata No. 1 para violoncello y piano en Mi Menor Op. 38”, de Johannes Brahms, y la “Sonata para violoncello y piano en Sol Menor Op. 19”, de Sergei Rachmaninov.

A Yo-Yo Ma posiblemente le quepa con precisión la idea de multiculturalismo. El crítico musical Alex Ross, autor de The Rest is Noise y columnista especializado del New Yorker, lo entrevistó y preguntó, por supuesto, acerca de qué era la música clásica para el cellista. “No tengo la menor idea”, contestó él. “Creo que recuerdo a Bernstein diciendo algo como ‘es exactamente música’. Y creo que tengo un punto de vista un poco diferente. En este mundo y en esta época nadie crece escuchando una sola clase de música. Si uno escucha a Stravinsky, por ejemplo, se tiene la sensación inmediata de que él trabajó con una multitud de fuentes: música religiosa, música profana, música escrita, música folklórica. Siempre estuve interesado en la cuestión de qué es lo que una persona necesita saber para relacionarse con la música. Como escritor, como compositor, como intérprete o como oyente, ¿cuáles son los valores centrales? Cuando empecé con el Silk Road Project, comencé a entender las conexiones geográficas y musicales entre todas esas culturas increíbles, toda esa otra ‘música clásica’ de Persia, de la India; el mugam de Afganistán. Tuve la sensación de que, por un lado, todas esas conexiones eran muy cercanas y que, además, se trataba, en muchos casos, de lenguajes que se habían separado de un tronco original y habían tenido desarrollos independientes, de la misma manera que el francés que se habla en Louisiana o en Quebec se separó del francés metropolitano. Lo mismo sucede, por ejemplo, con la música persa y la música griega. Y en las fronteras de las tradiciones siempre se encuentra gente buscando cruzar hacia lo que se percibe como otras culturas. Franghiz Ali-Zadeh, cuando Rostropovich nació, creció en Baku, donde nació Rostropovich, y fue educada como pianista clásica y conoció la vanguardia soviética. Y después comenzó a escuchar el mugam y empezó a crear obras que eran, esencialmente, mugam escrito aunque atravesado por su educación y por la música del siglo XX. Y después esa obra es tocada por el Kronos Quartet. ¿Es clásica o no lo es?”

Más que sobre los géneros, a Yo-Yo Ma le interesa reflexionar acerca de las diferentes idiosincrasias musicales. Y lo sintetiza en la cuestión de las afinaciones. “Trabajando con Pablo Casals y Alexander Schneider, junto al Cuarteto Budapest, aprendí que cada nota tiene una afinación central y que las pequeñas desviaciones que se hacen deben ser tan pequeñas como se pueda. Esa es la afinación correcta para la música llamada clásica y para las cuerdas. Pero ya no es lo mismo cuando hay un piano, que no puede desviarse de la ‘afinación central’. Allí deben hacerse ajustes, entonces. Cuando empecé a trabajar con Mark O’Connor (junto a quien grabó Appalachian Journey), todo lo que él hacía era increíblemente consistente pero no tenía nada que ver con mi manera de afinar. Y cuando toqué música barroca con el clavecinista Ton Koopman, nada de lo que yo hacía estaba afinado. Todo eso abrió mi mente.” Y es que Yo-Yo Ma es quien es, y hasta podría pensarse que toca el cello como lo toca, aun en el repertorio más tradicional, precisamente por eso. Porque tiene la mente abierta.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/3-18262-2010-06-11.html

Ecstasy of Gold-Yo Yo Ma Play´s Ennio Morricone
Al encuentro de tradiciones varias

PRESENTACION DE YO-YO MA EN EL TEATRO COLON

Lunes, 14 de junio de 2010


En el notable concierto de apertura del Abono Bicentenario, el cellista francés eludió explícitamente la categorización de géneros. Junto a la gran pianista Kathryn Stott interpretó obras de Morricone, Brahms, Gershwin y Camargo Mariano, entre otros.

Por Diego Fischerman

“En este mundo y en esta época nadie crece escuchando una sola clase de música”, decía Yo-Yo Ma en la nota publicada por este diario el viernes pasado. La frase difícilmente podría ser discutida. Y aun si se pensara en particular en las músicas de concierto, en aquellas que demandan una escucha atenta y juegan con esa idea, es claro que el panorama, después del jazz, de cierto tango, de la bossa nova, de los “nuevos folklores” surgidos en varias partes del mundo a partir de la década de 1950, de King Crimson o de los mismos Beatles, es totalmente otro que en los finales del siglo XIX, cuando la única música capaz de perdurar y de viajar de un lado a otro –y de circular y ser discutida como arte– era la que estaba escrita.

Nadie menor de 60 años, en todo caso, utilizaría hoy, como se hacía otrora, los conceptos de “música popular” y “música ligera” de manera indistinta. Está claro que “A day in the life”, de los Beatles, o “Starless and Bible Black”, de King Crimson, son mucho menos ligeras que “Don Pasquale”, de Donizetti. Y está claro, también, que en todos los repertorios hay piezas más livianas o menos comprometidas –o con una relación menos densa entre duración e información– que otras. Yo-Yo Ma, en el extraordinario concierto con el que abrió el Abono Centenario del Colón, no se manejó con una categorización de géneros. Fiel a sí mismo, fue y vino entre piezas de distintas tradiciones. Pero manejó con maestría la posibilidad de ir de lo leve a lo compacto como una manera de establecer un relato. Una pequeña suite, en la que entrelazó, casi sin pausa, el tema “El oboe de Gabriel”, de la película La Misión, compuesto por Ennio Morricone, el Preludio No. 2, de George Gershwin (arreglo para cello y piano de la transcripción realizada para violín y piano por Jascha Heifetz) y “Cristal”, de César Camargo Mariano, dio lugar, en la primera parte, a la Sonata No. 1, de Johannes Brahms. En la segunda, la juvenil Sonata, de Sergei Rachmaninov, llegó después de L (50, en numeración romana), una obra con un potente ritmo motor del británico Graham Fitkin. La obra, escrita para el 50º cumpleaños del cellista, abreva en Bartók pero, podría decirse, es un Bartók pasado por Chick Corea o por la rítmica de Emerson, Lake & Palmer. Rachmaninov en el final, en todo caso, cerró un círculo de manera casi perfecta. Allí pudo escucharse mucho del hiperromanticismo con el que se construyó la música de cine durante los mediados del siglo XX y del que la pieza inicial de Morricone es una clara heredera.

Más allá de la desafortunada decisión de que el concierto se realizara delante del telón del escenario, lo que perjudicó notablemente la proyección del sonido del cello (la tapa abierta del piano ayudó para que el sonido de ese instrumento no fuera igualmente chupado por el pesado cortinado) fue notable el trabajo de Yo-Yo Ma con las cualidades tímbricas, sus posibilidades de ir casi desde lo brutal a lo etéreo y de sumergirse en un magma junto al piano o despegarse de él con un vuelo cristalino. Kathryn Stott, una intérprete extraordinaria –bastaría la manera en que el tema del fugato del último movimiento de la obra de Brahms, al ser tomado en los graves, adquirió peso y presencia– fue mucho más una deuteragonista que una acompañante y fue capaz de ir, con naturalidad, del balanceo juguetón de “Cristal” –una suerte de samba– al espeso tejido de la escritura brahmsiana. Este compositor, con su característico juego entre expansión y contracción y ese fluir entre la expresión más romántica y el énfasis en lo formal (el hermoso tema inicial, una melodía absolutamente genial armada sobre una relación casi matemática de intervalos, es un ejemplo inmejorable) encontró en Ma y Stott dos intérpretes privilegiados, capaces de lograr que la excepcional demanda técnica que la sonata exige se integrara con naturalidad a lo expresivo. El dúo, generosamente, tocó, como bis, una obra de aliento mayor que la clásica pieza breve y virtuosa reservada para tales ocasiones, “Le Grand Tango”, que Astor Piazzolla había escrito para Mstislav Rostropovich. Y con esa pieza llegó, de manera tal vez paradójica, la demostración de aquello que, finalmente, sí diferencia a las músicas artísticas de tradición popular de las de tradición europea y escrita: el valor de la interpretación. Y es que, a diferencia de Rostropovich, quien nunca logró tocar de manera convincente “Le Grand Tango” –finalmente una obra popular, una gran condensación de todos los gestos del piazzollismo, con un cierto grado de estilización, algo más virtuosa pero en nada diferente de sus piezas para el quinteto–, Ma y Stott lo interpretaron con el tono exacto que hubiera tenido en manos de dos integrantes de su quinteto: sin ampulosidad y, sobre todo, con swing. En el final, y ante la ovación admirada de un Teatro Colón lleno, llegó, literal, el canto del cisne: la bellísima –y cinematográfica– pieza que Saint-Saëns dedicó a esa ave en el Carnaval de los animales.

Yo-Yo Ma: cello
Kathryn Stott: piano
Obras de Morricone, Gershwin, Camargo Mariano, Brahms, Fitkin y Rachmaninov.
Fuera de programa: Piazzolla y Saint-Säens
Concierto de apertura del Abono Bicentenario
Teatro Colón. Viernes 11.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/3-18293-2010-06-14.html

jueves, 10 de junio de 2010

Ray Charles / La Oscuridad Convertida en Luz

Ray Charles (Sept. 23, 1930 – June 10, 2004)



Se cumplen hoy, 6 años de la muerte de Ray Charles

El cantante y pianista estadounidense Ray Charles, pionero del soul en los 50, es recordado, a seis años de su muerte, con un libro que muestra una galería inédita de su carrera. "Ray Charles, yes indeed!" es el título del libro y DVD publicado en homenaje al artista por su representante Joe Adams.

El material cuenta con fotografías recién encontradas en un estudio de Los Ángeles, donde el músico creaba su talento, y entrevistas con las que le rinden tributo músicos y amigos como Willie Nelson, Stevie Wonder y Quincy Jones, quienes hablan de su mítica trayectoria.

Además, en abril pasado fueron remasterizados los discos "Genius+soul>jazz" (1961), "My kind of jazz" (1970), "Jazz number II" (1972) y "My kind of Jazz part 3" (1975).

Ganador de 12 premios Grammy, Ray Charles Robinson nació el 23 de septiembre de 1930 en Albany, Georgia, y murió el 10 de junio de 2004.

Ray creció en Florida, donde perdió la vista desde los seis años por un glaucoma que su familia no pudo atender médicamente por razones económicas; sin embargo, eso no impidió que formara su grupo y realizara giras durante su infancia.

El talento de Charles, quien nunca recibió clases de piano, pasó por el blues, el gospel y el rock and roll. Aprendió la música en braille en la "St Augustine School", un centro para invidentes.

Nat King Cole fue su artista favorito y sus primeras grabaciones así lo manifestaron.

Mediante el cantante de rhythm and blues (r&b) Wynonie Harris, Ray entró en contacto con esa música y ese estilo, lo cual se tradujo años más tarde en el sello Atlantic.

Su forma de tocar el piano y sus cualidades vocales eran manifiestas. Con una sabia mezcla de la música originaria de Nueva Orleans y una pincelada de gospel y blues surgió entonces el estilo vocal inconfundible de Ray Charles, que encandiló al mundo.

En ocasiones sus discos eran arreglados por Quincy Jones en formato de big band, y también participó en dos memorables sesiones acompañando al vibrafonista Milt Jackson, antes de que éste formara su célebre Modern Jazz Quartet.

Es también relevante su disco con la cantante de jazz Betty Carter, el cual es referencia ineludible en la discografía de ambos.

En 1960 fundó su propia compañía de discos y buscó un público más heterogéneo, con lo que su apuesta jazzística creció en popularidad a mediados de esta década, debido, en gran parte, a los temas "Busted" y "Crying time".

Por ese entonces, a pesar del éxito con el público, Ray se vio relegado de los escenarios debido a que fue acusado por posesión de drogas; sin embargo, rápido se recuperó y volvió a los escenarios con "Let's go get stoned", en 1966.

A partir de ese momento Charles comenzó a cambiar su sonido rock y soul por uno más pop y con arreglos de guitarra, creando un sonido más acorde a las audiencias de la época. Tal fue su impacto, que influenció a artistas como Joe Cocker y Van Morrison.

Algunos de sus éxitos musicales son "Greenbacks", "Come rain or come shine" y "Friendship". En los años 90 Ray incrementó su discografía, en especial con recopilaciones como "The birth of soul", "The genius of Ray Charles", "Ray Charles at Newport 1958" y "Love songs", entre otros.

Ray Charles murió el 10 de junio de 2004, año en el que había realizado el álbum de duetos "Genius loves company", que fue nominado en los Grammy Awards a Mejor Álbum Vocal Pop, Álbum del Año y Canción del Año.

El material triunfó en las categorías de Álbum del Año y Canción del Año. Asimismo, un dueto con Norah Jones, "Here we go again", fue postulado en la categoría de Mejor Canción.

El músico logró su popularidad en la década de los 60, con éxitos como "Busted", "You are my sunshine", "Take these chains from my heart" y "Crying time", además de contar con una gran colección de discos que experimentan géneros como soul y jazz.

http://elmercuriodigital.es/content/view/28026/356/


Ray Charles - Georgia On My Mind (Live At Montreux Jazz Festival 1997)

Miles Davis/Bitches Brew:40th Anniversary


Bitches Brew 40th Anniversary : Release Part of Miles Davis Birthday Celebration!

Bitches Brew, el innovador doble álbum de Miles Davis-LP de 1969, cuyo cuadragésimo aniversario se celebrará con dos set boxs separados, ambos se lanzan al mercado 31 de agosto.

Miles Davis "Bitches Brew: Legacy Edition"

Un set de tres discos, que incluye dos CD que contienen 94 minutos extras, de la versión original de estudio de 8 pistas mezclas disponible en CD desde hace muchos años, además de varios cortes bonus, y un DVD que contiene un concierto previamente realizado por el quinteto de Miles Davis filmado en Copenhague, noviembre de 1969.

Miles Davis "Bitches Brew: Edición Coleccionista 40 º Aniversario"

Los mismos tres discos que el anterior, más un tercer CD que incluye una performance inédita realizada por la alineación de nuevo septeto en Tanglewood en Berkshires, en agosto de 1970; junto con un folleto de 48 páginas a color y un vinilo de 180 gramos, replica del doble LP desplegable del álbum original.

En DSP, los consumidores podrán adquirir los dos discos de Bitches Brew: Legacy Edition, pero el DVD no estará disponible. Los mismos dos discos en edición para coleccionistas estará disponible en DSP, pero el tercer disco de audio y el DVD sólo estará disponible en el box set.

http://www.allaboutjazz.com/php/news.php?id=57277

Miles Davis Live at Tanglewood Berkshires


Miles Davis "Bitches Brew"


Por Enrique Martinez

En el año 1.969 Miles Davis siente nuevamente la necesidad de cambiar. Era un impulso innato e irrefrenable en él, que le había llevado a tener una influencia decisiva en algunos de las más importantes cambios de tendencia dentro del Jazz. A finales de los años cuarenta impulsó el movimiento "Cool" con sus grabaciones con el noneto arreglado por Gil Evans (recogidas en "Birth Of The Cool"). Sus trabajos orquestales con el propio Evans a finales de los años cincuenta ("Miles Ahead", "Sketches Of Spain") crearon escuela y aún fascinan. El trabajo de Hard Bop de su primer quinteto a mediados de los cincuenta es considerado como algunas de las mejores grabaciones de todos los tiempos, a pesar de no haber sido excesivamente innovador en su momento. Y decirlo ahora afortunadamente es un poco tópico, pero no está de más recordar que "Kind Of Blue" convirtió su improvisación modal en el estándar inmejorado de los siguientes diez años, y que aún hoy representa, tal vez, la cumbre del Jazz como expresión artística. Pero este enésimo salto no fue comprendido por todos, acusándolo de convertirse en un hereje y de prostituirse comercialmente. Sin duda se trató de un cambio radical, impulsivo, pero que salvó su comercialmente maltrecha carrera.

Para llevarlo a cabo Davis se miró en el espejo del rock y del emergente Funk. Miles era consciente de que por aquel entonces el favor y el cariño del público negro (su predilecto) hacía tiempo que se dirigía a los coloristas sonidos de Sly & The Family Stone y, antes ya, al soul más académico. Y que el público blanco se hallaba fascinado por un músico negro de rock, al cual Davis respetaba por su pericia e imaginación: Jimi Hendrix. Cada vez más convencido de la conveniencia de introducir instrumentos eléctricos en el Jazz, cada vez más insatisfecho con su propia música y con la dirección que estaba tomando el jazz ("la fealdad del Free-Jazz" como él mismo la definió) su nuevo cambio de rumbo tiene un primer golpe de timón con "In A Silent Way" (1969), un disco atmosférico, hermoso y melódico, pero radicalmente nuevo. El siguiente golpe lo da con "Bitches Brew". A partir de aquí no había, y de hecho no hubo, vuelta atrás.

Fue publicado originalmente como álbum doble de vinilo con tan sólo seis cortes de larga duración, y ahora está reeditado en C.D doble con un corte añadido ("Feio", grabado meses después de las sesiones) y también en un Box-set que contiene todas las grabaciones ("The Complete Bitches Brew Sessions" (Columbia/Legacy). Para grabarlo se nutrió de un personal muy amplio para que grabase simultáneamente: dos baterías (Lenny White y Jack DeJohnette), dos percusionistas (Don Alias y Jim Riley), dos pianistas (Chick Corea y Joe Azwinul), dos bajistas (Harvey Brooks y Dave Holland), un guitarra (John McLaughin), un saxo barítono (Wayne Shorter), un clarinete (Bernie Maupin) y él mismo. Todos ellos músicos jóvenes y virtuosos, situados muchos en algunas de las formaciones más punteras de la cada vez más bollante fusión Jazz-Rock. Con ellos entran sonidos que los puristas rechazan, algunos de los cuales ya figuraban en discos anteriores de Davis: bajos y pianos electricos, el frenetico punteo de McLaughin. En esta ocasión, incluso, él mismo trata su trompeta con efectos de sonido inéditos, ecos y "delays", tal y como haría también en los años setenta con el "wah-wah".

Pero el absoluto radicalismo de la propuesta de Davis y Teo Macero (su productor y mano derecha absoluta) desconcierta a los propios músicos, que abandonan el estudio convencidos de no haber grabado piezas enteras válidas de música en las tres sesiones. Y ahí esta la otra innovación de Davis y Macero, su "agenda oculta". Después de la grabación se consagran durante semanas a un minucioso y laborioso trabajo de posproducción, seleccionando las tomas buenas, juntándolas y pegándolas, y en algunos casos repitiendo los mismos fragmentos grabados en una única ocasión como si fuesen los propios riffs de los temas, por medio de primitivos "loops". Todas la técnicas del "overdub", mucho más habituales y empleadas en el rock que en el jazz, son llevadas aquí mucho más allá de lo que el propio rock hacía por aquel entonces Cuando el resultado final llega a la calle se produce un fenómeno de aceptación por parte de la audiencia rock, que consagra el disco al lado de obras entonces en boga como las de Santana, o grupos de desarrollos instrumentales densos como Grateful Dead. El sonido atmosférico del doble sexteto de Davis conecta en cierto modo con la onda reinante, pero en realidad oculta mucho más.


"Bitches Brew" es aún hoy una propuesta radical y rompedora, profundamente contemporánea. Es un disco de jazz absolutamente atípico, porque aunque está construído a partir de improvisaciones colectivas muy libres, el énfasis se ha puesto en el groove y en las texturas, y no en los desarrollos de los propios temas, a veces carentes de ellos. Con una sección rítmica tan amplia, la resonancia de la percusión y de los bajos se hace insistente. Es una música nerviosa, sensual, colorida, atmosférica, falsamente progresiva, más bien cíclica e hipnóticamente reiterativa, aunque en ocasiones también muy desestructurada. Y resulta por todo ello una fuente aún no agotada de ideas que mantiene fascinado hoy día, y con razón, a mucha de la "intelligetsia" rockera. Es citado con veneración por luminarias como Thom Yorke o Bobby Gillespie, por ejemplo. Lógico, pues aunque éste no fuera el primer disco de Jazz Rock, sí fue el primero que mostó el nuevo subgénero como algo más que una mera y abigarrada yuxtaposición de las estéticas de dos mundos que siempre se habían mirado con profundo recelo, cuando no con con verdadera indiferencia, e incluso beligerancia.

"Pharoah's Dance" abre el disco y ocupa con sus veinte minutos toda la antigua Cara A. Es el tema en el que más se pueden notar las señas de identidad de "Bitches Brew". Repleto de "loops" y editajes, con un motivo recurrente que contiene la trompeta de Davis tratada con el delay mencionado, con McLauglhin tocando unas nerviosas y minimales figuras rítmicas, los pianos y baterías repartiéndose el trabajo, el saxo de Shorter peleando por encontrar intuitivamente su lugar en la maraña de sonidos que produce una banda tan extensa, no hay duda ante todo esto de que el disco es un mundo en sí mismo. Extremo confirmado por la homónima "Bitches Brew", que se desarolla de manera similar durante casi veintisiete minutos.

"Spanish Key" y "Miles Runs The Voodoo Down" son, tal vez, la cumbre del disco. Frente a cierta sensación de cansancio y alargamiento excesivo que producen algunos momentos de los maratones del primer disco, aquí la frenética tensión del banda es sostenida en todo momento, sin que sobre ni un minuto de improvisación, con un McLaughlin en papel estelar. "Sanctuary", una composición de Shorter que Davis ya había tocado en otras ocasiones con un tratamiento absolutamente diferente, es el momento más melódico del disco. Pero el peculiar método de "Bitches Brew" provoca que el arreglo al que es sometido el tema resulte sorprendente y original. Como siempre, la trompeta de Miles se eleva sobre el resto de sonidos para dibujar figuras de azul transparente, de enorme belleza y sugerencia con los mínimos trazos. Ese es en realidad el hilo conductor de toda la movida trayectoria de Miles Davis, en perpetua y gloriosa rebeldía contra su propia obra.

Y así hace más de treinta años Davis tomó prestado del rock lo que creyó que hacía falta para intentar salvar al Jazz. Ahora vemos como el antaño arrogante rock quiere que se lo devuelvan, y con intereses. En realidad, y si depende de lo invertido en este disco, no habrá ningún problema de solvencia para cobrar.

http://www.sysvisions.com/feedback-zine/criticas/c_milesdavis.html
Miles Davis Bitches Brew (Nov. 4, 1969) Tivoli Konsertsal, Copenhagen, Denmark.

miércoles, 9 de junio de 2010

Dweezil Zappa / En el Nombre del Padre / Concierto Tributo a Frank Zappa


Planean concierto con estrellas invitadas en homenaje a Frank Zappa

(DPA) 04-06-2010

“Mi padre hacía música durante 17 horas al día y nunca iba al médico. Quizás por eso murió tan joven, a causa de un cáncer de próstata devastador que tal vez pudo haberse prevenido”, recuerda Dweezil Zappa, hijo del legendario músico estadounidense Frank Zappa (1940-1993).

Zappa, célebre compositor de música sinfónica, de rock y de cámara, cantante y virtuoso guitarrista, hubiera cumplido 70 años el próximo 21 de diciembre. El acontecimiento no pasará inadvertido para millones de admiradores en el orbe y mucho menos para su hijo, el segundo de los cuatro que tuvo el artista.

“Estamos armando un concierto con muchos músicos invitados para conmemorar su cumpleaños, aunque todavía no puedo dar nombres”, adelantó Dweezil Zappa en entrevista con dpa en Ciudad de México, donde el jueves dio un concierto con su banda-tributo.

El hijo de Frank Zappa nació en Los Angeles en 1969 y, como su padre, eligió a la guitarra como instrumento de expresión. En 2006 organizó la gira “Zappa Plays Zappa” con un grupo que formó para dar a conocer la música de su padre entre los jóvenes.

“El tenía el control artístico de toda su obra. Hacía lo que quería, no sólo como artista, sino también como persona. Y, además, era un tipo muy divertido”, afirmó.

“Una vez, le vino a hacer una entrevista un periodista que tenía fama de agresivo y agudo. Un tipo que además tenía una pata de palo. El periodista le dijo a mi padre si no pensaba que su cabello largo lo hacía una dama, a lo que Frank respondió que, si era así, entonces la pata de palo a él lo convertía en una mesa”.


Dweezil lamenta que la música de su padre “no se escuche en la radio y que no se hable de ella en las revistas especializadas”, por lo que entiende como una misión obligatoria “llevarla por todo el mundo, para comprobar, cuando se llenan los conciertos, algo que pasa a menudo, el interés que despierta aún su trabajo”.

“Cada vez más jóvenes escuchan la música de Frank, un hombre que adoraba a su familia y que en la intimidad no tenía nada que ver con esa imagen estrafalaria que suelen mostrar los medios”, dijo.

“Escribía en los aviones, a toda hora. Cuando volcaba su música a las partituras lo hacía ya con todas las partes exactas para cada instrumento, porque primero tenía todo muy claro en su cabeza, ya sabía cómo iba a sonar. Eso es algo muy difícil de hacer y muy pocos músicos lo logran”, agregó. “Era increíble. Sacaba por lo menos cinco discos al año”.

Dweezil, cuyo nombre obedece a la manera que Frank Zappa llamaba al dedo meñique de su esposa Gail, dice que uno de los mejores consejos que le dio su progenitor fue que se alejara del alcohol y de las drogas.

“Los adictos al alcohol y a las drogas encuentran en su vicio el permiso para comportarse como un idiota, así que, si no quieres ser idiota, no tomes nada”, le dijo su padre. Y el hijo hizo caso.

“Otra de las cosas que siempre me decía era que no me convirtiera en un patán, a menos que me dieran mucho dinero por serlo”, recordó.

Sabe la importancia de su padre en la historia de la música contemporánea y la admiración muchas veces devocional que despierta, pero no deja de sorprenderse cuando algunas personas, al conocerlo a él, quieran tocarlo por haber estado “en los brazos de Frank”.

“A veces es muy raro, pero lo cierto es que para mí no ha sido difícil ser hijo de Frank Zappa y conectarme principalmente con su música. Claro, es una experiencia fuerte, pero respeto tanto su obra que no dudo en ejecutarla, sin miedo a las comparaciones”.

http://www.lacapital.com.ar/contenidos/2010/06/04/noticia_0070.html

Dweezil´s Zappa Play´s Zappa - Eat That Question

martes, 8 de junio de 2010

Miles Davis/ MBAM L´exposition:Le jazz face à sa légend


Música y pintura, para ver y escuchar

MILES DAVIS Y LAS ARTES VISUALES EN EL MUSEO DE BELLAS ARTES DE MONTREAL

Se dice que fue el Picasso del jazz, pero pocos saben que Miles Davis también fue pintor. En Canadá se inauguró una exposición multimedia en homenaje al gran músico, que recorre todas las etapas de su genialidad visionaria.

Por Lilian Rodríguez
(Directora de la galería que lleva su nombre, en Montreal)
Desde Montreal / Martes, 8 de junio de 2010


Una exposición sobre Miles Davis, creador fuera de lo común, en un museo de Bellas Artes enciclopedista como es el de Montreal (MBAM) es un acierto gratificante.

Miles Davis fue un verdadero y auténtico artista creador. Poco importa en qué ámbito la creación toma forma, música, pintura, escritura, física quántica... Todo creador ejerce una fascinación de la cual es difícil escapar. Es el sentimiento que tuvimos luego de haber recorrido la muestra en el MBAM. Surge casi al instante el interrogante: ¿quién fue realmente este hombre? La exposición ofrece la posibilidad de acercarnos al universo del artista. Sin duda alguna, estamos frente a alguien notable, una presencia intensa que ha marcado la música del siglo XX. Como todo ser humano que osa pasar por la puerta estrecha de la creación pura, ese espacio donde la libertad y la inspiración no buscan otra cosa que materializarse, Miles alcanzó la estatura de una leyenda, un ser que intriga y apasiona, aunque no solamente a los amantes de la música. Es legítimo pensar que la voluntad de Miles cedía al impulso vital que lo animaba, reclamándole la entrega de su arte como la única posibilidad de redención. En 1985, Miles Davis declaraba: “No sé si mi caso es como el de Picasso..., quizás a mi manera. Yo cambié la música... Sí, podemos decir que cambié la música... Pero no es que sea un genio, sino que no puedo hacer otra cosa”.

Creada y organizada por la Cité de la Musique (Ciudad de la Música) en París, con el apoyo de Miles Davis Properties, en colaboración con el Museo de Bellas Artes de Montreal (MBAM), la exposición-homenaje propone un recorrido por la vida del músico, desde su infancia en el este de Saint Louis, Illinois, hasta el último concierto en Montreal, veinte años atrás, poco tiempo antes de su muerte.

El itinerario de la exposición multimedia está dividido en ocho secciones que testimonian los diferentes períodos del músico y de su obra:

* De Saint Louis a la Calle 52: la búsqueda de Bird (1926-1948). Es la época de los clubes de jazz de Nueva York. Este período está marcado por el encuentro con los grandes del be-bop: Dizzy Gillespie y Charlie Parker, entre otros.

* Out of the Cool (1949-1954): Miles Davis inicia el jazz cool. En 1949, en París toma contacto con la intelligentsia de Saint-Germain-des-Prés. De regreso a los Estados Unidos reúne a la vanguardia del hard bop que empezaba a hacerse un lugar en el mundo del jazz gracias a Thelonious Monk y Art Blakey, entre otros.

* Miles Ahead: en estudio, por Columbia (1955-1962). Es el período de la exaltación y la consagración como estrella del jazz. La etapa de la droga ha quedado atrás y en 1959 graba Kind of Blue. En 1958 compone la música para la película Ascensor para el cadalso, que se reveló como un gran éxito planetario.

* Miles Smiles: la libertad controlada (1963-1967). Miles Davis inventa un jazz intuitivo, renovado y libre, reuniendo junto a él a músicos de gran talento, como Herbie Hancock, Tony Willims, Ron Carter, Wayne Shorter.

* Miles eléctrico: la aparición del rock (1968-1971). Miles contribuye a la emergencia de lo que se conoce como jazz-rock y recibe un disco de oro por Bitches Brew, en 1970.

* On the Corner: la vibración del funk (1972-1975). Su música evoluciona con el afro-funk, el sonido de la calle. Este período corresponde a su frecuentación del mundo del box, como boxeador.

* Silencio y soledad (1976-1980): Miles deja el escenario en 1975 y vive recluido hasta 1980, comenzando paulatinamente un regreso al espectáculo.

* Icono planetario (1980-1991): Miles reinventa una manera de hacer música de acuerdo con la época que se vivía. En 1986, el álbum Tutu alcanza un éxito total.

La muestra está muy bien montada, de manera clara y didáctica, e incluye pinturas y dibujos del mismo Miles. Entre figurativas y abstractas, su universo pictórico es como su música, impredecible, pero armoniosamente conectadas a un conjunto, a un todo, como un registro personal e histórico con una multitud de niveles y lecturas. Por cierto, es notable la fusión de la cultura norteamericana sumada a la cultura afroamericana de un músico negro...

En el caso de Miles, el sistema del arte, tal cual fue construido, no representó una gran ayuda. Muchas veces, a lo largo de la historia, la expansión de la libertad creativa ha estado ligada a la autodestrucción y el abuso de la propia integridad.

La muestra incluye piezas de artistas plásticos que testimonian la influencia de Miles en sus propias obras. Entre ellos, Jean-Michel Basquiat, Mati Klarwein, Niki de Saint-Phalle y una pintura del argentino Kazuya Sakai (1927-2001) en homenaje a Davis, que pertenece al Museo Blanton de la Universidad de Texas en Austin.

También hay varios retratos de Miles Davis, firmados por Annie Leibovitz, Antón Corbijn, Irving Penn y Herman Leonard, que traducen con la personalidad intensa y vigorosa del músico.

Entre los artistas argentinos que cedieron al magnetismo de Miles también podemos recordar a Carlos Gorriarena y su obra titulada Pangaea, de 1996, un acrílico sobre tela de grandes dimensiones. El título de la obra corresponde al de uno de los últimos discos que graba Miles en 1975, antes de su retiro de cinco años. Creemos que la obra del Maestro Gorriarena hubiese aportado al contexto pictórico de la exposición la presencia de un rebelde que apuntaba más a la luz que a las tinieblas. Que es otra faceta de la intensidad.

En el recorrido de la exposición las salas del museo se transforman en un club de jazz. El teatro perfecto para recibir la exposición, el sonido y la música de las obras maestras de Davis. La muestra incluye seis salas para escuchar música, llamadas “sordines”, en referencia a la sonoridad que Miles hacía surgir gracias a la utilización de ese accesorio de la trompeta. A las estaciones musicales se agregan las estaciones videográficas, que comprenden videos de entrevistas y espectáculos. Un catálogo en la versión inglesa y francesa acompaña la muestra. Dos libros excelentes con más de 200 documentos, imágenes y fotos, muchos de ellos inéditos. El comisario general de la exposición es Vincent Bessières, ex redactor en jefe adjunto de la revista Jazzman. En tanto que Eric de Visscher, musicólogo, compositor y director del Museo de la Música, es el comisario asociado.

El incomparable Festival de Jazz de Montreal presentó a Miles Davis en cuatro oportunidades. Una sala de la exposición en el MBAM está dedicada a celebrar la colaboración entre el artista y el Festival.
Miles ya no está, pero felizmente nos queda su música, inolvidable, también para todos aquellos que lo han visto en vivo, que lo han conocido personalmente, un artista único y un hombre de presencia magnética.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/6-18229-2010-06-08.html

MBAM L´exposition Miles Davis :Le Jazz Face à sa Légend

lunes, 7 de junio de 2010

Dennis Hopper / Lo que sé


Lo que sé

Por Dennis Hopper (1936-2010)

Debería haber muerto diez veces. He pensado mucho en eso. Es un absoluto milagro que yo siga por acá.

A pesar de todas las drogas que consumí, yo fui en realidad un alcohólico. En serio: sólo tomaba cocaína para poder ponerme sobrio y seguir tomando. Mis últimos cinco años de bebida fueron una pesadilla. Me tomaba dos litros de ron, 28 cervezas por día, y tres gramos de coca para poder seguir andando. Y creía que me estaba yendo bien sólo porque no estaba arrastrándome borracho por el suelo.

Los ’60 ya casi habían terminado cuando se estrenó Easy Rider. Pero Hollywood no había asumido nunca la década, sus comunas, las drogas, el amor libre, el ácido. Todavía estaban haciendo películas como Problemas de alcoba. La gente joven dejó de ir al cine. Iban a los autocines, love-ins, en Golden Gate Park con 80 mil personas tomando ácido. Finalmente, en Easy Rider, se vieron a sí mismos. Fue un momento increíble, pero eso es todo lo que fue: un momento.


Cuando la gente se acerca quieren conocer al tipo de Easy Rider o Apocalypse Now! o Blue Velvet. Yo no soy uno de esos tipos. Eran sólo papeles. Pero si te tomás unos cuantos tragos podés convertirte en Billy o en Frank, ¿sabés?

Yo crecí en el Dust Bowl (la pradera americana llamada así en los años ’30 por las tormentas de polvo) y la primera luz que vi fue la de una sala de cine. Mi abuela llenaba su delantal de huevos y caminábamos unos cuantos kilómetros hasta Dodge City. Una vez ahí, ella vendía los huevos y comprábamos entradas para el cine.

Cuando filmé Rebelde sin causa, venía de interpretar Shakespeare en el viejo Globe Theater de San Diego. Tenía 18 años y creía que era el mejor actor del mundo. Y entonces lo vi a James Dean. Fue el mejor actor que vi jamás. Estaba tan avanzado... Yo estaba haciendo lecturas de líneas y gestos, y él vivía en el momento. Yo quería saber qué era eso que él hacía. Y me dijo: “Simplemente empezá a hacer las cosas, no las muestres. Fumá el cigarrillo, no actúes como si fumaras un cigarrillo. Tomate el trago, no hagas como que tomás el trago”. De alguna manera todo empezó ahí.

Una vez Jimmy Dean sacó una navaja y amenazó con asesinar al director. Yo imité su estilo en el arte y en la vida. Me metió en bastantes problemas.

Sam Peckinpah era un tirano. Pero cuando uno está en un set, como solía decir Henry Hathaway, “eso era charla de sobremesa, muchacho, charla de sobremesa. ¡Ahora estamos haciendo películas!”. Cuando estabas en el set, se convertía en algo diferente. Hathaway era un gran tipo para ir a cenar con él. Peckinpah también era maravilloso para pasar el rato. Pero a la hora de filmar, eran tiranos. Y ésa era la manera en que funcionaba y ésa es la manera, muy honestamente, en que debe ser. Si no les tenías respeto, eran capaces de asustarte hasta que lo tuvieras.
Cuando todavía estaba en rehabilitación, el doctor sugirió que dejara Taos y volviera a la realidad. ¿La realidad? ¿En Los Angeles?

Cuando hice Terciopelo azul acababa de salir de rehabilitación, llevaba sobrio menos de un mes. Entonces hice ese papel, y de ahí pasé a interpretar un papel de alcohólico en Hoosiers, y luego hice de dealer en River’s Edge. Esas fueron mis tres primeras películas estando sobrio. Lo llamé a David Lynch y le dije: “Hiciste lo correcto al elegirme, porque yo soy Frank Booth”.

Hacer Super Mario Bros fue una verdadera pesadilla. Cuando la vio mi hijo, que tenía 6 o 7 años, me dijo: “Papá, creo que probablemente sos un muy buen actor, pero ¿por qué interpretaste a King Koopa? Es un tipo muy malo, ¿por qué quisiste interpretarlo?” Le dije: “Bueno, para que puedas tener zapatos”. Y él me dijo: “No necesito zapatos”.

Toda mi familia fue demócrata. Yo mismo soy republicano desde Reagan. Ni siquiera me importaba mucho: no me parecía un buen actor, y no sabía qué tipo de presidente sería. Pero estaba leyendo mucho a Thomas Jefferson en su momento, y Jefferson decía que cada veinte años, si un partido se ha mantenido en el poder, es tu obligación como norteamericano votar al otro partido. Quería ver un cambio en el Congreso, y cambiamos el Congreso. Y después simplemente seguí con los republicanos. Voté por los dos Bush. Las cosas realmente empezaron a venirse abajo cuando el presidente Bush dijo que nuestra estructura financiera era fuerte. Y luego McCain volvió a decir lo mismo, por Dios.

Voté por Obama. Di vueltas un rato, hasta que eligieron a Palin. Ya no podía seguir con esta caricatura. Ahora veremos qué pasa.

Soy tan sólo un chico de clase media que creció en una granja en Dodge City, y mis abuelos sembraban trigo. Para mí la pintura, la actuación, la dirección y la fotografía eran todo parte de la experiencia de ser un artista. E hice mi dinero de esa manera. Y me divertí un poco. No ha sido una mala vida.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-6216-2010-06-07.html

domingo, 6 de junio de 2010

L'Auditori Lighthouse Music / Festival Grec de Barcelona 2010


El Ciclo Lighthouse Music nace en L'Auditori de Barcelona para acercar el Jazz a los jóvenes, en el marco del Festival Grec 2010.

BARCELONA, 2 Jun. (EUROPA PRESS) -

El ciclo L'Auditori Lighthouse Music, que se organizará por primera vez este año, incluye cinco propuestas de jazz o cercanas a este estilo musical para interesar a los jóvenes. Lo acogerá L'Auditori de Barcelona del 12 al 21 de julio, se incluye en la programación del Festival Grec de Barcelona y está organizado por la promotora CP Jazz y producciones Contrabaix.

En rueda de prensa celebrada hoy, la directora del departamento de Músicas Modernas de L'Auditori, Judit Llimós, desgranó la programación: inaugura el ciclo Dr. John, "una de las grandes referencias de la multiculturalidad de Nueva Orleans" cuya carrera se vio truncada al recibir un disparo en un dedo, por lo que la falta de sensibilidad le hizo cambiar la guitarra por el piano, explicó Llimós.

Al día siguiente actuarán The Bad Plus, un trío que versiona en clave de jazz canciones de Blondie, Pixies, Nirvana, David Bowie y Pink Floyd.

The Bad Plus - Ethan Iverson, Reid Anderson & David King


Dos figuras de la historia del jazz actuarán el 14 de julio en la Sala 2 de L'Auditori: Cedar Walton y Bobby Hutcherson, maestros del 'hard-bop', que estarán en escena acompañados por David Williams al contrabajo y Eddie Marshall a la batería.

Los dos últimos conciertos tendrán programaciones dobles: el 19 de julio se podrá escuchar a Richard Bona con su nuevo álbum, 'The Ten Shades of Blue', y a Béla Fleck Trio presentando su nuevo trabajo, 'Melody of Rhythm: Triple Concerto & Music for Trio'. El concierto de clausura, el 21 de julio, será el más latino y local, con Arturo Sandoval seguido por Sílvia Pérez Cruz junto a Javier Colina Trio. Los precios para cada concierto oscilan entre los 30 y 40 euros.

http://www.europapress.es/catalunya/noticia-ciclo-lighthouse-music-nace-lauditori-barcelona-acercar-jazz-jovenes-20100602152813.html



Body And Soul - Cedar Walton Trío Live at Heineken Jazzaldia –(Walton. Williams & Cobb)

sábado, 5 de junio de 2010

Robert Crumb / Cómic Underground Icon


Viaje al planeta de Robert Crumb

El padre del cómic 'underground' en su refugio francés.

IKER SEISDEDOS - Sauve - 20/01/2008

El anuncio de que se está haciendo tarde para la cena coge a la leyenda del cómic underground Robert Crumb sentado bien atento, murmurando una melodía y balanceándose con las manos sobre las rodillas.

Hace unos treinta segundos que el altavoz mono escupe la mugre acumulada durante ochenta años en los surcos de la bellísima tonada hilbilly Lost child, registrada por los hermanos Stripling en Alabama en los rurales años veinte. Cualquiera que sepa algo sobre Crumb ya supondrá que la canción, que él mismo ha escogido con las manos recién lavadas entre su colección de 5.000 discos raros de 78 revoluciones, debe terminar antes de que el mundo moderno continúe marchando.

Por lo que a él respecta, el resto de la vida podría pasar así. Bien cerca del viejo amplificador de válvulas. Absorto en la música y soltando frases como: "La muerte me preocupa menos de lo que solía, ahora que la veo de cerca no encuentro las razones para pasarme el día lamentándome, sintiéndome miserable y acongojado".

Stripling Brothers-The Lost Child


Algo así sólo puede estar sucediendo en el Crumbland, una casa de piedra sobre el río, con siete plantas atiborradas de cosas bonitas y una arcaica fotocopiadora Xerox por toda concesión a la tecnología. Desde sus ventanas se domina Sauve y las tierras de viñedo que rodean a este pueblo medieval encaramado a las colinas de la región francesa de Languedoc Roussillon igual que uno de sus esmirriados personajes treparía por la anatomía de una mujerona.

Aquí se mudó desde California en 1990 el universo Crumb al completo. Los discos, los rotuladores Rapidograph y los míticos personajes: Fritz el gato, Mr. Natural, el mequetrefe atormentado de Flakey Foont o las muy reales Aline Kominsky, esposa, y Sophie, hija y dibujante como papá y mamá.

Además de, claro, Robert Crumb (Filadelfia, 1943), quien, a golpe de cómic autobiográfico se ha convertido en uno de los arquetipos más conocidos de la historieta mundial. Y en uno de los más inaccesibles. Está el Crumb pervertido sexual; el Mr. Sixties, héroe y azote de la contracultura, y el neurótico de la familia disfuncional que Terry Zwigoff retrató en un sobrecogedor documental. El enemigo de las feministas, el "dibujante más amado de América", la inspiración de éxitos de cine indie como American splendor... Y el viejo amargado que, hacia el final de R. Crumb: Recuerdos y opiniones (Global Rhythm Press), sensacional autobiografía que se publica estos días en España, escribe: "Mi propia condición consiste en odiar lo que soy".





Son la esposa Aline y el fiel amigo y coautor del libro, Peter Poplaski, otro expatriado americano, de profesión artista, quienes reciben al invitado. Crumb detesta cualquier encuentro fijado para hablar de temas personales pautados (es decir, cualquier entrevista). Y no es broma: en Sauve circulan historias de periodistas llegados de Los Ángeles que se fueron por donde había venido tras tres días de infructuosos intentos de acercamiento.

El viernes pasado sí hubo suerte. Hacia el final de la tarde, a Crumb no le pareció mala idea cenar con el grupo después de un día de trabajar en su última y ambiciosa obra, un cómic sobre el Génesis, y de conocer, por boca de Aline, que el periodista parecía "un ser humano decente". Viéndole aparecer, lo de legendario ermitaño no se antojaba una pose. Crumb es un tímido rematado que se encorva escuálido, se esconde tras sus dioptrías y tiene pinta de haber conocido a más gente de la que habría deseado.

Más tarde, a la mesa de un restaurante vietnamita del pueblo de al lado, explicará: "No veo el interés de hablar conmigo. Es mucho mejor Aline". Me preguntan: "¿Por qué se mudaron a Francia?". Y digo: "No sé, Aline, ¿por qué lo hicimos?".

De su condición de notaria de todas las cosas Crumb, ella había dado buena cuenta por la tarde en el estudio de su marido, una habitación endiabladamente ordenada, de paredes forradas de cuadros, fundas de discos de blues y muñecos alienígenas.

Durante unas cuatro horas, Aline y Peter Poplaski habían repasado la vida de Crumb. De la infancia en Filadelfia como el mediano de cinco hermanos, hijos de un marine y una "chalada", al surgimiento del cómic underground a finales de los sesenta en San Francisco, del que Crumb se erigiría en faro para "convertirse en alguien al que de pronto las mujeres hacían caso". De cómo sus dibujos cotizan (estupendamente bien) en un mercado del arte que desprecian ("hemos hecho un pacto con el diablo para ganar la pasta gansa", admitirá Aline) a por qué Robert sólo colecciona discos publicados entre 1926 y 1932. De lo que piensa votar en las próximas elecciones de EE UU (demócrata, está por ver si Hillary u Obama) al día en que Aline encontró a Robert.
Robert Crumb (Interview)
"Alguien me dijo... tienes que conocerle, pareces uno de sus personajes", recuerda Aline. "Pese a que tenía mujer y novia, parecíamos predestinados... De hecho, puso mi apellido, Kominsky, a una chica en uno de sus cómics antes de conocernos". El tiempo no ha hecho sino acentuar el parecido entre ella y los sueños de Crumb; esas mujeres grandes, de muslos torneados y bíceps fornidos que Robert siempre buscó hasta la obsesión. Incluso ahora que Aline se encamina hacia los sesenta años y es más conocida en la región como profesora de gimnasia y pilates que como artista.

Ella también dibujaba cómics underground en la época. Y sentía la misma pulsión autobiográfica de Crumb por mostrar sus intimidades, como quedó demostrado bien pronto en un volumen que titularon a medias Trapos sucios (1976). Con él, quedó inaugurado un género en el que cada uno se representaba por su lado en viñetas basadas en hechos reales (y que aún hoy se publican con regularidad en New Yorker). "No hay mucho que hacer con nuestra desvergüenza", admite Aline. "Es como decirle al mundo: soy asqueroso, horrible, hago cosas censurables... ¿Aún me quieres?".

Después de más de 30 años de descarnada sinceridad, el matrimonio Crumb sigue, dice Aline, fabulosa contadora de historias de voz grave, "haciéndose reír el uno al otro" y tratándose de un modo tan afectuoso como burlón.

-Y dime Robert -pregunta Aline en la cena- ¿Afectó en los sesenta el LSD a tu trazo?

-Sí, claro. Tomé unas 15 veces, y lo dejé -responde él -. Primero dejé las anfetaminas, luego el ácido, los porros, el alcohol y finalmente América.

El tono de Crumb se mueve en frecuencias bajas, entre ironías y encogimientos de hombros. "La razón por la que odio las entrevistas es que dejo salir todo y quedo vacío", había dicho antes de revelar los entresijos del contrato que le une a su último proyecto, una recreación literal del libro del Génesis. "Me ofrecieron 200.000 dólares, que parecía un pastón. Tres años de trabajos forzados después, no resulta tanto dinero".


Crumb tiene ya unas 120 páginas en las que recrea pasajes bíblicos con un detalle nunca antes visto en su obra. Para ello, cada día abandona su casa por un estudio cercano cuya localización desconocen hasta sus amigos. Se encierra y dibuja durante horas. Dice que necesita estar recluido para acabar su "obra más ambiciosa". En una madriguera que, después de mucho buscar, encontró en propiedad de una ciudadana inglesa de la zona.

En un giro más propio de Paul Auster, resultó que la casera se había doctorado en Oxford en el Génesis y se llama Arabella Crumb (el matrimonio la conoció porque recibía reiteradamente su correspondencia por equivocación). "No creo que el resultado vaya a contentar a nadie", aclara el autor. "Los judíos odiarán que haya puesto cara a Dios; los cristianos, que sale gente follando y cosas así".

De la plausible controversia, el matrimonio Crumb confía en que salga un éxito editorial que les permita resarcirse del negocio que debió ser y nunca fue la edición inglesa del libro que ahora se publica en España. El volumen, fruto de meses de conversaciones entre Poplaski y Crumb, fue editado en 2005 por "unos amigos" y se lanzó con gran despliegue mediático. Poplaski y el matrimonio se embarcaron en un tour promocional sin precedentes, al que un periódico inglés dedicó decenas de páginas. Las críticas fueron excelentes y la diseñadora Stella McCartney organizó sendas fiestas de lanzamiento en Londres y Nueva York, ciudad en la que Crumb mantuvo ante una biblioteca pública a rebosar un diálogo con el prestigioso crítico de arte Robert Hughes (que compara a menudo a su tocayo con artistas de la talla de Bruegel).

Después de todo lo cual (que Crumb accedió a hacer con las ganas con las que un vegetariano se zamparía un jabalí), los editores se declararon en bancarrota.

Y se esfumaron. "Ni siquiera nos pagaron el adelanto", explica el coautor Poplaski. "Creemos que vendieron 120.000 copias, que es un récord para un libro de Robert".

Habrá que esperar a otro día para obtener del dibujante una declaración iracunda al respecto. Él siempre parece tener otras cosas en la cabeza. ¿O la misma todo el tiempo? Cuando la velada toca a su fin, el mundo parece aliarse para producir un episodio inequívocamente crumbiano. En el fondo de unos vasitos de sake se adivina la procaz imagen de una asiática desnuda. Ante la que Robert exclama: "¡Hey, a ésta se le ve todo el matojo!".

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Viaje/planeta/Robert/Crumb/elpepicul/20080120elpepicul_1/Tes

A Short History of America by R. Crumb and Joni Mitchell

viernes, 4 de junio de 2010

VIII San Miguel Mas i Mas Festival / Barcelona 2010


El Festival Mas i Mas brinda 470 Conciertos en Barcelona

JOAN FOGUET - Barcelona - 04/06/2010

La octava edición del Festival San Miguel Mas i Mas es más ambiciosa que nunca. Los números que citó el director del festival, Joan Mas, lo atestiguan: 470 conciertos y 298 músicos trufarán el verano barcelonés. Mas también resaltó que el año pasado la mayoría de los espectáculos vendieron las entradas: 30.000 asistentes. Para esta edición la idea es alcanzar las 40.000 almas.

El Festival dará el pistoletazo de salida con una diva africana, la maliense Rokia Traoré, que desmadejará su afro-beat en el Auditori el 29 de julio. Lo cerrará en el Palau de la Música Catalana el 1 de septiembre Sole Giménez. Otra protagonista será la Sala de Cambra del Palau, que diariamente acogerá tres breves conciertos con voces protagonistas como la de Sílvia Pérez. El coordinador de estos conciertos, Pere Pons, trazó el espíritu del ciclo: "Como el Palau ha sido materialmente profanado -con relación al saqueo de Fèlix Millet- ahora toca hacerlo en el terreno musical".

Del mismo estilo reducido serán los conciertos de música clásica en La Pedrera. En la sala Tarantos habrá mezclas con aroma flamenco como la del pianista clásico Lluís Avendaño y el bailaor Pedro Córdoba. El Jamboree, club, que celebra su 50 aniversario, acogerá, entre otros, homenajes a Chet Baker y a Tito Puente y el concierto con el que Lucrecia presentará su nuevo disco. Las salas Luz de Gas y Moog completan la ingente programación.

http://www.elpais.com/articulo/cataluna/festival/i/brinda/470/conciertos/elpepiespcat/20100604elpcat_14/Tes



VIII San Miguel Mas i Mas Festival Barcelona 2010

03-06-2010 / 13:20 h

Barcelona, 3 jun (EFE).- El San Miguel Mas i Mas Festival, que se celebra a lo largo del mes de agosto, ofrecerá una cartelera que abrirá la cantante malí de afro-beat Rokia Traoré.

La diva africana está considerada como seguidora de Ali Farka y recupera la tradición de los griotes, a la que a menudo añade instrumentos populares del África subsahariana.

Traoré abrirá el 29 de julio en el Auditori una programación de espectáculos musicales en varios espacios de la ciudad a los que se incorpora este año por primera vez el Palau de la Música, según han informado los organizadores del festival.

El Palau de la Música Catalana se incorpora al circuito de siete salas que ofrecerán los espectáculos programados, y su Sala Gran acogerá el concierto de clausura del festival, a cargo de la cantante Sole Giménez, acompañada por el saxofonista Perico Sambeat.

En la Sala de Cambra del Palau de la Música Catalana tendrá lugar el "Palau 30", una programación ecléctica de tres conciertos diarios de media hora.

La Pedrera de Caixa Catalunya será el escenario de la programación clásica, mientras que el Jamboree acogerá la de jazz, el Tarantos el flamenc, el Moog la electrónica y la sala Luz de Gas el Groove, Funk, R&B, Pop o Góspel.

El Festival rendirá homenaje al 50 Aniversario del Jamboree Jazz Club con un gran concierto en la Plaça Reial de la ciudad Condal.

http://www.abc.es/agencias/noticia.asp?noticia=406917

http://www.masimas.com/festival2010

VII San Miguel Mas i Mas Festival - Barcelona (2009)

jueves, 3 de junio de 2010

Ushuaia Tierra del Fuego / "Jazz al Fín" Segunda Edición




Buena música para combatir el frío

MUSICA › COMIENZA LA SEGUNDA EDICION DEL ENCUENTRO JAZZ AL FIN

Jueves, 3 de junio de 2010


Hasta el próximo martes, el festival presentará dieciocho conciertos de artistas argentinos y extranjeros, charlas, clases magistrales y talleres de capacitación. Además de Ushuaia, se incorporó una sede en Río Grande.

Por Diego Fischerman
(Desde Ushuaia)

Al principio, a muchos, les pareció una locura. Después, cuando se hizo posible, pareció una especie de milagro único y, por su propia naturaleza, irrepetible. Ahora, cuando comienza la segunda edición de Jazz al Fin, el festival que la Fundación Inti Main creó en Ushuaia, con la apuesta redoblada, ampliado con conciertos en la ciudad de Río Grande y con una importante presencia internacional, además de la de varios de los más destacados músicos del país, sólo cabe la comprobación de una realidad consolidada. Desde hoy y hasta el próximo martes 8, la ciudad que logró convertir la idea del fin del mundo en atractivo turístico será el escenario de dieciocho conciertos, además de charlas, clases magistrales y talleres de capacitación a cargo de los artistas convocados, entre los cuales hay varios de renombre.

La estrella en la apertura, hoy a las 22 en el Centro Cultural Esther Fadul, de Ushuaia, será el ya legendario guitarrista Walter Malosetti, uno de los artistas más activos dentro del jazz argentino, no sólo como instrumentista y autor, sino también como docente de varias generaciones de músicos. Junto a su trío, que completan Mauro Vicino, también en guitarra, y Guillermo Delgado en contrabajo, actuará, festejando su septuagésimo noveno cumpleaños luego de que, a las 8 de la noche, abran el juego las bandas de la Base Naval Austral y del municipio y de que se presente otro grupo local, Vocal Jazz. Después, a partir de la 1.30, habrá, como en cada una de las jornadas del festival, una jam session, que en este caso se realizará en Náuticosoul.


Mañana, como sucederá hasta el domingo, las actividades se realizarán en la Sala Niní Marshall de la Casa de la Cultura Municipal Enriqueta Gastilumendi. Allí actuará, a partir de las 20.40, el Nievas Project de Ushuaia, conformado por Rubén y Luis Nievas, Daniel Piñero y Emilia Ramunda, y, a las 21.30, el guitarrista y compositor cordobés Fernando Tarrés, quien es gestor, como músico o como productor discográfico –es el creador del sello BAU– de gran parte de lo que hoy conforma la escena del jazz local. Su nuevo proyecto, que toma para sí la palabra que denomina el “traspaso ilegal”, se basa en tomar músicas ajenas para hacer la propia. Junto al saxofonista Rodrigo Domínguez, el guitarrista Juan Pablo Arredondo y el baterista Carto Brandán, Tarrén, en Trespass, abandona la guitarra para hacer música desde la computadora, interactuando en tiempo real con lo que producen los otros músicos del grupo. El cierre, a las 21.30, estará en manos del grupo del violinista y compositor platense Sergio Poli, junto a José Angelillo, Nicolás Pasetti y Daniel Vera. La programación del sábado incluirá a Patti Ramone, de Río Grande, en dúo con el colombiano Nicolás Ospina, al italiano Enzo Rocco presentando algo titulado “Spaghetti Jazz Guitar Solo” con el apoyo del Instituto Italiano de Cultura de Buenos Aires, el grupo Nuages Jazz, de Ecuador –integrado por Pagot Sven, Bonilla David, Brito Muñoz Darien y Páez Morocho Jaime–, y la compositora y multiinstrumentista cubana Yusa, que actuará junto a Mario Gusso.

El día siguiente comenzará con un Taller de Ensambles sobre Jazz y Ritmos Latinoamericanos, del que participarán músicos de la provincia bajo la dirección de Marcos Archetti. Luego actuará la notable pianista y compositora rosarina Paula Shocron junto a su trío, que completan Carto Brandan en batería y Jerónimo Carmona en contrabajo; el pianista brasileño Eduardo Puperi, que actuará junto a Francisco de Almeida, Luis Passos y Humberto Zigler, y el quinteto del trompetista Mariano Loiácono, integrado junto a él por el saxofonista Ramiro Flores, Hernán Jacinto en piano, Ezequiel Dutil en contrabajo y el baterista Luciano Ruggieri. Las actividades en la sede de Río Grande tendrán lugar a partir del lunes 7 y se realizarán en la Sala Angela Loig de la Casa de la Cultura Municipal. Allí actuarán, ese día, Patti Ramone y Nicolás Ospina y el Quinteto de Loiácono y, el martes, el grupo Bazar Mandala, de Ushuaia (que conforman Felipe Martinoia, Darío Gutiérrez, Miguel Pereyra y Sebastián Scurzy), y el Nuages Jazz.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/3-18167-2010-06-03.html

Bazar Mandala (Ushuaia) Festival "Jazz al Fín" Primera Edición 2009


Walter Malosetti y el jazz del sur

El maestro Walter Malosetti, nacido en Córdoba el 3 de junio de 1931, es una figura inevitable del jazz, de la música pensada y bien tocada, local y de más allá. Estos días lo encuentran recibiendo honores y tortas de cumpleaños en Tierra del Fuego, como plato fuerte de la segunda sesión de Jazz Al Fin, el festival internacional que el año pasado despuntó como promesa y este año inicia su trayecto para consagrarse como otro clásico del fin-del-mundo. Conciertos, clases magistrales, talleres de capacitación, músicos de diversos puntos del planeta y periodistas prestigiosos quejándose de la comida. Habrá esto y mucho más. Va del 3 al 6 en Ushuaia, 7 y 8 en Río Grande.

La propuesta musical de este año se afinó en relación a la del año anterior. Pueden anotar, además de Malosetti en versión trío (junto Guillermo Delgado en contrabajo y Mauro Vicino en guitarra), a Fernando Tarrés, Sergio Poli Cuarteto, Nuages Jazz de Ecuador, Mariano Loiácono Quintet, la cubana Yusa, Mariano Otero y siguen las firmas. También se suman actividades que enriquecen las paradas jazzeras y las jam session en pubs madrugones: habrá un concierto para internos y familiares de la Cárcel de Ushuaia (no el museo con muñecos de presos hechos de papel maché, sino en la penitenciaría en funciones, que alberga a 63 internos), y también se inaugurarán talleres de música para los pacientes del Centro de Prevención de Adicciones.

"El arte es un modificador de conductas", resume Sandra Ruiz Díaz, incansable promotora fueguina y alma mater de la fundación Inti Main, organizadora del festival. Y eso lo explica todo. O al menos explica bastante.

Entonces volvemos al miércoles a la noche. Ahí está Malosetti, un rato después de bajar las escaleras, sentado en el lobby de otro hotel, el Hotel Fueguino, dando una charla informal para los que se acercaron a escucharlo. Dice que no es buen orador y pide que le hagan preguntas; luego dice que acomodado en el sillón de cabecera parece El Padrino y pide cambiarse de asiento. Más que El Padrino, parecía El Patriarca de los Pájaros. Nadie lo menciona.

Ahora Malosetti, ya cambiado de sillón, habla sobre músicos y lugares que sólo tres o cuatro deben recordar, sobre Django Reinhardt, sobre Oscar Alemán, sobre folklore, sobre tango, sobre su familia, sobre su papá ferroviario (los cinco hermanos Malosetti nacieron en diferentes provincias, por eso de los traslados ferroviarios del padre, jefe de estación), sobre melodías e improvisación, sobre enseñanza, enseñadores y enseñados. Poco después, estará soplando las velitas. Esta noche estará tocando y oyendo cómo le gritan "¡Maestro!"; mañana el intendente Sciurano lo nombrará ciudadano ilustre, y la Gobernadora Ríos lo declarará Huésped de Honor.

Por último, la muletilla obligada en esta clase de textos: alguna referencia al sur, el fin del mundo, la lejanía. Nos quedamos con una expresión de Ruiz Díaz: "Nuestro norte tiene que ser el sur". Ahí tienen.

http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2010/06/03/_-02201726.htm

Walter Malosetti Cuarteto - "Neco Blues" - Intereconomia TV - Madrid - 2009


Otra apuesta al riesgo


MUSICA › FESTIVAL “JAZZ AL FIN” EN USHUAIA

Lunes, 7 de junio de 2010

Por Diego Fischerman
Desde Ushuaia

En la distancia entre dos ediciones de un mismo festival puede medirse una trayectoria e intuirse un futuro. Si el primer “Jazz al fin” había mostrado, más que nada, la férrea voluntad de sus organizadores, en particular la Fundación Inti Main, para utilizar al máximo cada recurso y para convertir las carencias en virtud, la segunda, que ayer a la noche concluyó su fase inicial, en Ushuaia, y continúa a partir de hoy en Río Grande, exhibió todo lo que había habido de bueno en aquel inicio ya lejano pero con el signo de una programación no sólo de muy buen nivel sino capaz, incluso, de correr riesgos estéticos. Los antiguos logros tienen que ver con la idea de apertura, con el hecho de pensar al festival mucho más que como una mera sucesión de conciertos y con el equilibrio entre la presencia de figuras famosas en el país y las más destacadas de las que desarrollan una actividad local. Los nuevos, con una organización de los conciertos sin fisuras ni baches entre actuación y actuación, con un sonido impecable, con la utilización de una muy buena sala, la Niní Mar-shall de la Casa de la Cultura, y con la muy buena calidad musical del conjunto.


Entre las presencias locales –o casi– sorprendió la cantante Patti Ramone, nacida en Esquina, Corrientes, criada en Río Grande y actual estudiante de música en Buenos Aires, donde conoció al pianista colombiano Nicolás Ospina, becado allí para estudiar con Ernesto Jodos. Con él presentó un programa que fue de Radiohead o “Long and Winding Road”, de Los Beatles, en una magnífica versión donde Ospina dibujó una especie de invención a dos voces à la Bach (aunque pasada por Jarrett), hasta “Smile”, de Chaplin. La voz no se limitó a entonar las melodías, a la manera de una animadora de fiestas de casamiento, sino que improvisó, deconstruyó, desarrolló rítmicamente las frases, recorrió el registro desde los sobreagudos a los graves y hasta se convirtió en instrumento rítmico. También fue destacable, en la función del viernes, la actuación del violinista platense Sergio Poli junto a José Angelillo en piano, Nicolás Pasetti en contrabajo y Daniel Vera en batería, más cerca de Coltrane que de Grappelli y con swing y musicalidad notables. Un día antes, el festival había sido abierto por el guitarrista Walter Malosetti, quien actuó acompañado por Mauro Vicino, también en guitarra, y por Guillermo Delgado en contrabajo. Nombrado Visitante Ilustre de la Ciudad, Malosetti cumplió aquí 79 años y fue múltiplemente homenajeado. También viajó su sobrino, Raúl, quien brindó un taller de música para los internos de la cárcel local. Y la fecha del viernes se completó con la excelente actuación de Trespasss, un proyecto del guitarrista y compositor Fernando Tarrés, en esta ocasión desde una computadora, junto al saxofonista Rodrigo Domínguez y el contrabajista Jerónimo Carmona. Con la inclusión de imágenes y textos de diversas procedencias, el trío crea un entretejido cercano al free jazz, denso, de gran riqueza sonora y donde abundan los matices.

Al cierre de esta edición, el trío de Paula Shocrón, con Carmona en contrabajo y Carto Brandán en batería, y el Quinteto del trompetista Mariano Loiácono, integrado junto a él por el saxofonista Ramiro Flores, Hernán Jacinto en piano, Ezequiel Dutil en contrabajo y el baterista Luciano Ruggieri, cerraban la parte prevista del festival para, después, dejarle el camino libre al cuarteto del contrabajista Mariano Otero, no incluido incialmente en la programación. Llegado a Ushuaia gracias al proyecto Café Cultura, de la Secretaría de Cultura de la Nación, el contrabajista, al frente de su grupo, y con entrada gratuita, se convirtió en una suerte de impensado bonus track. Antes, el sábado, la carismática cantante y guitarrista cubana Yusa, junto al percusionista Mario Gusso y el bajista Marcos Archetti (que dio un taller para ensambles musicales y junto al guitarrista Alejandro Aranda funcionó con sostén en las sombras de mucho de lo ocurrido en el festival) cerró una noche en la que también actuaron el excéntrico guitarrista italiano Enzo Rocco y el grupo ecuatoriano Nuages que, más allá de la referencia de su nombre (el título de un tema de Django Reinhardt), centró su supuesto gitanismo mucho más cerca de Goran Bregovich que del legendario Quinteto del Hot Club de Francia. Ellos volverán a actuar mañana en Río Grande, donde también lo hará el grupo Bazar Mandala. Hoy, en esa ciudad, se presentarán Patti Ramone con Nicolás Ospina y el Quinteto de Loiácono.


http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/3-18213-2010-06-07.html

martes, 1 de junio de 2010

Red Rodney / Charlie's Red Shadow (Be Like Bird)



La Lección del Maestro

ANTONIO MUÑOZ MOLINA 17/04/2010

Charlie Parker entró sin llamar en la habitación de su trompetista Red Rodney y montó en cólera al sorprenderlo inyectándose heroína. Rodney tenía sólo siete años menos que él, pero Charlie Parker lo trataba con el instinto de protección de un padre más que de un hermano mayor. Para Rodney, Charlie Parker era un dios. Escuchando sus discos cuando todavía era casi un adolescente había resuelto convertirse en un trompetista bebop. Se había aprendido los solos de Parker y como tantos jóvenes de esa época en la que el jazz era la música más moderna había imitado su manera de hablar y de vestirse, su descuido, su aire bohemio. El muchacho judío tímido y pelirrojo de clase media había abandonado la protección de su familia y su mundo para convertirse en algo parecido a un proscrito, en seguidor de un artista negro de leyenda escandalosa, en habitante de los submundos de la noche y de la mala vida, un muchacho desmedrado y tan pálido entre negros arrogantes que no se quitaban las gafas de sol en los clubes nocturnos. Su nombre de músico le gustaba mucho más que el otro, el formal y tedioso, Robert Roland Rudnick.

Era sólo siete años más joven que Parker, pero sentía que lo separaba de él el resplandor de su maestría, un talento que en su imaginación joven era una forma suprema de heroísmo. Pero además Charlie Parker parecía mucho mayor, por su corpulencia, por los estragos de la heroína y el alcohol, por una especie de furia carnal que lo agigantaba. Comía y bebía sin saciarse nunca y era capaz de salir de un letargo de saurio causado por las drogas y por las noches sin dormir para tocar con una fuerza intacta, con una inagotable capacidad de inventar. Hay que imaginar el modo en que lo admiraría Red Rodney, observándolo siempre, volviéndose invisible cuando Parker ocupaba él solo todo el espacio mezquino de la tarima de un club, el saxo alto reducido de tamaño por contraste con el tamaño de sus manos y el volumen de su pecho hinchado. Con diecinueve años Red Rodney había empezado a tocar junto a él. En las épocas de trabajo escaso le conseguía contratos para actuar en los bailes de las fiestas judías. Cuando iban de gira por los Estados del Sur, a Rodney, el único blanco en el grupo, había que hacerlo pasar por un negro albino, Albino Red en los carteles de los clubes.

Hay una foto suya con Charlie Parker, los dos sentados delante de una mesa con mantel blanco, de espaldas a un espejo en el que se ve lo que están mirando: un trompetista, otro de los héroes de Rodney, Dizzy Gillespie. En la foto en blanco y negro se adivina la piel extremadamente pálida de un pelirrojo, y también la felicidad de estar al lado del maestro, de haber merecido su confianza, su respeto; el privilegio de aprender junto a él. Miraría así, con los ojos adormilados, con la boca medio abierta, con la misma expresión de estupor, de felicidad, de extravío, cuando Charlie Parker entró en su habitación sin llamar a la puerta y lo encontró sentado en la cama, una goma atada torpemente al antebrazo delgado y muy blanco, una aguja hipodérmica hincándose en su piel, buscando sin destreza una vena. Parker levantó la mano como para darle una bofetada, su corpachón violento alzándose como una torre sobre el hombre joven, encogido en la cama. Le dijo que si no se daba cuenta de lo que estaba haciendo, de la ruina que iba a traer a su vida. Le preguntó por qué lo hacía y la voz débil de Rodney respondió lo que Parker no hubiera querido oír:

-Porque quiero ser en todo como tú.

La escena está en Bird, la película de Clint Eastwood sobre Charlie Parker. Es la reconstrucción literal de un recuerdo de casi cuarenta años atrás, porque Red Rodney asesoró a Eastwood, ya cerca del final de su vida, después de que los vaticinios del maestro nunca olvidado se cumplieran uno por uno, después de que el propio Parker muriera a los treinta y cinco años dejando un cadáver que según el forense parecía el de un hombre de más de sesenta. Red Rodney le sobrevivió, al principio con una sensación de orfandad, muy pronto perdiéndose en las peripecias de su propia ruina personal, en la adicción, el delito, la cárcel, todas las cosas que su maestro hubiera querido evitarle. Iba a la cárcel o al hospital, se desintoxicaba brevemente y caía de nuevo, grababa un disco y aparecía otra vez en los clubes y al poco tiempo ya estaba perdido, envuelto en algún negocio dudoso o en alguna estafa, todo para costear la adicción que le había parecido deseable y misteriosa porque la había visto en Charlie Parker, porque imaginaba que en la heroína estaría una parte del secreto de aquella música: su velocidad, sus lentitudes súbitas, su hermetismo.

La ansiosa cara pálida se distingue en las fotos entre las caras de los músicos negros. Con los años, con la fotografía en color, el pelo rojo resalta y la cara se ha vuelto abotargada sin perder algo de su aire infantil, y el cuerpo se ha ido hinchando. En una foto de los años setenta Red Rodney es un blanco pelirrojo y corto de estatura junto al gigante adormilado Dexter Gordon. Tocó en orquestas de baile en los casinos de Las Vegas. Volvió a la cárcel a una edad en la que ya no quedaba en su aspecto ningún rastro de romanticismo y parece que compartió celda con Charles Manson. Cada vez que saliera de la cárcel o que regresara a Nueva York desde la irrealidad de Las Vegas se encontraría más extranjero en un mundo en el que apenas quedaba memoria de la edad de oro del jazz de su juventud. En el tramo de la calle 52 entre la Quinta y la Sexta Avenidas en el que los clubes se habían sucedido uno tras otro con una cacofonía gloriosa ahora se levantan torres de oficinas iguales y antipáticas.

Pero la lección de Charlie Parker no se apagó nunca en él. Volvió a grabar inesperadamente en los años setenta y su trompeta tuvo de nuevo el brillo afilado y la destreza acrobática que había aprendido escuchando los primeros discos de bebop, pero también una sutil capacidad de ternura, ese tono confidencial de voz humana que le enseñaron otros maestros más mesurados, Roy Eldridge o Lester Young. En 1988, asesorando a Clint Eastwood en aquella película sobre Parker, doblando con su trompeta al actor que interpretaba su personaje, debió de sentir que participaba en un acto de restitución. En los decorados que intentaban reproducir con exactitud los lugares que él había conocido cuarenta años atrás -las luces, los espejos, el humo, el ruido de las conversaciones y las copas- imaginaría a veces que después de una vida de tanto trastorno se le concedía el privilegio de habitar el pasado. El hombre regordete y prematuramente envejecido que veía en los espejos era menos real que el muchacho sentado junto a su maestro, ansioso por aprenderlo todo de él.

http://www.elpais.com/articulo/portada/leccion/maestro/elpepuculbab/20100417elpbabpor_5/Tes

Red Rodney (Live)