martes, 20 de mayo de 2014

John Frusciante / “Enclosure”




















El extraño mundo de John Frusciante 


Por Guillermo Civale | 24 abril, 2014


En “Enclosure”, su doceavo material solista, el ex guitarrista de Red Hot Chili Peppers resume su experimentación en un disco tan complejo como fascinante.

A pesar de extrañarlo considerablemente en la guitarra de los Chili Peppers (en el Lollapalooza, Josh Klinghoffer parecía más ocupado en brindar efectos con su pedalera que en encenderse en un solo), no quedan dudas que a John Frusciante el envase Red Hot le quedaba chico, lo limitaba. Envuelto paralelamente a Kimono Kult (proyecto que otra vez lo une al talentoso Omar Rodríguez-López) entrega su disco solista número doce.

La complejidad no siempre hace a la calidad; en cualquier caso, para entrar en el universo de un artista complejo son necesarias múltiples escuchas. Las etiquetas le quedarían chicas, los géneros serían demasiado reduccionistas: ¿synth pop? ¿música electrónica? ¿rock experimental? Todo a la vez, acompañado por su característica voz que por momentos parece angelical, casi góspel, y por otros se esconde entre los beats, imperceptible, como un instrumento más.

“Shining desert” abre el álbum con una base que cala los huesos; por momentos se oye una guitarra disonante, los teclados caen como gotas de sonidos. Frusciante arroja luz a las mentes oscuras (“I make light in dark minds”). En ocasiones las programaciones abruman, crean una atmósfera tan espesa que cuesta ingresar en ella. Pero una vez traspasada esa barrera la sensación es de completo confort, como la que debe sentir un bebé en el útero materno. El ambiente extraño y hostil se hace propio, ese mundo ajeno se convierte en nuestro lugar, en un universo de abstracción al que podemos recurrir huyendo del real. La instrumental “Cinch” es la más adecuada para retratar esto: los fraseos de guitarra nos llevan en un viaje luminoso de seis minutos.

Queda claro que estos temas no sonarán en la radio. John Frusciante parece componer para sí mismo y para nadie más, el que quiera entender su obra deberá esforzarse, tendrá que afinar su oído, renunciar a los clichés y a los lugares comunes de estribillos gancheros y arreglos predecibles. “Fanfare” quizás sea el momento más accesible del álbum: una base lenta en donde la voz de Frusciante llega limpia y clara, y una lírica personalmente dulce que cierra declarando “Waiting for the sun to shine, and it’s you”.

Como con los grandes compositores, las interpretaciones se disparan a múltiples lugares; sin embargo, una vez dentro en este universo simplemente podemos  lograr una conexión tan grande que ya no hace falta interpretar, sólo dejarse llevar. “Enclosure” es, por momentos, como un orgasmo alucinógeno, es un disco lisérgico, alucinante y espacial (el uso del adjetivo no es azaroso, como promoción el álbum fue cargado en un satélite y podía ser escuchado por los fans por medio de una aplicación para celulares cuando éste pasara cerca de su ubicación). “I float up there, ‘cause I know I’m not in here” canta en el cierre del álbum (“Excuses”), metaforizando su estado de inspiración por fuera de este mundo, y remarcando esta idea de música para flotar en estado de gracia.

Dentro de la complejidad de su obra en el último tiempo se ha adentrado en una etapa aún más experimental. “Enclosure es el disco que representa el logro de todas las metas musicales a las que estuve apuntando en los últimos 5 años”, define Frusciante su nuevo material cuyo nombre, justamente, hace referencia al cierre de una etapa, de un círculo musical, de un mundo propio y a la vez extraño, en el que adentrarse puede llegar a ser la aventura más maravillosa.


http://www.elacople.com/wp/



John Frusciante - Shining desert - Enclosure (2014)





viernes, 9 de mayo de 2014

Laurie Pepper / ART: Why I Stuck With A Junkie Jazzman



"ART: Why I Stuck with a Junkie Jazzman" to be Published by Laurie Pepper May 16


Laurie Pepper collaborated with her late husband, alto saxophonist Art Pepper, on the classic jazz bio "Straight Life." Now she tells the rest of the story in "ART: Why I Stuck with a Junkie Jazzman," a searingly candid memoir to be published by APMCorp on May 16.


Richmond, CA (PRWEB) May 05, 2014


Art Pepper told his sexy, sordid, and exciting true adventure stories to his lover, Laurie, who put them in a book. She quizzed him (and those who knew him) unrelentingly over seven years, editing and structuring a narrative to which she dedicated all her energy. "Straight Life" by Art and Laurie Pepper (Da Capo) was published in 1979. It was a critical success and remains a classic of its kind, the subject of college literary and music studies. Laurie went on to marry Art and manage his resurgent career, touring the world with his band. “Why I Stuck with a Junkie Jazzman” was the headline some editor gave a newspaper interview Laurie did while the band was in Australia in 1981, and she’s now stolen “that perfect title” for her memoir.


"ART: Why I Stuck with a Junkie Jazzman" (APMCorp) describes her marriage to the deeply troubled, drug-addicted, madly gifted artist. “That marriage was the making of me,” says Laurie. “Some people go to grad school or join the Marines. I married a genius who valued and inspired me and challenged me to use MY gifts. We had a difficult, powerful partnership. I had to tell that story.” She says she also needs to set the record straight and clarify her role: “People think I was some kind of little wifey-saint who rescued him. And Art encouraged them in that. But he knew how truly crazy I could be. We rescued each other.”

Laurie Pepper was born in 1940 in Los Angeles to a family of radicals and artists. She grew up in New York and Los Angeles, attended U.C. Berkeley, and was photographer for the legendary L.A. Free Press during the 1960s but went astray and wound up in rehab where she met Art Pepper. Since Art’s death in 1982, she has continued to produce and promote his music. Her very small label, Widow’s Taste, has released a new album of previously unreleased Art Pepper performances every year since 2006.


"ART" will be available in paperback on May 16—on Art and Laurie’s wedding anniversary. It consists of 382 pages, with approximately 100 photos and a complete index. It will sell, in the U.S., for $20.00. An E-book version will be available on June 16, and a downloadable audiobook will be released on November 16 along with a CD release of some of the key Art Pepper performances Laurie describes in the memoir. 

Advance Praise for "ART"

Forged at the collision point of true art and real life, this brutally honest book is an engrossing journey across the hard countries of love and loss and redemption. It inspires the belief that love can overcome all obstacles and that creative talent knows no bounds. It was impossible for me to put it down. 

—Michael Connelly, Author of the Harry Bosch series of novels

“I was no angel,” Laurie Pepper advises at the start of this stingingly candid memoir, and in truth she is a wonderfully devilish writer, her pen a razor dipped in sulfur, her memory a lead-lined cave from which nothing escapes or goes unexamined. Everyone who knows the skillful craftsmanship she brought to "Straight Life," the masterpiece she made of Art Pepper’s life, will find it here again, in service to her own story, which would be reason enough to celebrate this gripping book. But there is another: a wittingly different perspective on Art’s tale—this good wife was every inch his match. 

—Gary Giddins, Author of "Bing Crosby: A Pocketful of Dreams" and "Celebrating Bird"


Music, love, gossip—along with mania and addiction, pain and calamity: Laurie Pepper writes with grace and candor about all of it. Joining "Straight Life" as one of the best jazz lives, and telling the story behind that great story, her new book deserves all the meanings of “Art” in its title. 


—Robert Pinsky, Poet


http://www.prweb.com/releases/2014/05/prweb11823268.htm





miércoles, 7 de mayo de 2014

Blue Note Records / 75th Anniversary




Un hito para la historia del jazz

Cumple 75 años el sello que coincide con las mejores ediciones del género. Aquí se reeditaron cuatro clásicos como homenaje.

04.05.2014

El histórico sello de jazz Blue Note cumplió 75 años, y lo festejó en Buenos Aires con cuatro lanzamientos, entre los que destaca la reedición del legendario Money Jungle, grabado por Duke Ellington, Charles Mingus y Max Roach. Fundado por Alfred Lion y Francis Wolff, dos berlineses -amigos desde la escuela primaria- que llegaron a fines de la década del treinta a los Estados Unidos escapando del nazismo, el sello Blue Note comenzó a grabar pequeños grupos de jazz y boogie woogie. El primer registro fechado el 6 de enero de 1939- estuvo a cargo de dos pianistas de Chicago, Albert Ammons y Meade Lux Lewis. A mediados de los años cuarenta la dirección musical del sello dio un salto hacia el jazz moderno, y grabó a los pianistas Thelonious Monk y Bud Powell, dos artistas brillantes, pero poco comerciales para esos años. La influencia del saxofonista Ike Quebec fue determinante en este cambio.

La actitud comprometida con la calidad y el modernismo lo llevaron a ser, a mediados de los ’50, el emblema del hard bop (un estilo que tuvo como lengua materna al bebop aunque con un mayor protagonismo rítmico), con artistas como el pianista Horace Silver, los Jazz Messengers del baterista Art Blakey, los saxofonistas tenores John Coltrane y Sonny Rollins, los trompetistas Kenny Dorham y Donald Byrd y el organista Jimmy Smith, entre otros. En los sesenta, sus artistas impusieron lo que se llamó el Sonido Blue Note . Los saxofonistas Wayne Shorter, Dexter Gordon y Hank Mobley, los pianistas Herbie Hancock y Sonny Clark y el trompetista Freddie Hubbard fueron los artífices del gran momento del sello. Incluso, buena parte de la vanguardia neoyorquina grababa en el sello; artistas como el contrabajista Charles Mingus, el saxofonista Eric Dolphy, el pianista Andrew Hill y el vibrafonista Bobby Hutcherson fueron sus cartas fuertes.

En noviembre de 2011, el grupo francés Vivendi, dueños de Universal Records, compró por 1400 millones de euros al sello EMI, que incluía Blue Note. Una discográfica festeja sacando música y así lo hizo Blue Note en la Argentina, ya que además de Money Jungle, un trabajo que se concentra más en el Duke Ellington pianista que en su labor como compositor; un compilado doble titulado The Best Of Blue Note con grabaciones del período 1940-1960 con Monk, Coltrane, Rollins, Shorter, Sidney Bechet (en una hermosa versión de Summertime) y algo más actual con canciones de Cassandra Wilson, Norah Jones y Gregory Porter, otra demostración del inmenso catálogo del sello. Como material lanzó Landmarks, del baterista Brian Blade, una música con identidad propia, exquisita calidad en las composiciones y en el que se destaca el pianista Jon Cowherd, por último, uno de los jóvenes artistas del sello, el trompetista Takuya Kuroda y su Rising Son, donde cruza los aromas del jazz con músicas como el hip hop: un trabajo que respira electrónica.  

http://www.clarin.com/espectaculos/hito-historia-jazz_0_1132087024.html



Duke Ellington Charles Mingus Max Roach - Caravan - Money Jungle (1963)





lunes, 28 de abril de 2014

Fred Ho / Political Revolutionary Saxophonist




Fred Ho, saxofonista y anticapitalista


Defendió a los sinoamericanos desde la música y la política


CHEMA GARCÍA MARTÍNEZ 26 ABR 2014 - 01:52 CET


Para el crítico Larry Bimbaum, Fred Ho (Palo Alto, California, 1957) era “un género en sí mismo”. Fred Ho tocaba el saxo barítono, componía, era activista social, filósofo... en su música reunió el free jazz más visceral con las delicadas melodias de la ópera china tradicional. Ho falleció hace dos semanas, a los 56 años, en su casa de Brooklyn. Padecía cáncer de colon.


Fred Wei-han Houn, rebautizado en 1988 como Fred Ho, inició sus estudios de saxo barítono de forma totalmente autodidacta a los 14 años. No mucho después ingresó en el cuerpo de marines, donde se convirtió en un verdadero experto en las técnicas de combate cuerpo a cuerpo. En esa época empezó a despertar a la conciencia de su identidad, que le llevaría hacia otro tipo de lucha: la política. Inspirado por la dialéctica de los también músicos Max Roach y Archie Shepp, entre otros, diseñó su propio modelo revolucionario anticapitalista a partir de la “experiencia negra”.


En 1975 fue licenciado prematuramente tras golpear a un oficial por un comentario racista. Tras licenciarse en Sociología en Harvard, se trasladó a Nueva York dispuesto a hacer de la música su profesión. Su voz comenzó a ser escuchada en los clubes de jazz tanto como en las aulas universitarias y las sedes de las organizaciones a favor de los derechos civiles. Para algunos, Fred Ho venía a representar el sueño de un “Malcolm X asiático”. Siguiendo el ejemplo de este, Ho ingresó en la organización I Wor Kuen, equivalente a los Black Panthers en versión asiática.


En Nueva York, el saxofonista estableció contacto con la reducida pero muy activa comunidad de jazzistas de origen asiático, entre ellos el pianista Jon Jang y el también saxofonista Francis Wong. En 1980 creó la Monkey Orchestra y dos años después el Afro Asian Music Ensemble. Los 2 primeros discos de la formación, Tomorrow is now! y We refuse to be used and abused, vieron la luz en Italia antes de ser distribuidos en su propio país. Sobre el escenario, Ho adoptó una puesta en escena impactante, desde la ferocidad de su expresión gestual hasta su peculiar indumentaria: el fallecido saxofonista solo vestía su propia línea de ropa, elaborada con tela de quimono. Durante sus últimos años compuso música para ballet, oratorios y óperas —Mr. Mistery: the return of Sun Ra to save Planet Earth— en inglés y mandarín, para cuyos argumentos buscó inspiración en los comics manga y las películas de artes marciales.


En 2006 se le diagnosticó el cáncer, del que culpó al “capitalismo industrial y la toxicidad social”. Ho relató su batalla contra la enfermedad en un libro —Diary of a radical cancer warrior: fighting cancer— y una película —Jazz, cancer and life: Fred Ho's last year—-. Siempre rechazó el término jazz para definir su música, a la que se refería como “nueva música multicultural americana”.


http://cultura.elpais.com/cultura/2014/04/26/actualidad/1398469964_327673.html




In A Pan-African Mood - Fred Ho and The Green Monster Big Band 
Album "The Sweet Science Suite" (2011)



sábado, 19 de abril de 2014

The Who / Quadrophenia: Live In London




The Who anuncian “Quadrophenia: Live In London”


Texto de EFEEME publicado el 19 abril de 2014


The Who se embarcaron entre 2012 y 2013 en la gira “Quadrophenia and More Tour”, en la que interpretaban íntegramente su ópera rock “Quadrophenia”, junto a una selección de sus grandes éxitos. El 10 de junio publicarán un DVD con el concierto que ofrecieron el 8 de julio de 2013 en Londres.

“Quadrophenia: Live In London” estará disponible en DVD, Blu-ray, Blu-ray con el álbum original con sonido multicanal 5.1, vídeo en descarga, doble CD, álbum digital en descarga, y una caja de lujo  en edición limitada.

Contenido de “Quadrophenia: Live In London”

1. I Am The Sea
2. The Real Me
3. Quadrophenia
4. Cut My Hair
5. The Punk And The Godfather
6. I’m One
7. The Dirty Jobs
8. Helpless Dancer
9. Is It In My Head?
10. I’ve Had Enough
11. 5:15
12. Sea And Sand
13. Drowned
14. Bell Boy
15. Doctor Jimmy
16. The Rock
17. Love Reign O’er Me

Bonus Performances

18. Who Are You
19. You Better You Bet
20. Pinball Wizard
21. Baba O’Riley
22. Won’t Get Fooled Again
23. Tea & Theatre

Contenido de la “Deluxe Metal Box”:

10′ Round Metal Mod Headlight Container
1 Blu-Ray Disc: Concert Film
1 Standard DVD: Concert Film
1 Blu-Ray Audio Disc Format: Quadrophenia (1973)
5.1 Album Mix
2 CD Soundtrack Concert Audio
Mod Headlight Button
6 Mod Headlight Sticker


http://www.efeeme.com/los-anuncian-el-dvd-quadrophenia-live-london/



The Who - Quadrophenia: Live In London (Trailer)


martes, 15 de abril de 2014

Roger Waters / Amused To Death (1992)





Roger Waters reedita su disco de 1992 “Amused To Death”



Rogers Waters prepara una edición para audiófilos de su disco en solitario de 1992 “Amused To Death”. El ingeniero de Pink Floyd, James Guthrie, responsable de la producción del álbum, utilizando las cintas analógicas originales, está preparando un máster multicanal 5.1 para la edición en SACD. Y junto a Doug Sax trabaja en el máster en vinilo. Tanto el SACD como el doble vinilo, que serán publicados en septiembre, contendrán grabaciones inéditas.


http://www.efeeme.com/


Roger Waters - What God Wants, Part I



Roger Waters, long-time Pink Floyd engineer James Guthrie to oversee remix of 1992′s Amused to Death


Roger Waters returns to his greatest solo triumph, 1992′s Amused to Death, for new stereo and 5.1 remixes with James Guthrie, the long-time Pink Floyd engineer. The forthcoming reissue, issued via Columbia-Legacy, will also include new content and graphics.


Guthrie, who worked as a mixer on the original project, will preview samples of these newly mastered tracks on April 12, 2014, at Princeton University as part of the Pink Floyd: Sound, Sight, and Structure interdisciplinary conference.


Even two decades later, Waters’ theme on Amused to Death rings true — as people, more than ever, are addicted to their screens. Compared favorably by critics to George Orwell’s 1984, Waters and a band that includes guitarist Jeff Beck offer an urgent interrogation of the West’s mass media and advertising consumption, now more prevalent than ever.


The results are on par, both musically and as a cultural milestone, with Waters’ earlier Pink Floyd masterpieces Dark Side of the Moon and The Wall. Guthrie served as engineer for The Wall, then co-produced 1983′s The Final Cut, Waters’ final album with Pink Floyd. He later oversaw the 5.1 remastering of Dark Side on its 30th anniversary.


http://somethingelsereviews.com/



Roger Waters - What God Wants, Part III



viernes, 4 de abril de 2014

John Coltrane / Offering: Live At Temple University (1966) Philadelphia, Pennsylvania




In un disco il live di John Coltrane lla Temple University


Arriverà nei negozi li 23 settembre, esattamente il giorno dell'anniversario della nascita di John Coltrane, il disco Offering: live at Temple University, contenente la registrazione di una performance del grande musicista jazz dell'11 novembre 1966 a Philadelphia.


I nastri furono incisi pochi mesi prima della sua morte (avvenuta il 17 luglio 67): finora sono stati pubblicati solo in parte, mai integralmente, e soprattutto in formato di bootleg, con tutto quello che ne consegue in termini di qualità del sound. Offering: live at Temple University è stato invece rimasterizzato in a 96kHz/24 bit, ed uscirà per Impulse!/Resonance in versione doppio CD e doppio vinile, arricchito da un libretto di 24 pagine con note a cura di Ashley Kahn, già autore della bografia di Coltrane A love supreme. 


All'operazione ha collaborato anche Ravi Coltrane, figlio di John e Alice: parte del ricavato della vendita dell'album sarà destinato alla John Coltrane Home, un'associazione che si occupa di custodire la casa del musicista a Dix Hills, New York, che ora è stata riadattata a museo. 


Offering: live at Temple University dura 90 minuti è stato registrato a Philadelphia da una formazione comprendente, oltre a Coltrane, Alice Coltrane al piano, Pharoah Sanders al flauto e altri fiati, Sonny Johnson al basso (in sostituzione temporanea di Jimmy Garrison) e Rashied Ali alla batteria. 


http://www.labottegadihamlin.it/


martes, 28 de enero de 2014

Pope Francis / Sympathy For The Holiness





http://www.rollingstone.com/



domingo, 29 de diciembre de 2013

Leroi Jones / Black Music




"Black Music" de Leroi Jones: Jazz y cultura negra en los 60.

Entre 1959 y 1967 el crítico musical, ensayista, poeta y militante social negro Leroi Jones escribió artículos y reseñas de jazz en las principales revistas de Estados Unidos, que fueron reunidos en un libro en 1979, publicado ahora en la Argentina.

28.12.2013 09:49
Pedro Fernández Mouján

“Down Beat”, “Jazz Review”, “Metronome” y “Wild Dog”, fueron algunas de las publicaciones donde colaboró Jones, poeta beat, editor de  Allen Ginsberg y Jacques Kerouac en su editorial Totem y reconocido intelectual afroamericano hasta la actualidad, partícipe de numerosas polémicas, una que le valió el mote de “antisemita” a raíz de su poesía “Somebody Blew Up America?” sobre el atentado a las Torres Gemelas.

Estos artículos de Leroi Jones (o Amiri Baraka nombre musulmán que adoptó como reafirmación de su pertenencia) fueron reunidos en 1970 en el libro “Black Music”, que tuvo reedición, con prólogo del autor y una entrevista a él, en 2009, y que ahora edita acá Caja Negra.


Se trata de viñetas, reportajes o análisis de lo que sucedía en la escena en momentos en que se gestaba el free jazz, que proponen constantes puntos de referencia y análisis con lo que sucedía en esa época en Estados Unidos, signada por la turbulenta lucha por los derechos civiles, que lideraron Malcolm X,  Martin Luther King y los Panteras Negras.



Los artículos no sólo son exquisitos análisis musicales sobre el jazz y la música que se estaba gestando en ese momento, sino que tienen la gracia de haber sido realizados por alguien que pertenecía y conocía de cerca esa vigorosa escena (“en ese momento yo vivía casi arriba del Five Spots”, dice Jones, en relación con el bar neoyorquino donde se gestó el free jazz).



Pero además, estos escritos respiran política, ya que están  inmersos en una acción estratégica en el marco de los movimientos libertarios de la población negra en la década del 60 en Estados Unidos.



“La revolución específica que realizaban estos músicos -señala Jones en una revisión de estos artículos-  se dirigía contra la  prisión de la mediocridad americana… El énfasis microtonal, modal, afroasiático, estaba en todas partes. Ahora tocarían libremente. ¿Libremente? Por supuesto: había sido nuestra filosofía, nuestra ideología, nuestra estética desde la esclavitud. Y en este momento de la historia lo gritábamos nuevo: ¡Free Jazz! ¡Freedom Suite! ¡Freedom Now!”.



Y para saber de qué se trata todo esto, escribe en el artículo de 1963 “El jazz y la crítica blanca”: “La música de los negros es esencialmente la expresión de una actitud, o una colección de actitudes, acerca del mundo, y sólo secundariamente  sobre el modo de hacer música”.



En relación con el bebop (movimiento esencial de la década del 40 liderado por gigantes como Thelonious Monk y Charlie Parker que aparece como reacción al lánguido blanqueamiento del jazz que impone el swing de las big band del 30 con gente como Benny Goodman) lo define como “el registro exacto del pensamiento cultural y social de toda una generación de norteamericanos negros”.



Un artículo sobre Monk, otro sobre Billie Hollyday, reportajes a  Roy Haynes, Wayne Shorter y Don Cherry, comentarios de discos de Sonny Rollins y Cecil Taylor, una crítica de un concierto de John Coltrane en Birdlands en 1963 que comienza “una de las cosas más incomprensibles de los Estados Unidos es el hecho de que, a pesar de su perfil  esencialmente despreciable, todavía exista aquí tanta belleza”, marcan en conjunto el ánimo de “Black Music”.


También están las columnas Apple Cores que redactó para “Down Beat” (donde dejó de escribir luego de que la revista lo acusara de racista por sus posturas a favor del nacionalismo cultural negro), artículos esenciales para entender el free como “La avant-garde del jazz” de 1961, u otros para comprender la raíz de su sistema de pensamiento como “Lo mismo que cambia”, sobre blues, jazz y R&B, componen este libro, escrito con pluma ágil e inteligente, donde no faltan ni la magia, ni el odio, la ironía o el humor. 


martes, 19 de noviembre de 2013

Ronald Shannon Jackson / The Red Warrior in The Infinite Art of Improvisation




Ronald Shannon Jackson, Composer and Avant-Garde Drummer, Dies at 73


By STEVE SMITH
Published: October 22, 2013


Ronald Shannon Jackson, an avant-garde drummer and composer who led an influential electric band and performed with many of the greatest names in jazz, died on Saturday at his home in Fort Worth. He was 73.


His death, from leukemia, was confirmed by his son Talkeye.

Mr. Jackson, whose distinctive look included long hair that he once braided with rivets and subway tokens, had a muscular style that set him apart from his fellow avant-garde jazz drummers, providing for a thunderous yet economical rumble infused with funk, marching-band patterns and African styles. His band, the Decoding Society, showed his knack for writing rigorous yet approachable music.

He performed over the years with Charles Mingus, Betty Carter, Jackie McLean and Joe Henderson. But his name was most closely linked with three free-jazz pioneers: the saxophonist Albert Ayler, the pianist Cecil Taylor and, foremost, the saxophonist Ornette Coleman, who also hailed from Fort Worth.

After his brief but important stint with Mr. Coleman’s groundbreaking electric band, Prime Time, Mr. Jackson forged ahead with the Decoding Society in 1979. The group extended and streamlined the kinetic, boldly polyphonic style that Mr. Coleman had introduced while incorporating rhythms derived from ethnic styles.

“We’re coming from a world music as opposed to one kind of beat,” Mr. Jackson told The New York Times in 1982.

“Everything we do has a foundation,” he continued in that article. “I think the African phrases are very obvious. I think the funk phrases are very obvious. I think the Oriental phrases are obvious. I think the Bulgarian rhythms are there — I hear all of it.”

Throughout the 1980s and ’90s, the band was a proving ground for veteran instrumentalists like the saxophonist Charles Brackeen and the violinist Billy Bang, as well as promising newcomers. Two of Mr. Jackson’s protégés, the guitarist Vernon Reid (later of the rock band Living Colour) and the bassist Melvin Gibbs (who went on to play with the punk-rock vocalist Henry Rollins), performed with him sporadically through his final years.

Mr. Jackson was born in Fort Worth on Jan. 12, 1940. His mother, Ella Mae, played piano and organ at a Methodist church and his father, William, was the proprietor of Fort Worth’s only black-owned record store and jukebox supplier. The saxophonists King Curtis and David (Fathead) Newman were relatives; among the musicians who preceded him at I. M. Terrell High School were Mr. Coleman and the saxophonists Dewey Redman and Julius Hemphill. Mr. Jackson played his first public engagement, with the saxophonist James Clay, at age 15, then worked with Ray Charles’s band in Dallas. In 1966 he went to New York, where he enrolled at New York University. That year he made his first recording, with the Charles Tyler Ensemble, and joined Ayler’s band. His work with Ayler is documented on two roughly recorded but urgently played volumes of “Live at Slug’s Saloon.”

By 1967 Mr. Jackson’s career was derailed by drugs, he said in an interview published by Fort Worth Weekly in 2003. Introduced to Buddhism by the bassist Buster Williams in 1974, Mr. Jackson regained his health. A passing encounter with Mr. Coleman led to a four-year run with the newly formed Prime Time, which recorded the watershed album “Dancing in Your Head” and its successor, “Body Meta.” He joined Mr. Taylor’s band in 1978 and stayed for six months, appearing on four albums.

Mr. Jackson firmed the Decoding Society in 1979, and it would occupy him for the rest of his career. Not just a showcase for his drumming, flute and schalmei (an archaic horn), the band also showed his increasing confidence as a composer. Albums like “Mandance” (1982), “Barbeque Dog” (1983) and “Decode Yourself” (1985) reaped critical acclaim. He seemed poised for a breakthrough.

He still found time for side projects. In 1986 he joined Last Exit, a blustering jazz-metal quartet with the saxophonist Peter Brötzmann, the guitarist Sonny Sharrock and the bassist Bill Laswell. Another venture with Mr. Laswell, SXL, brought the two together with the Indian violinist L. Shankar, the Senegalese percussionist Aiyb Dieng and the South Korean percussion troupe Samulnori. In 1987 Mr. Jackson joined Mr. Gibbs and the guitarist Bill Frisell in a trio, Power Tools, which made one album, “Strange Meeting.”

Commercial success eluded Mr. Jackson. But Decoding Society albums like “Red Warrior” (1990), a fiery guitar-oriented session, and “What Spirit Say” (1994), featuring the saxophonist James Carter, showed that he had never stopped evolving as a composer. “Shannon’s House,” his final studio recording as a leader, was issued in 1996.

In 2000 Mr. Jackson’s playing was curtailed by nerve injury in his left arm. By 2005 he had recovered sufficiently to play in the trumpeter Wadada Leo Smith’s Golden Quartet. Mr. Jackson played his final public concert with a new Decoding in July 2012 in Dallas.

Besides his son Talkeye, Mr. Jackson is survived by his wife, Natalie; two other sons, Gregory and Clifford; a daughter, Sunday; three grandchildren; and one great-grandson. 







miércoles, 26 de junio de 2013

James Gandolfini / A.K.A Tony Soprano




James Gandolfini: El vacío que deja un genio


El actor superó cualquier expectativa en 'Los Soprano' y se adueñó de la serie. El intérprete era una bestia teatral y una presencia constante en la gran pantalla


Toni García - Barcelona 20 JUN 2013 - 18:29 CET


Cuentan que cuando los jefazos de HBO recibieron el último capítulo de Los Soprano y lo visionaron la cara les cambió de color. Uno de ellos cogió el teléfono y llamo a David Chase para decirle que les habían enviado un DVD defectuoso, que el final estaba cortado. Cuando Chase les replicó que no había ningún problema en el DVD, que el desenlace era ese, ardió Troya. Sea como fuere, Chase se salió con la suya y Tony Soprano acabó como su creador creyó que debía acabar.

Es una leyenda urbana, más o menos confirmada, que plasma la relevancia del show que marcó la era dorada de la televisión, cuando HBO salió del armario y decidió (entre burlas y dudas de sus competidores) dedicar recursos a la ficción.

Los Soprano era a priori una apuesta arriesgada: la historia de un mafioso de Nueva Jersey, su mujer, sus hijos, su psicóloga y sus colegas. Tony Soprano, el protagonista, parecía haber inspirado aquella canción de Queen, Under pressure: un tipo al que su vida le viene grande, dotado de un delirante sentido de la responsabilidad y capaz de cualquier cosa con tal de mantener su reino, uno de esos castillos de cartas al alcance de cualquier estornudo furtivo.

Para dar vida a semejante sujeto Chase se acordó de James Gandolfini (Nueva Jersey, 1961), un hombre inmenso, de silueta hitchcockniana y mirada pálida. La planta la tenía, eso era obvio, faltaba ver si conseguiría unir la imprescindible empatía necesaria para conseguir el cariño del público y la contundencia que se espera de un gánster de Nueva Jersey, un Estado donde bromas las justas.

Gandolfini superó cualquier expectativa: el monstruo que se sacó de la manga, nadando entre un —imprevisto— sentido de la fragilidad, la oscuridad de sus arranques violentos (salpicados con un humor negro mate) y su abigarrada concepción de la lealtad, se adueñó de la serie. La canibalizó de tal manera que si en algún momento había existido la tentación de escribir una epopeya coral esta se desvaneció como una botella de whisky en el Bada Bing, el inolvidable antro donde Tony y sus compinches (hombres que hacían sonreír a Scorsese) resolvían sus líos. Algunos por la vía rápida y otros por cualquier vía.

En algún momento, a lo largo de sus seis impresionantes temporadas, la serie dejó de ser la historia de un delincuente de una ciudad obrera para abrazarse a Hamlet, a las tragedias griegas y al cine negro (hasta el Arthur Cody Jarret de James Cagney se hubiera emocionado con Tony) y trascender su presunta dimensión televisiva, contribuyendo definitivamente al establecimiento de ese sello de tres letras que hasta ese momento había estado ligada a los deportes y los conciertos: HBO.

El peso de Gandolfini en Los Soprano (tanto el real como el figurado) fue fuente de conflicto: si por un lado la obesidad del actor convertía los rodajes en procesos cada vez más fatigosos, por el otro su figura se agigantaba a medida que su personaje se alambicaba. No había descanso para Tony ni para Gandolfini.

Los periodistas que le entrevistaron pueden recordar su respiración fatigada y esos andares de hombre agotado que compensaba con un discurso impecable, culto, de modales exquisitos. De hecho, su habilidad para la oratoria y sus múltiples referentes culturales recordaban a los plumillas el descomunal talento que atesoraba aquel intérprete, capaz de meterse en la piel de un tipo que era su nemesis. Palmo a palmo, Tony se convirtió en un icono de la cultura pop, algo impensable para un gánster de ficción pero absolutamente lógico en el contexto popular que regía el mundo televisivo hace una década. Recordemos: sin Twitter, con Facebook en pañales, sin la omnipresencia de las redes sociales.

Pero Gandolfini no fue solo Tony. El actor era una bestia teatral (su gran pasión, Broadway debería apagar las luces al menos por un rato) y una presencia constante en la gran pantalla, donde se le puede recordar en Amor a quemarropa, Marea roja, In the loop y más recientemente en la esplendida La noche más oscura. Su muerte, a los 51 años, por una afección cardiaca, le ha encontrado en Roma. No es mal lugar para un actor imperial, cuya carrera se ha fundido a negro antes de tiempo, pero cuya inmortalidad en términos culturales es innegociable. David Chase, su amigo, “su hermano”, decía hace unas horas que el intérprete era “un genio”. Pocos actores pueden presumir de dejar un vacío: Gandolfini —no cabe duda— es uno de ellos.

http://cultura.elpais.com/cultura/2013/06/20/actualidad/1371719936_873568.html



The Sopranos - Intro - HBO




lunes, 18 de marzo de 2013

Pink Floyd / The Dark Side Of The Moon





Pink Floyd: Los iluminados del ‘73


Lleva vendidos 50 millones de ejemplares en el mundo. Es un bastión del rock progresivo. Este mes se cumplen cuatro décadas de un disco que aún resuena allá y acá. Su historia
 

15.03.2013 | Por Alfredo Rosso
 
Concluía 1971 y Pink Floyd era ya una potencia en la escena de rock progresivo con el reciente suceso del álbum Meddle. No obstante, el éxito obtenido había aguzado algunas tensiones subyacentes en la banda. Su líder, Roger Waters, veía que el mundo del rock le planteaba varias contradicciones. Criado en una familia de sólidos ideales socialistas, no lograba reconciliar sus convicciones con lo que percibía como la frivolidad del “ rock and roll way of life ”. Sus supuestas recompensas económicas lo dejaban con una sensación de vacío espiritual; Roger sentía que esos estímulos no compensaban la pérdida de emoción en las relaciones personales. A la vez, las presiones de la industria musical le resultaban cada vez más parecidas a las que podía experimentar un ejecutivo de carrera en una empresa.
 
 
Waters transformó esas contradicciones en el hilo conceptual del siguiente álbum de Pink Floyd, The Dark Side of the Moon (El lado oscuro de la luna). Su argumento giraba alrededor de las presiones que vuelven locas a las personas: la obsesión de ganar más y más dinero, la sensación de que el tiempo vuela, las impenetrables estructuras de poder de la industria, el gobierno y la religión organizada, y los impulsos que conducen a la agresión y la violencia.
 
 
Con el nombre provisional de Eclipse, la nueva obra debutó en la gira inglesa que Pink Floyd inició en enero de 1972. Además del título, había varias partes que eran tentativas a esa altura y que fueron puliéndose a lo largo de los shows, de modo que cuando Waters, Gilmour, Wright y Mason entraron a Abbey Road para grabar el álbum, en junio de 1972 -con un joven ingeniero llamado Alan Parsons- The Dark Side of the Moon tenía ya una estructura definida.

El álbum comienza con un collage sonoro llamado Speak to Me. Las voces que se escuchan de fondo son respuestas a un cuestionario que el grupo recopiló para realizar entre varios allegados, incluyendo los asistentes de la banda y el encargado de la limpieza del estudio. Era una especie de test psicológico, con preguntas como ¿Le tienes miedo a la muerte? ¿Hay un lado oscuro de la luna?
 
 

Breathe describe la frustración de perseguir metas sin sentido, sin tiempo para apreciar el significado profundo de la vida. “Corre, conejo, corre / cava un agujero, olvídate del sol / y cuando hayas terminado tu labor / no te sientes, que es tiempo de cavar otro más…”. El tema de la competencia social, el estrés cotidiano y el paso del tiempo continúa en el tema instrumental On the Run y alcanza su clímax en el poderoso Time. Comienza con relojes sonando al unísono, grabados por Parsons en una tienda de antigüedades. Luego Gilmour entona: “Cuando sos joven / la vida es larga y te sobra el tiempo / hasta que un día comprobás que se te escurrieron diez años / Nadie te avisó cuándo empezaba la carrera… Estás más viejo, con menos aire, y cada día más cerca de la muerte…”.


The Great Gig in the Sky (El gran baile en el cielo) -eufemismo que alude a la muerte- contiene una legendaria parte vocal a cargo de Clare Torry, una modesta cantante de sesión. Para guiarse en semejante maratón, solo recibió unas pocas indicaciones del grupo; lo demás fue pura improvisación. Para conseguir el master definitivo, se unieron las mejores partes de tres tomas.
 
 
El sonido de una caja registradora inicia Money, un relato de cómo el dinero corrompe los ideales y alimenta la paranoia de quien lo acumula. A este rock furibundo se suma, en saxo, Dick Parry, un amigo de Gilmour de los días de Jokers Wild, la banda que David integró en Cambridge, antes de entrar en Pink Floyd.
 
 

Money fue hit cuando se lanzó en simple en los Estados Unidos y era el tema más pedido en los recitales de Floyd.


Us and Them (Nosotros y ellos) nació como una idea del tecladista Rick Wright para el film Zabriskie Point, de Michelangelo Antonioni. Debía acompañar una escena donde la policía ataca a una manifestación estudiantil en la Universidad de Los Angeles. Al director italiano esta balada le pareció muy triste y la descartó, pero el grupo vio que encajaba justo con la onda del álbum. Su tema es la guerra y la manipulación de la gente común por los poderosos.
 
 
Viendo que The Dark Side... sería el disco más estructurado de su carrera, la banda quiso dejar al menos un tema para desplegar su músculo instrumental. Eso fue Any Colour You Like (El color que te guste), título que viene de una broma de Henry Ford quien, refiriéndose a su famoso modelo Ford-T, solía decir que el auto estaba disponible en el color que te gustase, “siempre que fuese el negro…”.

La letra de Brain Damage (Daño cerebral) parece aludir al antiguo líder de Floyd, Syd Barrett, pero Waters trazó una perspectiva más amplia al decir que este pasaje musical tranquilo, casi pastoral, “habla del ser humano real, ese que se esconde dentro de nosotros, no la persona que ve el resto del mundo. El lunático de la letra somos en realidad todos, pero tratamos de mantenerlo oculto…”.
 
 

La imagen central de Eclipse, el gran final del álbum, es la de una árida luna tapando la fuerza vital del sol entre imágenes de opuestos: el bien y el mal, éxito y fracaso, cordura versus locura. El corolario, según Waters, es que las cosas buenas de la vida están allí para que las tomemos, sólo que las fuerzas oscuras de nuestra naturaleza a menudo nos impiden alcanzarlas.
 
 
Editado en marzo de 1973 (para Capitol Records, salió el 17 en EE. UU.; y el 24, en Inglaterra), El Lado Oscuro de la Luna no solo le dio a Floyd fama mundial, sino que les otorgó un eje temático centrado en lo social, que sería una columna vertebral de sus futuros discos hasta el cisma interno que los separó diez años más tarde. Fue el álbum que consagró a Roger Waters como el ideólogo de la banda. Sus visiones acerca de las presiones de la vida moderna, la ambición desmedida, la guerra, la soledad y la locura marcaron un antes y un después en el campo del rock conceptual. Una obra de vanguardia aún vigente en pleno siglo XXI.




http://www.clarin.com/espectaculos/musica/iluminados_0_883711753.html



Pink Floyd - Eclipse - The Dark Side Of The Moon (1973)

 
 
 
 
 


martes, 5 de marzo de 2013

Alberto Olmedo / Capocómico Argentino




25 años sin Olmedo, semblanza de un artista inolvidable.


Alberto Olmedo, el hombre que cambió el humor. Nacido en 1933, en un barrio marginal de Rosario, llegó a ser uno de los creadores más significativos de nuestro humor. Un recorrido desde el Capitán Piluso hasta El Manosanta.


Martes, Marzo 05, 2013
Por Juan José Santillán


Allá en los ochenta, Alberto Ure escribió los textos más lúcidos sobre Alberto Olmedo. Lo consideraba “el mejor actor argentino”, y en esa época proponer algo semejante significaba mojarle la oreja a más de uno. Ure destacaba de Olmedo la potencia que tenía en las improvisaciones, en el manejo de la comicidad, y en su destreza para barajar lo repentino y volverlo extraordinario. El actor se llevaba por encima al guionista sin olvidar, en ese vuelo, a su compañero de escena.


Rompía la convención, incluía en sus chistes a los reidores, les revoleaba cosas, incluso los fideos moñito que eran parte de la pauta publicitaria. También sacudía con impunidad la escenografía. En ese marco aparentemente salvaje, cada escena podía convertirse en una certera piña o en un contundente fracaso. Significaba caminar al borde, a lo funámbulo, y asumir el azar como postura. Y sostener el ritmo de una vida en ese filo era agotador. Para Ure, Olmedo era una extraordinaria caja de resonancia: “Mi cuerpo es un animal sabio”, se jactó el rosarino como buen bufónhardcore. Podía hacer a un pitufo decadente, a un torpe corredor de autos o a un periodista mersa en una sala de espera; no importaba: Cada creación generaba una identificación inmediata con el imaginario popular. Y ese cuerpo devenido una caja de resonacia, capaz de llenarse y de vaciarse una y otra vez en el mecanismo de la risa colectiva, se convirtió en algo insoportable. De allí, acaso, el último salto al vacío. ¿Qué más queda cuando uno viene a esa velocidad y una fuerza incontrolable pide más y más pista? El martes 5 de marzo cumplen 25 años de la muerte de Olmedo. ¿Qué cambiaría si estuviera aquí, en este contexto planteado por el humor local y mediático? ¿Qué haría Olmedo? ¿Sería jurado en lo de Tinelli o estaría más cerca de Sin codificar o de Capusotto?


Pocos días antes de su fallecimiento, en una de sus últimas entrevistas gráficas publicadas, todo estaba confuso. Según el cronista de la época, lo atiende en bata, amaga con boxearlo, incluso lo echa un par de veces del camarín. Tenía a mano a una masajista que lo preparaba antes de salir a la función teatral de Eramos tan pobres. Olmedo estaba dolido por la tragedia de Carlos Monzón y habló de sus hijos: “espero que sean felices, que les sirva el ejemplo de un padre responsable y trabajador como yo”. Dijo, además, que estaba convencido de que el trabajo no le había quitado cosas de su vida, “creo que he triunfado por algo muy sencillo: me aman, los amo.” Y aclaró: “No tiene nada que ver el éxito profesional con el del ser humano”. Algo estaba haciendo ruido. Pocos días después de la muerte, Beatriz Salomón publicó una columna de opinión donde especulaba “ahora recuerdo lo que dijeron los umbandistas: que nos deseaban el mal a todos los que actuábamos en El Manosanta. ¡Qué cosa!, el Negro pensaba quemar las ropas de su personaje en abril”.


Alberto Orlando Olmedo nació en 1933 en el barrio Pichincha de Rosario. Barrio marginal, rodeado de puteríos, donde aprendió rápido la picardía para sobrevivir. Si hubiera una película de esa vida, uno piensa que dialogaría con la imagen del Gatica niño, según Favio. “¿Mi origen? Pobreza, cocina al fondo -dijo Olmedo-. Un baño para seis piezas. Mucho frío y, a veces, ropa prestada”. Pasó una niñez compleja. Su padre biológico, José Matuone, lo abandonó y fue criado por su madre, Matilde Olmedo. De ella tomó el apellido. Fue a la escuela N° 78 Juan Francisco Seguí, en Rosario, hasta tercer grado. De ahí, a yugarla para colaborar económicamente en la casa. Trabajó en la verdulería de Don Pepe Becacece, repartió pan, vendió en la calle y a los tumbos terminó el sexto grado de la primaria. Sin embargo, su primer trabajo en el espectáculo fue como reídor en el teatro De La Comedia, en Rosario. Tenía 14 años y el entre se lo hizo su amigo el Chita Naón. Primera paradoja de la carcajada que se devora a sí misma: el gran provocador de la risa argentina tuvo uno de sus primeros trabajos pagos como reídor y halagador profesional. Entusiasmado tras ese comienzo, Olmedo se anotó en 1948 en el grupo de gimnasia plástica del Club Newell´s Old Boys y formó parte de La Troupe Juvenil Asturiana, una banda de artistas amateurs. La gimnasia, en aquella época, era una puerta para ejercitar la expresión corporal. Pero después de la gimnasia, y de las primeras experiencias actorales, el rosarino viajó a Buenos Aires. Estamos en 1954, el ocaso del peronismo. “Yo a los 7 años ya era un hombre. Y a los 12 andaba en lugares pesados. El hambre me dio la agilidad para sobrevivir en la calle, y decisión para tomarme el buque porque en Rosario no pasaba nada”.


Olmedo, en Capital, vivió en una pensión en Jujuy y Humberto Primo. Al poco tiempo de arribar consiguió un trabajo en Canal 7. Allí conoció, en 1955, al locutor Bringuer Ayala, interventor del Canal durante la llamada “Revolución Libertadora”. A fines de ese año debutó con La troupe de la TV, junto a Noemí Laserre, Tincho Zabala y Rodolfo Crespi. Un año después, en 1956, ya estaba participando en el infantil Joe Bazooka que se mantuvo al aire con mayor continuidad. Olmedo pasaba gran parte de su rutina diaria en esos estudios televisivos, y en ese ámbito se enamoró de su primera esposa: Judith Jaroslavsky.


La primera experiencia en cine fue con el estreno, en agosto de 1959, de Gringalet, donde realizó un papel secundario. Un año después llegó un trabajo emblemático en su trayectoria: El Capitán Piluso y Coquito, emitido por Canal 9. Su compañero Coquito fue interpretado por Humberto Ortiz. “Estoy seguro de que la clave de Piluso entre los chicos era que ellos lo comprendían fácilmente -dijo Olmedo-. Piluso pensaba como ellos y decía exactamente lo que a ellos les gustaba decir”. Uno de los puntos más fuertes de aquella experiencia infantil fue la pelea, en el Luna Park, en 1961, entre Piluso y Martín Karadagian. Fue transmitida en vivo y ganó, lógicamente, el gran Piluso.


Durante la década del ´60 ingresó a Operación Ja Ja, programa de los hermanos Hugo y Gerardo Sofovich. Y unos años después, casi al mismo tiempo que da vida al atolondrado Yeneral González, surge otra creación clave en la carrera de Olmedo: Rucucu, un mago ucraniano vestido de largo levitón oscuro, sombrero de copa redonda, y anchos bigotes, capaz de cualquier cosa, incluso el papelón más importante. En boca de este mago af loró la frase que será la marca de Olmedo: “¡No toca botón!”. Rucucu se la decía al público cuando iban a un corte publicitario.


El programa No toca botón comienza en 1981. En ese año, Olmedo se perfila decididamente hacia el humor adulto. En esta etapa nacen Chiquito Reyes y el bizarrísimo tirano de Costa Pobre, entre otros. Pero al éxito total lo alcanza en 1986 con el sketch del Manosanta, junto al Facha Martel y Adriana Brodsky. Fue una etapa de continua generación de criaturas inolvidables, que se potenció cuando Olmedo encontró a su segundo partenaire ideal: Javier Portales, con quien armó la exquisita dupla de Borges y Alvarez.


Con esta carga de personajes y de éxitos irá a Mar del Plata para hacer su última temporada en marzo de 1988.


http://misionesparatodos.com/25-anos-sin-alberto-olmedo-el-hombre-que-cambio-el-humor/


Fito Páez - Tema de Piluso - Circo Beat (1994)


miércoles, 27 de febrero de 2013

Stéphane Hessel / Un Esprit Rebelle de Combat et de Liberté (Indignez-vous!)




Stéphane Hessel, el grito de rebeldía de los indignados del mundo


El destino de Stéphane Hessel, diplomático retirado que había nacido en Berlín y se había criado en Francia, cambió cuando en 2010 aterrizó en las librerías un manifiesto de 32 páginas que llamaba a la rebeldía de la juventud, a quien gritaba "¡Indignaos!".


lainformacion.com (Agencia EFE)
Miércoles, 27/02/13 - 10:24
Luis Miguel Pascual


París,27 feb.- El destino de Stéphane Hessel, diplomático retirado que había nacido en Berlín y se había criado en Francia, cambió cuando en 2010 aterrizó en las librerías un manifiesto de 32 páginas que llamaba a la rebeldía de la juventud, a quien gritaba "¡Indignaos!".

Aquella obra, vendida por millones en todo el mundo, sacó del anonimato a un hombre que ya por entonces contaba con 93 primaveras, que pasaba por ser el último redactor vivo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 y que había esquivado la muerte en varias ocasiones.

En la resistencia francesa contra los nazis y en los campos de concentración de Buchenwald y Dora-Mittelbau, una experiencia vital que marcó su vida y forjó su carácter, comprometido con las causas que consideraba justas.

Una muerte que a Hessel le llegó hoy a los 95 años en París y que en 2011, cuando viajó a España para promocionar su biografía, aseguraba aguardar con serenidad y "con un cierto apetito".

En los últimos años de su vida, Hessel se convirtió en la voz de la conciencia de una sociedad que escuchaba con esperanza su llamamiento al compromiso, su grito de "¡Indignaos!" que fue tomado por bandera por movimientos de todo el mundo desesperados con la injusticia.

Fue la guinda a una existencia apasionante, iniciada en Berlín el 20 de octubre de 1917, en el seno de una familia formada por un escritor judío y una berlinesa apasionada por el arte, que le inculcaron el gusto por las letras que el joven Stéphane desgranaba con pasión.

A los 8 años se instaló en Francia con su madre y entró en contacto con Apollinaire, Baudelaire, Goethe o Rimbaud, con los que se infectó del virus de la poesía que le acompañó el resto de sus días.

En sus años de escuela en el colegio alsaciano de París conoció a Marcel Duchamp, André Breton o Pablo Picasso y posteriormente ingresó en la Escuela Normal Superior que le auguraba una carrera en la administración pública.

En 1937 obtuvo la nacionalidad francesa y dos años más tarde fue llamado a las armas ante el ataque alemán.

Tras combatir en varios frentes durante dos años, se unió a la resistencia francesa de Londres, pero en 1944 regresó a Francia, donde fue detenido por la Gestapo y deportado al campo de concentración de Buchenwald.

Allí dio esquinazo a la muerte al cambiar su identidad con la de otro deportado fallecido de tifus, lo que le hizo salvarse de la horca.

Varias tentativas de fuga y el paso por diversos campos de concentración se saldaron con una evasión del tren que le trasladaba a Bergen-Belsen.

Al final de la Segunda Guerra Mundial ingresó en la diplomacia gala y fue nombrado para la secretaría general de las recién nacidas Naciones Unidas, donde participó en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Un combate que, desde puestos diplomáticos, llevó por África y Asia, hasta que François Mitterrand le nombró embajador de Francia en ese organismo.

Comprometido con la izquierda, Hessel ocupó puestos ministeriales en los gabinetes socialistas hasta que se jubiló.

Pero su compromiso continuó con causas como el conflicto israelo-palestino o la acogida de los inmigrantes.

Hasta que su grito alcanzó una fuerza enorme con la publicación de "Indignaos" en el otoño de 2010, en una pequeña editorial del sur de Francia, sin ruido ni promoción mediática, pero que encontró un eco enorme en una sociedad necesitada de referentes.

Un millón de ejemplares en diez meses, traducción a 32 lenguas, publicación en un centenar de países y cuatro millones de libros vendidos en todo el mundo cambiaron para siempre la vida del diplomático retirado comprometido con las causas justas.




sábado, 23 de febrero de 2013

Magic Slim / A Mainstay Of The Chicago Blues Scene, Died in Philadelphia Pennsylvania




Murió Magic Slim, emblema del blues de Chicago


El legendario guitarrista, compositor y cantante de blues falleció anoche en Philadelphia a los 75 años.

22.02.2013 - 11:41

La pérdida de esta voz esencial del blues de Chicago, aquel que impulsó Muddy Waters basado en la electrificación del viejo ritmo cadencioso y acústico nacido a principios del siglo pasado a orillas del Mississippi, fue confirmada por su manager Marty Salzman a la agencia alemana de noticias DPA.

El artista que combinó como pocos la triste dulzura de su guitarra con un vozarrón imponente murió anoche en un hospital en Philadelphia, Pennsylvania, debido a problemas respiratorios que se empeoraron mientras estaba de gira varias semanas antes.

La historia del músico originalmente llamado Morris Holt dice que nació el 7 de agosto de 1937 en Grenada, Mississippi, donde cantaba en el coro de la iglesia y tocaba la guitarra.

Empezó estudiando piano pero al perder un dedo de la mano derecha en un accidente, decidió dedicarse al estudio de la guitarra, practicando durante la semana en los algodonales y tocando blues en fiestas en casas los fines de semana.

Dueño de personalidad musical para desarrollar un blues donde la guitarra se enlaza con su particular voz, desde 1967 formó su primera banda, The Teardrops, en la que también tocaban sus hermanos y cuya denominación mantuvo desde entonces para presentar sus discos y conciertos.

El guitarrista grabó su primer álbum en 1977, "Born under a bad sign", al que le sucedieron recordadas placas como "Let me love you", "Living Chicago blues", "Liv`n blue", "Grand slam", "Spider in my stew", "Chicago blues session", "Raising the bar" y "Bad boy", que registró el año pasado.

Su bien ganada fama como cultor de la música negra hizo que en los 90, cuando el género gozó de una impensada popularidad en Buenos Aires, trajera su magnetismo a la Argentina.

Aunque aquel suceso se fue apagando poco a poco, Magic Slim continuó regresando al país y su visita más reciente se concretó en diciembre de 2008 en el porteño teatro IFT.

“En todos mis viajes a la Argentina siempre vi buenos músicos y muchos fans, siempre me sorprendió que sepan nuestra historia, aún con más detalles que los que contamos nosotros”, confesó el guitarrista en una entrevista con Télam realizada antes de aquella presentación que sería la última.

En la charla con esta agencia, Magic apuntó que “el blues es la raíz de todo y es resto son sus frutos. Algunos lo conocen, otros lo desconocen, pero siempre habrá alguien que lo mantenga vivo".

Durante ese concierto, Slim, quien actuó secundado por el trío argentino Blues Special Band (el guitarrista Juan Codazzi, el bajista Gustavo "Bohemio" Rubinsztein y el baterista Adrián Flores) interpretó piezas como "Help yourself", "Dont`t tell me about your troub", "Going to Mississippi" y el celebrado "Mama, talk to your daughter", aunque no regaló uno de sus clásicos, "Mustang Sally".

Como días antes se había producido el triunfo electoral que ungió a Barack Obama como presidente de los Estados Unidos, se le consultó al músico sobre el asunto y el violero respondió: “Le diría que estamos felices, pero lo mío es tocar blues”.




Magic Slim & The Teardrops - Slammin' - Grand Slam (1982)





Magic Slim & The Teardrops - Magic Boogie - Black Tornado (1998)





 Magic Slim & The Teardrops - Hard Luck Blues - Bad Boy (2012)