viernes, 29 de junio de 2012

Horacio Coppola / El Gran Fotógrafo de Buenos Aires y su Leica 35 mm




Adiós al último maestro

En las fotografías de Horacio Coppola, ubicadas en la vanguardia del siglo XX, hay una rara conjunción de poesía y estilo documental, dice el autor de esta nota, en alguna medida, continuador de su trabajo sobre la ciudad.

26/06/12
Por Facundo De Zuviria

Dieciocho de junio, 0.30 hs., muere en su casa, en paz, a los 105 años de edad, Horacio Coppola, el gran maestro de la fotografía argentina, y uno de los más destacados del mundo. Un día gris y lluvioso en Buenos Aires, la ciudad que inmortalizó con sus fotos en los años treinta, lo despide para siempre. Su recuerdo y, sobre todo, sus imágenes, permanecen afortunadamente con nosotros.

Conocí a Coppola en los años ochenta, cuando los fotógrafos éramos pocos y la fotografía no estaba para nada de moda. Entonces hicimos, junto con Eduardo Grossman, una muestra consagrada a los grandes maestros de la fotografía argentina, en el marco de aquellas Jornadas de Fotografía que organizamos con otros colegas en 1988; fue a raíz de esta exposición que tuve el honor de visitarlo en su departamento para elegir las fotos que lo representarían.

Creo que fue ese el momento en que empecé a darme cuenta de la dimensión de su obra: esas fotos, que había visto en algún libro suyo, parecían tomadas sin mayor esfuerzo. Imágenes casi abstractas que retrataban con total espontaneidad a Buenos Aires, eran verdaderas obras maestras, creadas en 1931, producto de una mirada moderna que buscaba en la trama urbana los elementos que habrían de definir su propio lenguaje.

Horacio Coppola deja como legado fundamental el conjunto de fotografías que hizo de Buenos Aires en 1931 y 1936, y que publicó en aquel célebre libro editado por la Municipalidad, conmemorando el cuarto centenario de la ciudad ese mismo año. Allí se conjugan las dos miradas del joven autor, sus primeras tomas de carácter experimental y aquellas vistas urbanas que se transformarían con los años en sus imágenes más celebradas.

Cuando Coppola comienza a fotografiar Buenos Aires, en 1929 –en ese año aparecen publicadas dos fotos suyas en el Evaristo Carriego de Borges– lo hace con plena conciencia de trascendencia del hecho fotográfico que protagoniza y muy a tono con el espíritu imperante en las vanguardias artísticas y literarias porteñas. Luego vendrían dos ensayos sobre la ciudad publicados en los números 4 y 5 de la revista Sur, en 1931 y 1932. No se trataba de fotos que ilustraban un texto, no eran accesorias de nada, eran imágenes presentadas como obras en sí mismas, que integraban un discurso pleno de significado y contenido.

Coppola toma la ciudad como el punto de apoyo sobre el cual comienza a desarrollar su mirada, y los temas urbanos se vuelven objeto de sus búsquedas formales: allí se expresa con soltura, con su moderna Leica de 35 mm., buscando en la austeridad del barrio una síntesis abarcadora de aquella idea de la ciudad como continuación de la pampa, con el cielo visto desde un patio, paredes blancas de casas modestas, y el horizonte lejano en el fin de sus calles. Junto con este descubrimiento del barrio –casi un suburbio–, fotografía la ciudad en expansión vertical, con sus edificios céntricos, medianeras mudas, Riachuelo y puerto, y lo hace desde puntos de toma no convencionales, forzando perspectivas, buscando en unos pocos elementos la síntesis que definiese a Buenos Aires a través de su propia fotografía. Con esta primera parte de su retrato urbano, construye el alfabeto de su propio lenguaje.

Luego vendrán los años en Europa, la Bauhaus, su encuentro con Grete Stern, Londres y el regreso a la Argentina, en 1935. Es a partir de entonces que se dedica con pasión a fotografiar la ciudad que nunca más dejaría, y lo hace dueño de un lenguaje ya maduro: sus fotografías son más reflexivas, prefiere las tomas abarcativas sobre las de detalles, se dedica a fotografiar los lugares emblemáticos del paisaje urbano, y lo hace con pleno dominio de la técnica –en muchos casos con su cámara de placas– para editar, en 1936, lo que sería considerado, con toda justicia, como uno de los libros fundamentales en la fotografía del siglo XX.

Podríamos referirnos al resto de su obra, a sus fotos europeas, su trabajo sobre las esculturas de Aleijadinho, sus libros sobre la calle Corrientes y la ciudad de La Plata, las fotos de huacos, sus experimentaciones con el color, pero nos desviaríamos de lo esencial, de estas fotos de Buenos Aires que se han transformado en la memoria gráfica de la ciudad, inmortalizada a través de su mirada.

Coppola fue para mí un referente fundamental, mucho antes de que yo fuese consciente de ello. Sus fotos, que integraban un acervo genérico que los fotógrafos ya conocíamos, pasaron a formar parte de mi propio imaginario, y creo que sin darme cuenta, a partir de esas imágenes, se me ocurrió fotografiar Buenos Aires como un modo de apropiarme de ella y preservarla en el tiempo: todo mi trabajo de los años ochenta tiene, visto en perspectiva y aunque yo no lo supiese entonces, un aire “coppoliano”, que me acercó definitivamente al maestro y me dio el privilegio de su generosa amistad.

Por eso, cuando le propuse editar juntos un libro sobre Buenos Aires, con sus fotos de los años treinta y las mías más actuales, tomó la idea con entusiasmo y naturalidad, y me dejó elegir, entre todos sus contactos, las imágenes que serían publicadas en 2006 por Ediciones Lariviere. Fue un momento extraordinario en que recorrí minuciosamente todo su trabajo, cuadernos de notas y contactos, a fin de lograr una selección de ochenta fotografías que conjugara sus búsquedas de 1931 con sus vistas tan perfectas de 1936 y lo representara cabalmente: un gran privilegio por el cual le estaré siempre muy agradecido.

La desaparición de Coppola es también el adiós a una época: se va el último maestro, el gran fotógrafo de Buenos Aires, y nos quedan aquellas imágenes célebres que forman parte, hace rato, del acervo cultural urbano, como la del Obelisco desde abajo y rodeado de siluetas, la vista nocturna de la calle Corrientes con el edificio Safico en primer plano, esa otra vista nocturna con automóviles, la cornisa angular sobre la Diagonal Norte en fuga, las tomas picadas desde el balcón de su casa en Corrientes 3060, aquella toma de la ciudad con medianera y transatlántico, el misterio de La Boca y el Riachuelo, las calles despobladas del barrio, un empedrado como definición mínima de lo porteño… Todo nos lleva a añorar con nostalgia esa ciudad que ya no existe y que quizás sólo existió en sus fotos, un tiempo pasado donde Buenos Aires era un pueblo grande sobre la llanura y albergaba sueños de futura grandeza. Más allá de la nostalgia, las imágenes perduran inalterables en su pureza, perfectas, autónomas, con una poética que trasciende su propio momento. Y lo que hace a estas fotografías tan extraordinarias es esa rara conjunción de poesía y estilo documental en imágenes profundas y de sutil geometría, ubicadas en la vanguardia del siglo XX.

Afortunadamente, todo esto fue reconocido en vida, Coppola fue homenajeado en múltiples ocasiones, declarado ciudadano ilustre de Buenos Aires, sus imágenes han sido publicadas, reproducidas y exhibidas en todo el país y en los más importantes museos y salas de toda América y Europa, muchos libros incluyen sus fotos, y él llegó a ver todo esto.

Tuvo una vida larga y fructífera. Junto con Grete Stern fueron protagonistas de la vanguardia de los años treinta, formó con ella una familia (y supo sobreponerse al tremendo golpe que fue la temprana pérdida de su hijo Andrés, y mucho más tarde, de su hija Silvia), hizo el retrato definitivo de aquella Buenos Aires deslumbrante, editó sus propios libros, desarrolló un pensamiento original en el campo de la fotografía, rodeado de sus alumnos del grupo Imagema, y encontró finalmente en Raquel Palomeque, con quien pasó la mitad de su vida, su compañera ideal: juntos compartieron conferencias, amigos, viajes, trabajos, exposiciones, y fueron una pareja entrañable.

Creo que Horacio Coppola tuvo una vida plena, conoció la felicidad y partió en paz, dejándonos como legado sus extraordinarias fotografías, sus libros, el clic de su mirada impreso para siempre en el tiempo. Para él, nuestra gratitud y reconocimiento.

*Zuviria es coautor de “Buenos Aires [Coppola + Zuviria]”, Ediciones Lariviere.

jueves, 21 de junio de 2012

Giuseppi Logan / From Tompkins Square: An Avant-garde World´s Legend Musician




Giuseppi Logan: “Terminaré mi vida tocando música”



Algunos lo creían muerto, pero el saxofonista de jazz Giuseppi Logan subsistía gracias a la mendicidad hasta que alguien lo descubrió tocando en un parque.


 
20/06/12
Por John Leland


Una mañana de primavera en el parque Tompkins Square, el viejo del saxo toca “Over the rainbow”. Después exhibe un cd con su nombre y su cara. “Soy famoso”, le dice a una madre joven que observa. “Búsqueme en Google.” La mujer mira el nombre del cd y al hombre de barba blanca. Recoge a su hija y sigue su camino. El viejo se llama Giuseppi Logan. A mediados de la década del 60, recién llegado a Nueva York del Conservatorio de New England, Boston, hizo un par de discos importantes de free jazz para el sello pionero ESP-Disk. Después desapareció durante 30 años. Ahora, a los 76, ha vuelto ayudado por un círculo pequeño de personas que cree en él y algunas herramientas del siglo XXI: un cd grabado recientemente, un proyecto en Kickstarter – website que recauda fondos para pagar el lanzamiento– y un par de docenas de videos en YouTube que cuentan la historia de su recuperación. “Mi mujer me puso en un asilo mental”, dice. “Decía que era un adicto.” Logan hace sonar un par de compases de “Summertime” y se detiene, como pensando en silencio. Dice que tomó drogas, pero nunca delante de su mujer. “Perdí todo lo que tenía”, dice.Los detalles de las décadas de Logan desaparecido se pierden en la confusión de su memoria. Su hijo Jaee, ahora de 50, recuerda que su padre volvió una noche a casa como una persona cambiada, fuera de control y con mirada salvaje. “Mi madre era una mujer de Dios y no iba a aceptar eso. Nos subimos a un ómnibus de larga distancia y huimos.” Para llegar desde el parque Tompkins Square hasta su cuarto en la calle 4 Este, Logan camina con dificultad hacia el Oeste, hasta un ómnibus de la Avenida A que se dirige al Norte, después sube a otro ómnibus en la calle 14, que va hacia el este hasta la Avenida D y dobla después hacia el Sur. Puede llevarle media hora. La mayor parte de los días, ésa es la extensión del universo de Logan. Una mañana de marzo repentinamente fría, estaba más animado que lo normal: inquieto, contradiciéndose a sí mismo de una frase a la siguiente. Su forma de tocar, lo mismo, había sido variable y abstracta, carente del sentimentalismo cálido de los días anteriores. Logan tenía puestos una campera de cuero raída y pantalones blancos sucios. “Lo que estuve tocando, ¿sonaba bien?”, preguntó, como si los sonidos de la mañana lo hubiesen sorprendido. “Anoche me quedé levantado toda la noche, riéndome. Si me hubieran visto, la gente me hubiera metido en un asilo mental. Algo me sacudió así y me hizo pensar.” Extendió los brazos como si estuviera sacudiendo a alguien por los hombros.


El edificio donde vive Logan desde marzo de 2009 lo administra una asociación sin fines de lucro llamada BRC y es para personas anteriormente sin techo mayores de 55, muchos con enfermedades mentales. Los desórdenes de él han sido identificados como esquizofrenia paranoide y dependencia de sustancias múltiples, si bien ya no consume ninguna sustancia regularmente: “Eso es porque no tengo fondos”, dice una nota en su ficha. Después de caerse y quebrarse la cadera el año pasado aceptó a una asistente de salud en su domicilio, pero lo que hizo fue llevarla al parque para que lo escuchara tocar.

Después de su primer período en un hospital psiquiátrico de Virginia, que dice que duró tres o cuatro años, vivió en las calles de Norfolk, Virginia, sin un instrumento, hasta que volvieron a internarlo. Hacia 2008, mientras vivía con su hermana en Norfolk y juntando beneficios por discapacidad, consiguió un saxo y algunos cientos de dólares y decidió regresar a Nueva York: de vuelta a la música, a la carrera que había perdido.

Suzannah B. Troy, artista y activista política, fue una de las primeras personas que reparó en él después de su llegada: una tarde de 2008, tocando en el parque Tompkins Square bajo una campera con capucha que sólo dejaba ver su barba blanca. Otra vez era un homeless , que dormía en los subterráneos o en el refugio para hombres Kingboro, en Brooklyn. Troy lo grabó en video y lo subió a YouTube. “Tocaba muy apasionadamente, y no tenía público”, dice Troy. “Sentí que yo había captado algo fascinante.” Le consiguió un abrigo gratis de Goodwill y le dio hojas pentagramadas para que pudiera componer. “Lo triste era que siempre estaba tocando con saxos destartalados, instrumentos rotos: medio como él”, dijo Troy.

Matt Lavelle, trompetista que trabaja en el negocio, dijo que conocía los discos viejos de Logan pero que lo suponía muerto. “El tipo éste entró, pidió una lengüeta y dijo que no tenía plata para pagarla”, dice Lavelle quien dijo que trata a menudo con músicos de la calle. “Al fin le dije, medio en broma, ‘¿Usted es Giuseppi Logan?’ El dijo: ‘Soy Giuseppi Logan, y voy a terminar mi vida tocando música, por eso estoy aquí.’” Lavelle contactó a otros músicos para que tocaran con Logan y empezó a buscarle trabajos. Nada resultó fácil. Logan no tenía domicilio estable y no lograba usar un celular, llevarlo a cualquier parte era un proyecto extenuante. “De lo único que hablaba Giuseppi era de que quería hacer un disco del retorno a su carrera”, dice Lavelle. “Yo no podía conseguir que ningún sello mostrara interés, ni siquiera ESP. A nadie parecía importarle siquiera.” Pero a alguien le importó. En la Fundación de Jazz de los Estados Unidos, una asociación sin fines de lucro que ayuda a músicos, Logan era una cara bienvenida. “No pueden imaginarse la cantidad de veces que encontramos gente así”, dice Wendy Oxenhorn, directora ejecutiva de la fundación. El asistente social de la organización ayudó a Logan para que entrara en el edificio BRC y le dio sábanas y toallas, junto con dinero para arreglar el saxo.

Josh Rosenthal, que dirige un sello llamado Tompkins Square, había visto un cortometraje de Logan, pero no lo relacionó con el anciano que veía tocar en el parque. Un día de 2009 inició una conversación con él. Le propuso un trato para grabar, con un adelanto de us$ 1.000. En febrero de 2010 el sello lanzó el primer álbum de Logan en 43 años. En Oakland, California, los videos de Suzannah Troy llegaron hasta Jaee Logan, que no había visto ni oído nada de su padre durante 40 años. En abril de 2010 Jaee Logan fue a Nueva York para pasar unos días con el padre.

En el parque, Logan habla de las drogas y el rol que jugaron en su vida. “Fui adicto a todo lo que te estimula la manera de pensar. vodka, gin, todo lo que estimula la mente, lo tomaba cuando podía. Necesitaba algo que me estimulara para estudiar a fondo.” Principalmente, tomaba drogas para mejorar su música. “Prefiero la marihuana”, dice. “Si fumo yerba la música se me mete en la cabeza. Cualquiera sea la música que tenés en la cabeza podés enfocarte en ella. Te amplía la mente, porque tenés una concentración profunda.” En octubre pasado, Logan fue a un estudio con un grupo de músicos experimentales. Por entonces Logan estaba recuperándose de una quebradura de cadera y necesitaba un andador para desplazarse. Para Ed Pettersen, que tocó la guitarra y organizó aquella grabación, fue un trabajo de amor. Dice que había encontrado los álbumes de Logan en una batea de saldos a mediados de los 70 y que le habían “volado la cabeza”. Ahora está tratando de recaudar us$ 6.000 en Kickstarter para lanzar la grabación nueva. Para Logan, un nuevo cd significaría otro producto para vender en el parque, otra tarjeta de presentación para entregar en los clubs . “Si hoy la gente apreciara las sinfonías yo podría ganar algún dinero, porque sé componerlas”. “He pasado por cosas embromadas, pero con la actitud que tengo ahora podría hacer algo bueno con la música. “Logan mira los cd de su maletín y luego hacia la multitud que pasa. “Venga alguien”, dice, “venga alguna buena persona, haga una pequeña donación.” © New York Times


http://www.revistaenie.clarin.com/escenarios/musica/Voy-terminar-vida-tocando-musica_0_719928038.html


martes, 12 de junio de 2012

Frank Zappa Discography / Zappa Family Trust & Universal Music: So Happy Together



Frank Zappa: Zappa Family Trust & Universal Music reeditarán  su discografía

Una gran noticia: la discografía completa de Frank Zappa va a ser reeditada en los próximos meses. Universal Music ha adquirido de Zappa Family Trust los derechos de edición de la obra del desaparecido músico y compositor.

La mayor parte de los alrededor de 60 álbumes han sido remasterizados desde las cintas analógicas originales. Los doce primeros títulos serán puestos a la venta en Estados Unidos el 31 de julio.

Zappa Family Trust, a cargo de Gail Zappa, viuda del polifacético artista, ha firmado un acuerdo con Universal, para reeditar toda la discografía de Frank Zappa, lo que supone que, a lo largo de 2012, saldrán a la venta los más de 60 discos de lka discografía oficial que publicó.

Los discos saldrán en el mismo orden en el que los lanzó originalmente la discográfica de Frank Zappa, Barking Pumpkin Records, y algunos de los masters analógicos originales han sido reeditados especialmente para esta ocasión.

Los primeros doce títulos verán la luz el 31 de julio, y el resto se irán lanzando mensualmente a lo largo de este año.

01. “Freak Out!” (1966)
02. “Absolutely Free” (1967)
03. “Lumpy Gravy” (1968)
04. “We’re Only In It For The Money” (1968)
05. “Cruising With Ruben & The Jets” (1968)
06. “Uncle Meat” (1969)
07. “Hot Rats” (1969)
08. “Burnt Weeny Sandwich” (1970)
09. “Weasels Ripped My Flesh” (1970)
10. “Chunga’s Revenge” (1970)
11. “Fillmore East, June 1971” (1971)
12. “Just Another Band From L.A.” (1972)

Frank Zappa - How Could I be Such a Fool -  Cruising With Ruben & The Jets (1968)


Frank Zappa  - Peaches in Regalia  - Hot Rats (1969)



Frank Zappa & The Mothers of  Invention - Get A Little - Weasels Ripped My Flesh (1970)



Frank Zappa & The Mothers of Invention - Happy Together - Fillmore East, June 1971

domingo, 3 de junio de 2012

Matt Elliott / The Broken Man


Matt Elliott: The Broken Man

Matt Elliott - The Broken Man © 2012 Ici D'Ailleurs.

27 de Mayo de 2012 - Pere Francesch Rom

Que Matt Elliott publique un nuevo disco atormentado y para atormentar no es novedad. Que Matt Elliott insista en los juegos en los que sólo juegan su voz y las guitarras acústicas, tampoco. Pero tampoco es novedad que Matt Elliott publique un nuevo álbum maravilloso, en el que cautiva con ese halo de dolor y angustia. Consigue crear belleza en la música triste y llega realmente hasta lo más hondo. El cantante de Bristol puede ser el mejor guía para viajes de ese estilo. Y The Broken Man, como ya indica el mismo nombre, está dedicado al hombre roto y sus armas, la profunda voz de Elliott, que recuerda en algunos momentos la de Leonard Cohen, las guitarras acústicas clásicas casi propias de Paco de Lucía o los pianos.

Los más de 11 minutos de su primer tema "Oh how we fell" son de una soledad y tristeza extremas, un momento de reposo y reflexión con un estilo ancestral. Un viaje poético a lo más profundo del alma. Sin tantos ornamentos instrumentales como el que se percibía en sus anteriores obras, Matt Elliott se desnuda en este nuevo álbum. De hecho, dejada atrás sus trilogía formada por Drinking Songs (2005), Failing Songs (2006) y Howling Songs (2008), el músico nos cuenta cómo se siente uno al quedar solo en la preciosa "Dust flesh and bones" o nos acerca a la belleza con el largo solo de piano de casi 15 minutos, acompañado brevemente por la voz de Elliott en "If anyone ever tells me that it is better to have loved and lost than to have never loved at all I will stab them in the face".

A pesar de descubrir más detalles a cada nueva escucha, éste no es un disco para oír todos los días. Sus melodías son capaces de conmover y afectar incluso a los que tienen corazón de piedra. Obviamente todas las canciones de todos los tiempos tienen la capacidad, para bien o para mal, de transformar nuestra realidad para llevarnos durante unos segundos a otro sitio. Si esa máxima se cumple siempre, en The Broken Man sucede de una forma más clara y rotunda.

http://muzikalia.com/leerdisco.php/3071/matt-elliott/the-broken-man-

 Matt Elliot - "Oh How We Fell"  - The Broken Man © 2012 Ici D'Ailleurs