jueves, 31 de diciembre de 2015

Lemmy Kilmister / Born To Lose, Lived To Win.



Adiós, Lemmy.

29 diciembre 2015

Por Juanjo Ordás 

Lemmy era una autoridad en el mundo del rock and roll. Y lo era hasta tal punto que antes de haberle podido escuchar una canción, ya sabías cómo era, qué cara tenía y cuál era su carácter. Porque era omnipresente. Seguramente antes de haberte puesto un álbum de Motörhead ya le habías visto en múltiples revistas y habías leído un par de declaraciones suyas. Sabías que cuando finalmente escucharas canciones como ‘Ace of spades’ y ‘Overkill’ te ibas a encontrar con algo real, puro y nocivo para los oídos. ¿Qué adulto o chaval no necesita eso de cuando en cuando?

Lemmy era un músico cuya música era una extensión de su personalidad. A él le gustaba lo que le gustaba y hacía lo que hacía. Era consecuente. Era sólido. Era digno.

Ahora toca pensar en qué nos ha dejado, de qué nos ha servido su obra y de qué nos servirá. Los discos de Motörhead siempre serán una oda a la liberación animal, a la brutalidad primaria pero colocadas en el presente, en las calles, en el asfalto. Las canciones de Lemmy siempre serán el cuchillo que te despellejará hasta dejarte en los huesos para saber qué tipo de animal eres. Un ritual.

Al margen de exactitudes históricas, Motörhead fue su cantera de canciones con un ritmo productivo altísimo cuyos últimos veinte años fueron dorados, volviendo a ser un trío como en su origen, pues era en el músculo a tres donde residía el encanto de Motörhead. Queda mucho que rascar en sus últimos diez discos, si es que ya se han gastado los clásicos. Podemos seguir perpetuado el ritual, aunque el shaman, chulo y guerrero ya no esté.

Siempre se le echará de menos. Descanse en paz.


http://www.efeeme.com/adios-lemmy%E2%80%A8%E2%80%A8/


Tribute to Lemmy Kilmister (1945-2015)




viernes, 18 de diciembre de 2015

Luis Alberto Spinetta / Los Amigo




La felicidad de reencontrarse con Luis

La esperada edición de Los Amigo, el disco inédito de Luis Alberto Spinetta

El material registrado de manera relajada por Spinetta, Rodolfo García y Daniel Ferrón al fin llega al disco: con un sonido jazzero que recuerda a Invisible y Banda Spinetta, Los Amigo presenta canciones que masajean el oído, el alma y el corazón.


Miércoles, 25 de Noviembre de 2015

Por Eduardo Fabregat

De pronto la voz, esa voz, aparece en los parlantes, y pone la piel de gallina: “Oye, pídele al viento que cante la canción del lugar / Con la esperanza de tu amor así / Descálzate en la luz, ya / Ya es el único día / Y ayúdame a volar de aquí / Que un ala se partió / Y debe repararse el daño / Y habrá promesas de fe / Y has de olvidar el quebranto”. Es el reencuentro con la voz y la guitarra de Luis Alberto Spinetta, y no hay muralla emocional que pueda frenar la catarata de sensaciones. Ayer, en el teatro Sony, se presentó Los Amigo, el disco con canciones registradas en La Diosa Salvaje por Luis, Rodolfo García en batería y Daniel Ferrón en bajo, grabado en sólo dos sesiones en marzo de 2011 y atesorado hasta mañana, cuando vea la luz en la Noche de las Disquerías. Un álbum que no fue pensado como tal, pero que tiene una cohesión y un sentido interno que convierten al proceso de producción en un mero detalle.

“Canción del lugar” es, entonces, una de las ocho estaciones del viaje al último Spinetta, en un proyecto relajado y sin compromiso que nació, según contaron García y Ferrón, de la simple búsqueda de tocar sin objetivos a la vista, juntarse a tocar por el placer nomás. Dante, Catarina, Valentino y Vera Spinetta participaron activamente del proyecto, al cual se sumaron los teclados del Mono Fontana y Claudio Cardone y un par de participaciones de la Orquesta Kashmir, con arreglos del mismo Cardone. La magia de Mariano López en la consola hizo el resto: Los Amigo (nombre sugerido por Aníbal “La Vieja” Barrios, histórico asistente y stage manager de Luis, cuando el original Los Titos quedó descartado por la existencia de otro grupo con ese nombre) vienen a reclamar su justo lugar en la discografía del Flaco.

La asociación es inevitable: desde el mismo comienzo de “Apenas floto”, el track de apertura del disco, la oreja viaja a las tonalidades y el ambiente sonoro de Invisible y la Banda Spinetta, con Luis al comando de una guitarra limpia y de impronta jazzera (una Gibson Les Paul 1962 suministrada por Ricardo Mollo), bien sostenida por un soberbio trabajo de base de García y Ferrón. “Ya no pretendo que me digas adiós / Ya que es muy tarde / y es así como la vida viene y va”, cierra el Flaco, y se lo escucha comentar “Bastante feliz, ¿eh?”, y no hay tiempo de procesar semejantes palabras porque ya suena “Iris”, el tema dedicado a Ana Spinetta que oficiará como single de difusión, y cuenta con una versión de grupo y otra de Spinetta solo con guitarra y orquesta. Una canción deliciosa, que se instala de inmediato en la conciencia, donde queda resonando la frase “Te pido, Iris, ten piedad de mí”, con una cadencia de alto contagio: una excelente carta de presentación para masajear corazones spinetteanos.

Lo que sigue es el primer instrumental, y otro de los picos altos del disco cuya portada fue dibujada de manera digital por el propio Luis. En la conferencia de prensa de ayer, García habló de los fotógrafos que se ofrecían puerta a puerta para sacar esas típicas fotos de bebés de los años idos, que ponían en una sola serie varias poses del rostro del niño. Con esa imagen nació “El cabecitero”, que combina los relajados tempos de Invisible con arranques a lo Santana, y que sirve como enésima demostración de las cualidades de Luis como guitarrista. Algo similar se percibe en otro instrumental, “El gaitero”, con un indescifrable ritmo irregular que deja flotando un relajado leitmotiv circular: en esos sonidos puede percibirse lo que los músicos y familiares de Luis pusieron en palabras, la simple felicidad de un tipo tocando entre amigos, sin más objetivo –y nada menos– que honrar el acto de conjurar a la música.

Los arranques más rockeros, en tanto, llegan en dos temas cantados: “Bagualerita”, originalmente compuesto en honor a Leda Valladares, presenta el sonido de viola más distorsionado de todo el álbum, mientras Spinetta canta sobre el “árbol, cruz sin brazos de hombre” y las murallas que se van quebrando “roca por roca”. “Canción del lugar” es, si se quiere, el apunte más cercano a discos como Pan y Un mañana. Con Cardone en los teclados, la canción recorre esa reconocible y personalísima armonía spinetteana, antes de caer en una coda puntuada por un riff alla Socios del Desierto que pone otra cumbre en el paquete de canciones. Lo último que se escucha es un track oculto, “Río como loco” con espíritu de zapada y el aporte de Valentino en piano Rhodes, y con una historia que ayuda a entender también el espíritu de este disco: según contaron en la charla que siguió a la escucha del disco, a la hora de cerrar el track los Spinetta estaban pensando en una melodía posible para una guitarra... y de pronto descubrieron una pista de voz con Luis tarareando las mismas notas. En esa charla hubo algunas otras referencias a esa suerte de guía que brindó el Flaco desde las mismas cintas de ese marzo 2011. Dante habló de su asombrada satisfacción al abrir pistas perfectamente terminadas en una sola toma; Ferrón y García aludieron a un tema en el que, una vez terminada la toma, se escuchaba a Luis decir “listo, esto queda así, incluido”. Los compañeros del Flaco en la aventura destacaron una y otra vez que la misma ausencia de objetivos formales contribuyó a la frescura del proyecto, con canciones terminadas en una toma y sin sobregrabaciones. Ante la pregunta de cuán difícil –o no– había sido para la familia internarse en este material, Catarina abundó: “Tuvimos que esperar un tiempo lógico, un tiempo interno de cada uno. Para nosotros es un momento fuerte de unión, y teníamos que hacerlo... por ahí nos costó pero llegó un momento en el que dijimos ‘tenemos que meternos en el estudio a escuchar la música de papá’, y fue fuerte encontrarse con todo esto. Pero lo hicimos en el momento en que tenía que ser. Por supuesto que sentimos que nos acompaña, que nos guía, y la manera en que fluyó el trabajo fue porque él ha estado acompañándonos. Sin dudas”.

De eso se trata: aunque la ausencia física siga siendo una espina en el alma, la sorpresa de un disco nuevo se realza con la comprobación de que no se trata de un rejunte de descartes o un capricho traído de los pelos. “Tal vez en la distancia atroz ya no pueda regresar”, canta él mismo en “Iris”. Pero estas canciones seguirán generando el milagro de que Luis Alberto Spinetta, autor de tantas páginas gloriosas del rock argentino, siga siendo puro presente.


http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/7-37307-2015-11-25.html


Luis Alberto Spinetta / Los Amigo (2015)


sábado, 12 de diciembre de 2015

Frank Sinatra / 100th Birthday Commemoration


1915-2015: Centenario de Frank Sinatra


Cuando llueve en nuestro corazón

¿Qué voy a contar de Sinatra que no hayan descrito sus múltiples biógrafos?. Lo que conecta con mis sensaciones más perdurables.

Carlos Boyero 11 Dic. 2015 - 20:07 ART

Cualquiera medianamente enterado sabe que el mundo del siglo XX, sus descubrimientos mas trascendentes, el cambio sobre verdades que parecían inalterables, los misterios del subconsciente, la eterna historia del mundo entre poderosos y débiles y la revolución contra ideas fijas mediante la teoría de la relatividad los protagonizaron tres hombres de raza judía (no puede ser casual, es el pueblo elegido por la inteligencia y la capacidad de supervivencia, y quiero imaginar que nadie sería más crítico que ellos, que estas mentes geniales, con las impunes barbaridades del sionismo) llamados Freud, Marx y Einstein. Y habrá diferentes criterios sobre quienes alimentaron el alma de tanta gente, pero resulta diáfano que un tal Picasso, literatos asombrosos que exigirían una lista excesiva para una crónica de periódico, pioneros de esa cosa maravillosa llamada cine como Keaton y Chaplin, o músicos que expresaban multitud de sentimientos compartidos con sus composiciones o con esos milagros que pueden crear unas voces, hicieron un poco más soportable o ilusionante el siglo del horror, el de las dos guerras mundiales más devastadoras que testifica la historia del universo.

Hablemos de cantantes. De esa gente capaz de transmitir las fibras más íntimas del receptor, cada uno de su padre y de su madre, por múltiples y diferentes motivos. ¿O son siempre los mismos, afectan de igual forma a un esquimal y una genuina y cultivada criatura de Oxford o de Harvard? En primer lugar habría que investigar si los esquimales tienen acceso el tocadiscos, la radio, los múltiples contactos de Internet. Pero estoy seguro de que si escucharan la voz de unas damas llamadas Edith Piaf y Billie Holiday o de unos tipos apellidados Morrison y Sinatra a lo mejor explicaban su tristeza, su alegría, sus anhelos de amor, su melancolía, su acuerdo con la vida, su desacuerdo, las emociones al límite expresadas con inconfundible belleza.

Y hablemos de esos poetas que primero escriben lo que sienten, imaginan o simulan, ajustan cuentas con los hallazgos, deseos, abandonos, tormentas, epifanías (odio este término desde que los farsantes modernos o posmodernos se han apoderado de él) que les ha deparado su problemática existencia, hablan de sus sensaciones más profundas, de sus conquistas y sus pérdidas, del anverso y el reverso de su espíritu. Lo escriben en su intimidad y lo cantan para ese público tan agradecido y cómplice. Me refiero a varios de los grandes poetas del siglo XX: Brassens, Ferré, Brel, Vinicius de Moraes, Cohen, Dylan, Waits, Conte, Dalla, Jiménez, Jobim, Veloso, Buarque, Battiato, Sabina, Serrat y otros que imperdonablemente olvido. Escribían lo que pensaban y sentían (nunca se sabe en qué estado etílico, sobrio o de droga dura) y lo vomitaban en un escenario o en un estudio de grabación.

Aseguran que Sinatra cumpliría hoy cien años. ¿Y qué voy a contar de él que no hayan descrito sus múltiples biógrafos? Solo lo que conecta con mis sensaciones más perdurables. O sea, que aunque no hubiera escrito ninguna de sus canciones, es tan genial que las hace suyas, que marcan la personalidad de un hombre que según su mentiroso testimonio no vendía voz sino estilo (el estilo es grandioso, pero es fraseo, esa voz de seda puede transmitir todos los estados de ánimo), que era un gánster y un político que podían ser tenebrosos pero que fumaba, bebía y vestía como los dioses (con permiso de Bogart y de Mitchum), con un tono que te arrullaba, exaltaba, hacía soñar, lamía tus heridas, seducía, consolaba, emocionaba, enamoraba.

Y nadie ha narrado mejor que él lo que ocurre cuando finalmente llueve en tu corazón, ni lo que puede pasar entre desesperados y extraños que se conocen en la noche, ni en los sueños rotos que cobran especial importancia en setiembre, ni en la arrogancia cuando el final está cercano de haber hecho las cosas a tu manera, ni de que muchas veces las cosas que más te afectan se joden por una tontería (es más complicado, no es verdad), ni de que encontrarás tu lugar en el sol en la feroz y siempre viva Nueva York, ni de tantas emociones que habitan en nuestra sensibilidad, ni de la necesidad de amar y ser amado, aunque estés de regreso de todas las felices o torturadas vueltas. Y brindo por usted, el mago, la seducción, la profesionalidad, el sentimiento, la amargura, la ilusión.


http://cultura.elpais.com/cultura/2015/12/11/actualidad/1449862887_162406.html


Frank Sinatra - It Was a Very Good Year (1965 TV Live Show)