viernes, 30 de octubre de 2009

Luis Alberto Spinetta / La Entrega Total


El flaco anunció su noche soñada.

"Spinetta y las Bandas Eternas".En una conferencia de prensa el músico detalló como será el show que hará en Velez el 4 de diciembre, con muchos músicos y sus clásicos.

Por Eduardo Slusarczuk (Clarín)

"Esto es una entrega total, devolviendo el amor que la gente a estas bandas todo este tiempo". Así definió Luis Alberto Spinetta a Spinetta y las bandas eternas, el concierto que dará en Velez el 4 de diciembre, que trazará un recorrido por las bandas que integró y lideró, junto a los músicos que lo acompañaron durante sus cuatro décadas de carrera.

Pero el músico, que aprovechará el show para festejar por anticipado los 60 años que cumple en enero, aclaró que el concierto no solo está pensado con la noción de que sea una reunión de "músicos impresionantes". "Sino también - explicó - sobre la noción de que estoy en una época de entrega total final. Y poder hacer de mi parte algo importante, que no solamente el lirismo, los tonos y al música sean el eje de mi cuestionamiento, mis ansias e inclusive mis intenciones y tambien mis inspiraciones para crear. Sino que además estoy sostenido por una familia hermosa, por amigos inseparables, una bella mujer, y es el momento de una entrega total".

En ese sentido, destacó la intencion de "linkear el show con las organizaciones "Conduciendo a Conciencia" "Fundación para el transplante hepático", "Red Solidaria" y "Asociación Amigos del Alma", gente positiva que ayuda en serio". Una especie de equipo en el que incluyó a León Gieco para quien reclamó un Oscar al Mejor Documental de la historia, por su película Mundo Alas.

No casualmente, Spinetta prologó la conferencia de prensa realizada en el Teatro 25 de Mayo de Villa Urquiza, con una canción dedicada a los padres de la tragedia de Santa Fé ( del Colegio Ecos), y para expresar su pena " porque la justicia no se hizo cargo de una persona que no debió haber estado en un micro a la hora de la colisión, pasandose al otro carril, salvando así su vida y mandando al cielo a un monton de pibes". Una causa que asumió como "interminable" para el.

En la vereda opuesta de las sensaciones confesó su alegría por haber participado del concierto que el viernes marcó el regreso de Charly Garcia a la escena de la música.

Metido de lleno en "Spinetta y Las bandas Eternas" , el cantante remarcó que no hay una idea de réditos. " El rédito es la música, el poder compartir con tantos talentos una noche espectacular, que será por unica vez", dijo.

La cuestión detalló, es poder mirar hacia atrás, tantos años de cariño, " de esos cariños interminables". Y habló de los sueños que venian latiendo, que incluian tocar "aquellas músicas".

" Es un proyecto nacido del amor por las guitarras, del respeto a la música, a la trayectoria de estos músicos", monologó antes de cerrar. " Y por otro lado quería confesarles que hago esto porque no se me ocurren más temas nuevos".

A la hora de las preguntas, contó que asiste a una mezcla de sensasiones. " Volver a encontrar esos acordes y estar con músicos que son impresinontes , y que suenan bien todos es impresionante", reconoció, al resaltar que poder hacerlo es más que un lujo.

Anticipó que la idea del recital, será partir del presente y avanzar hacia el origen, que incluye el trabajo de otros artistas fundamentales de nuestro rock, que justificará la presencia de invitados que no formaron parte de las bandas.

Un itinerario que promete equilibrado, " con la justa proporción para cada banda. En ese punto, mencionó su "eterno cariño" por alguna canción en especial que no quiere dejar de tocar. " Pero hemos tratado de ir a los bifes. A aquellos temas que de cada banda hicieron que la gente se acuerde. En general vamos a darle a la gente lo que pide. Los estamos eligiendo tambien, en función de que no sean alardes de complejidad, como en alguna época de Jade, sino de utilizar el material de mayor contenido musical y lirico posible" , explicó.

Compositor que, como se dice por estos días, constantemente pone en valor la palabra. Spinetta advirtió sobre la posibilidad de que se piense, que hoy la palabra tenga menos valor.

"Para mi no - remarcó-. Estamos en un mundo en el que la palabra se desprecia de manera muy vil. Pero eso no quiere decir que no haya novela, filosofía, cine, música.

"Es interminable la cantidad de palabras bien dichas que hay por encima de las nefastas. Desgraciadamente, palabras con mucho poder pueden ser muy breves. Decir suelten las bombas puede ser tan breve como decir te amo".

Luis Alberto Spinetta - A Starosta el idiota

viernes, 23 de octubre de 2009

Thelonius Monk / Misterioso Mr. Monk

Thelonious Monk, en su retiro.

ANTONIO MUÑOZ MOLINA 24/10/2009

Desde la ventana de la habitación que abandonó muy pocas veces en los últimos años de su vida Thelonious Monk veía el río Hudson y el perfil entrecortado de Manhattan. Cada mañana se vestía escrupulosamente con sus trajes bien cortados, sus grandes zapatos, sus calcetines y sus corbatas a juego, como si tuviera que acudir a alguna cita en la ciudad, y a continuación se tendía en la cama, y se pasaba el día mirando el techo, o se incorporaba sobre los almohadones doblados para mirar la televisión. Su programa favorito era la versión americana de El Precio Justo. El pianista Barry Harris, que vivía en la misma casa, y que ensayaba en una sala próxima, se asomaba a veces a la habitación de Monk y al verlo inmóvil y formal encima de la cama pensaba que parecía un muerto en su ataúd. La casa estaba en Nueva Jersey y había pertenecido al director de cine Joseph von Sternberg. Su dueña era ahora la baronesa Pannonica de Koenigwarter, que llevaba años dedicando su vida y su fortuna a proteger a músicos de jazz, y que en 1955, en su apartamento del hotel Stanhope de Nueva York, había acogido a Charlie Parker, enfermo y desahuciado. Mientras la baronesa Pannonica le preparaba algo de cena o una bebida Parker estaba en el sofá mirando un programa cómico que le gustaba mucho. Se le paró el corazón en medio de un ataque de risa.



Ahora Pannonica o Nica vivía retirada en Nueva Jersey en compañía de sesenta gatos y desde 1976 tenía como huésped a Monk, que llevaba todo ese tiempo sin tocar el piano, sin hacer nada, sólo levantarse cada mañana y vestirse y volver a tenderse en la cama recién hecha para mirar al techo o volver los ojos hacia la ventana en la que se recortaba cada día la silueta azulada o diluida en la niebla de la ciudad en la que había crecido y pasado la mayor parte de su vida, y a la que no iba a volver, teniéndola tan cerca. Le gustaba a veces dejar la puerta entornada para escuchar a Barry Harris tocando el piano. También se daba algún paseo por el bosque cercano a la casa. Cuesta imaginar a Thelonious Monk caminando por un sendero en un bosque, grande y solo, incongruente con su traje de ciudad y su falta de costumbre de frecuentar la naturaleza, alguien crecido en las calles peligrosas del West Side de Manhattan, aclimatado muy pronto a la tiniebla de los clubes, los callejones, las esquinas nocturnas. Caminaría con una torpeza urbana agravada por la enfermedad, con algo de sonambulismo, con la mirada ausente y la expresión ensimismada, atento tal vez a los rumores del viento en las hojas y a los cantos de los pájaros, él que había tenido desde niño un oído tan sutil para la música, y que ahora parecía haber dejado de necesitarla. Cómo sería ir por uno de aquellos senderos y encontrar de pronto a Thelonious Monk, con su mirada fija y bovina, quizás con un sombrero o un gorro estrambótico, si es que no había prescindido también de esa costumbre, la de coronar su figura con un tocado en el que siempre había algo de pagoda o de bonete o solideo de alguna orden monacal, de un sacerdocio absurdo que él hubiera adoptado con la misma seriedad con que Buster Keaton se empeñaba en sus tareas imposibles.


Algo de imposible hubo siempre en la música de Monk, una cualidad tortuosa y chocante que durante muchos años desconcertó a quienes la escuchaban y que todavía mantiene el filo de su novedad. La pulsación de una sola nota basta para identificarlo. Delicadeza y disonancia se superponen provocando ondulaciones sonoras que duran en los espacios de silencio. Con cuatro o cinco notas ya se ha establecido una melodía que tiene una parte de dulzura y otra de burla y de tentativa en el vacío. Cuando Monk era un adolescente pasó dos años acompañando al piano a una predicadora evangelista ambulante, una de aquellas iluminadas que daban sus sermones en graneros o en pobres salones de alquiler en los pueblos segregados del Sur y enardecían a los fieles con el fuego de una oratoria bíblica que se convertía sin transición en canto africano de llamada y respuesta. El joven Monk acompañaría los himnos tocando harmonios o pianos viejos sin afinar a los que les faltaban teclas y observaba de cerca la perduración de los ritmos y las melopeas clamorosas venidas de África, mezcladas con la herencia musical europea en una aleación que era el río originario del negro spiritual, el blues y el jazz. Años después, cuando ya era un músico conocido, sus estridencias y sus invenciones sonoras no se alejaron nunca del tronco de los blues, y sus lentas danzas de oso sobre el escenario mientras los otros seguían tocando tenían algo de ritual antiguo y posesión, como de trance de iglesia baptista.


Otros se extenúan en vano queriendo lograr a base de aspavientos y de imposturas algún simulacro de originalidad. Thelonious Monk no se pareció nunca a nadie. Creció en la digna pobreza de la clase trabajadora negra que emigraba desde el Sur agrario, atrasado y racista a las capitales industriales del Norte y siguió siendo pobre, con periodos cortos de relativo bienestar, hasta el final de su vida. En un pequeño club de Harlem, Minton's Playhouse, en los primeros años cuarenta, empezó a tocar como no lo había hecho nunca nadie, pero el crédito por la gran transformación del jazz que tardó mucho todavía en llamarse bebop se lo llevaron sobre todo Charlie Parker y Dizzy Gillespie, mientras él permanecía en la pobreza y en la sombra. Parker y Gillespie lo trastornaron todo acelerando al máximo la velocidad y exagerando el virtuosismo: Monk prefirió la apariencia de sencillez, las lentitudes contemplativas. Inventó una música en la que otros brillaban más que él y una estética personal que se convirtió en moda: la boina, las gafas de sol en plena noche, la perilla de cabra. Jugaba al tenis con la misma destreza desconcertante y versátil con que tocaba el piano y cuando tenía algo de dinero preparaba cazuelas de espaguetis con albóndigas. A las personas que quería -su primer amor, Ruby, su mujer, Nelly, su hijo Toot, su hija Bo Bo- les dedicó pequeñas baladas llenas de una ternura como de canciones de cuna, hechas con un arte tan meticuloso, tan liviano, como acuarelas de Paul Klee.
Robin D. G. Kelly le ha dedicado ahora una extraordinaria biografía, Thelonious Monk, The Life and Times of an American Original. La mejor manera de leerla es escuchando de fondo los discos de Monk, sintiendo en cada nota del piano, como en una sesión de espiritismo, una presencia que el paso de los años no desdibuja. Pero cuando acaba la música y uno cierra el libro la presencia no cesa. El silencio también tiene que ver con Thelonious Monk, que eligió recluirse en él al final de su vida, estragado por la enfermedad y el agotamiento: un silencio que según él decía es el ruido más estruendoso que existe en el mundo.

http://www.elpais.com/articulo/portada/Thelonious/Monk/retiro/elpepuculbab/20091024elpbabpor_6/Tes
Thelonious Monk: Blue Monk (Oslo, April 1966)

martes, 20 de octubre de 2009

Ronnie Scott's Jazz Club / Soho London


La 'capilla sixtina' del jazz

El club londinense de Ronnie Scott cumple 50 años convertido en leyenda

PATRICIA TUBELLA - Londres - 19/10/2009

El británico Ronnie Scott, él mismo un virtuoso del saxofón, estaba convencido de que un local pequeño, sin grandes pretensiones y probablemente atiborrado de humo, era el mejor escenario para capturar el espíritu del jazz, la espontaneidad de las improvisaciones y, en sus propias palabras, "la humanidad del músico". Y no iba desencaminado cuando abrió un garito en el Chinatown londinense, ahora hace 50 años, por el que acabaron desfilando los más grandes del género, leyendas como Ella Fitzgerald, Dizzy Gillespie, Sarah Vaughan o Dexter Gordon, entre una nutridísima nómina, que convirtió el club Ronnie Scott's en la meca europea del jazz, su capilla sixtina.

El establecimiento, que cumple este mes sus bodas de oro, se trasladó hace algunos años a la calle Frith Street del vecino Soho, arranca sus sesiones a las seis de la tarde (y no a las diez como antaño) y, en virtud de las nuevas leyes, tiene vetado el paso al vicio de los fumadores. Pero todo lo demás sigue intacto, las lamparitas de luz tenue sobre las mesas, el impresionante despliegue de fotos de míticas figuras del jazz y ese ambiente íntimo que sigue atrayendo a músicos de primera fila, aunque su entorno habitual en los nuevos tiempos suela residir en las grandes salas de conciertos.



Porque el Ronnie Scott's es un pedazo de la historia del jazz, la casa de tantos músicos que a lo largo de cinco décadas protagonizaron también un impagable anecdotario. Como el día en que Nina Simone, agobiada por su retraso, se abrió paso entre el público y, con el abrigo todavía puesto, comenzó su actuación. O aquella noche en que Sonny Rollins, finalizada su sesión magistral de saxo, pidió permiso para quedarse a trabajar en una de las mesas del auditorio: cuando abandonó el local, entrada la mañana, ya había compuesto la banda sonora de la película Alfie (1966).

Fruto de la obsesión de Scott y de su colega saxofonista Pete King por replicar en Londres el ambiente de los clubs de jazz neoyorquinos que recorrieron a finales de los años cuarenta fue un primer establecimiento (Club Eleven) que se saldó en fracaso. Ambos se volcaron en sus respectivas carreras hasta que, en 1959, lo intentaban de nuevo en un pequeño sótano de Gerrard Street, un escenario en el que apenas había espacio para un cuarteto.


Las restricciones de los sindicatos no permitían por aquel entonces la visita de músicos procedentes del otro lado del Atlántico, pero Scott consiguió superarlas a base de negociaciones, abriendo con ello su local al estreno en Europa de una procesión de artistas americanos. Bill Evans, Stan Getz, la orquesta de Buddy Rich, Chet Baker, Carmen McRae y una lista tan interminable como famosos los rostros que empezaron a dejarse caer por el club (desde Judy Garland a los miembros de los Beatles), aunque nunca recibieron un trato distinto al de cualquier modesto aficionado. Si el jazz ya no es visto como un espacio elitista en el Reino Unido, en parte se debe al Ronnie Scott's.

Su instigador, programador y director tocaba regularmente con quintetos y sextetos, que incluían los mejores músicos de jazz británicos. Fue en este mismo local donde, por ejemplo, Miles Davis descubrió al británico Dave Holland, uno de los gigantes del contrabajo. Ronnie Scott -cuyo verdadero nombre era Ronald Schatt- también solía ejercer de maestro de ceremonias, con introducciones en las que siempre se colaba algún chiste de su repertorio. "Tendrían que haber estado en el club el lunes pasado. Un tipo telefoneó para saber cuándo empezaba la sesión y le respondí '¿A qué hora puedes llegar?", bromeó en una ocasión sobre los sobresaltos financieros que siempre le acuciaron y que, en los años ochenta, forzaron a buscar nuevos socios. Ronnie Scott murió en 1996 a los 69 años y un tiempo más tarde su compañero Peter King vendía el negocio a la empresaria teatral Sally Greene, que ha volcado sus esfuerzos en preservar el legendario club como un punto ineludible en el mapa de los apasionados del jazz.

http://www.elpais.com/articulo/cultura/capilla/sixtina/jazz/elpepucul/20091019elpepicul_5/Tes

http://www.ronniescotts.co.uk/

sábado, 17 de octubre de 2009

Miles / Cité de la Musique / París France

Miles Davis recibe homenaje en la Cité de la Musique de París

La gran figura del jazz protagonizará una muestra presentada en 800 metros cuadrados, la cual está dividida en secuencias temáticas que, cronológicamente, ilustran los diferentes períodos de su carrera .

EFE El Universal París, Francia
Viernes 16 de octubre de 2009

09:35 El genial trompetista estadounidense Miles Davis, gran figura del jazz, recibe un homenaje en una exposición que abre sus puertas en la Cité de la Musique de París y que incluye varios conciertos en su recuerdo.

La muestra, toda una declaración de intenciones bajo el título "We want Miles" ("Queremos a Miles"), el nombre de uno de sus álbumes, busca redescubrir a la gran leyenda del jazz a pocos metros de la Gran Sala de La Villete, donde ofreció uno de sus últimos conciertos el 4 de julio de 1991.

Presentada en 800 metros cuadrados, la retrospectiva está dividida en secuencias temáticas que, cronológicamente, ilustran los diferentes períodos de la carrera de Miles Davis (1929-1991).

Más de 500 piezas del artista, algunas mostradas por primera vez al público, han sido reunidas para la ocasión, como películas inéditas, partituras manuscritas (de Gil Evans, Wayne Shorter o Herbie Hancock, entre otros), así como un conjunto excepcional de trompetas de diferentes épocas.

También se exhiben documentos originales procedentes de los archivos del productor Teo Macero, trajes que Miles usó sobre los escenarios, fotografías firmadas por grandes artistas como Anton Corbijn, además de pinturas de Jean-Michel Basquiat y del propio Davis, en un afán por ilustrar la música del estadounidense.

La primera sala de la muestra sumerge al visitante en la oscuridad, donde se funde la quebrada voz del virtuoso saxofonista con su imagen omnipresente, proyectada en bucle sobre pantallas.

El paseo propuesto por el comisario de la exposición, Vincent Bessières, ofrece una sucesión de espacios centrados en las diferentes etapas de uno de los grandes renovadores del jazz, junto a otros músicos como Charlie Parker o Marcus Miller.

El Miles más acústico invade otra sala dedicada a uno de sus períodos más destacados comprendido entre 1944, cuando llegó a Nueva York, y 1967, cuando alumbró "Kind of Blue" (1959), el disco más vendido en la historia del jazz.

También está representada su etapa más psicodélica y eléctrica de 1968, momento en el que el jazz sufría las embestidas del aplastante rock y el músico encontró la vía del "jazz electrificado", que materializó en su disco "In a silent way" (1968).

En la etapa previa a su retirada por motivos de salud en 1974, Davis prefirió una música abstracta, a medio camino entre el jazz y el funk, en la que evolucionó no sólo su sonido, sino también su estética, desde los trajes de franela a los pantalones de campana de los años setenta.

La labor de Miles Davis para despertar la conciencia negra se recuerda en un espacio en el que se pueden observar las pinturas psicodélicas de Marti Karwein y los dibujos coloreados de Corky McCoy.

Paralelamente a la muestra en la Cité de la Musique, dos ciclos de conciertos retratarán las etapas más decisivas del músico, que llegó a ser calificado como "el Picasso del jazz".

El primero de ellos, "We Want Miles", incluye seis recitales y dos jornadas de proyecciones de filmes a finales de octubre, y el segundo "We want more Miles" ("Queremos más Miles"), tres conciertos en diciembre.

Serán citas con antiguos colegas de Davis como el saxofonista Wayne Shorter y los baterías Jack DeJohnette y Jimmy Cobb, que junto al trompetista Wallace Roney recordarán el famoso "Kind of Blue".


http://www.eluniversal.com.mx/notas/633738.html
http://www.cite-musique.fr/minisites/0910_we_want_miles/main.aspx
http://culture.france2.fr/musique/dossiers/58093651-fr.php

"We Want Miles" - Cité de la Musique à Paris

viernes, 16 de octubre de 2009

Tom Waits / Glitter & Doom Live Album


Tom Waits publica un disco de directos

El cantante lanzará el próximo mes un álbum doble llamado 'Glitter & Doom Live' que reunirá 17 temas grabados en su último tour estadounidense y europeo

ELPAÍS.com - Madrid - 13/10/2009

Tom Waits lanzará el próximo mes un disco doble llamado Glitter & Doom Live que reunirá 17 temas grabados en directo en su último tour estadounidense y europeo, según informa la discográfica Pías.

Ninguna de las canciones incluidas en el CD fue grabada en los dos únicos conciertos que Tom Waits ofreció en España dentro de la gira del 2008 Glitter & Doom. Sí se adjuntará otro disco, llamado Tom Tales, que recoge 40 minutos con las historias que el músico contó en sus directos. Singapore, Get behind the mule, Falling down, I'll shoot the moon o Green grass, son algunas de las 17 canciones que incluye Glitter & Doom Live .

A la expectación alrededor de un nuevo lanzamiento de la leyenda viva del rock, que no saca un disco desde 2006, se añade la ceremoniosa promoción de la discográfica. Para Pías las letras del cantante son "visionarias", sus ritmos "cenagosamente tribales" y su voz nada menos que "chamanística". Calificativos rimbombantes hasta cuando se le dedican al talento de Tom Waits.

En los temas del álbum, el músico se convierte en un hombre muerto que canta a su viuda, un convicto que pronuncia sus últimas palabras, un tragaespadas o un pirata jactancioso. El lanzamiento tendrá su versión en vinilo y vendrá acompañado de la creación de la web oficial del músico también presentada por su discográfica prácticamente como un acontecimiento histórico-,que ve la luz hoy.

martes, 13 de octubre de 2009

Daniel Johnston / Entre Dios y Satán

ENTREVISTA EXCLUSIVA CON DANIEL JOHNSTON


JOHNSTON & JOHNSTON


ESTE MUSICO NOTABLE QUE FUE DIAGNOSTICADO CON UN TRASTORNO BIPOLAR GRAVE ES UN MITO VIVIENTE DE LOS AÑOS ’90 Y HA CONQUISTADO FANS COMO DAVID BOWIE, TOM WAITS, BECK, PEARL JAM Y EL CREADOR DE LOS SIMPSON, MATT GROENING, AUNQUE TODO EMPEZO CON KURT COBAIN DE NIRVANA CUANDO SE PUSO UNA REMERA CON LA TAPA DE UN DISCO SUYO. EL MARTES SALIO A LA VENTA EL DISCO IS AND ALWAYS WAS, DESPUES DE SEIS AÑOS DE SILENCIO. “TOMO DEMASIADAS PASTILLAS”, DICE JOHNSTON... ¡DESDE UN AVION!


Por Facundo García


El tipo es el centro de un sistema solar delirante que él mismo supo inventarse. A su alrededor giran pinturas, fotos de los Beatles, un piano, guitarras y cigarrillos; todo impulsado por la batalla eterna entre Dios y Satán. No es tan importante que los médicos le hayan diagnosticado un trastorno bipolar grave, o que hayan creído conveniente recomendar su encierro en hospitales neuropsiquiátricos: los temas de este gordo –que anteayer estrenó Is and always was, el disco con el que rompe un silencio de seis años– se afirman por su propio peso, y han conquistado fans como David Bowie, Tom Waits, Beck, los Pearl Jam, el creador de Los Simpson, Matt Groening, y todo empezó con Kurt Cobain de Nirvana. Otro tanto pasa con sus ilustraciones, que se exponen en galerías de Europa y Norteamérica. El hombre detrás de la leyenda se llama Daniel Johnston. Le dicen Dan el loco. O el siniestro. O el eterno enamorado. O el genio.


Daniel responde la entrevista del NO durante un viaje en avión. Lo que no deja de ser un riesgo, ya que en una ocasión, mientras volaba en avioneta, se le ocurrió imitar a su ídolo, el fantasma Gasparín. Se apoderó de los controles, apagó el motor del aeroplano y tiró las llaves por la ventana. Estaba convencido de que iba salir flotando entre las nubes. La anécdota está documentada en la película The Devil and Daniel Johnston (El diablo y Daniel Johnston de Jeff Feuerzeig, ‘05), e increíble como suena, no es más que un episodio en la serie de subidas y bajadas que han conducido al promisorio presente de este mito indie.

Nadie hubiera apostado ni un choripán a que ese cerebro atormentado sobreviviría los ‘90. Sin embargo, Johnston está en el mejor momento de su carrera. Con CD recién sacado, anda programando giras y mantiene un ritmo parejo como ilustrador. Y sigue ahondando, como de costumbre, en obsesiones que van del amor platónico al uso del eructo como recurso expresivo.


–Hiciste más de treinta discos. ¿Tenés algún secreto para seguir componiendo?

–Si pienso, compongo. Para mí es un instante en el que conquisto la felicidad. Cuando por algún motivo no me sale la música, empiezo a deprimirme. Los períodos sin componer son catastróficos: he llegado a pasarme una semana fumando continuamente, sin levantarme de la cama. No quiero que eso se repita nunca.


–Da la impresión de que tenés una confianza extraordinaria en vos mismo. ¿Cómo hacés?

–Tomo demasiadas pastillas.



“El sol no brilla en tu televisor”

Uno de los caminos para entrarle a Johnston es aprovechar sus canciones para analizar aquello que por fiaca o estupidez se dejó de lado. Los métodos para entretenerse en los velorios, el amor, el sentido que tienen los estribillos en la existencia humana, etcétera. Sus allegados saben cómo es el juego: nacido en una familia cristiana ultraconservadora de Texas, Daniel se las arregló para revolucionar su hogar desde muy chico. Papá y mamá empezaron a preocuparse por aquel muchacho que se enfrascaba con la misma excitación entre las teclas del piano y las historietas del Capitán América. “¡Sos un siervo inútil de nuestro Señor!”, le gritaba su vieja, indignada, mientras él registraba con un grabador esos reclamos para incluirlos en las mezclas caseras que paso a paso convertía en composiciones. De ese primer período es Historia de un artista, donde aseguraba que “lo mejor de la vida es gratis / los pájaros cantando y las abejas que se ríen / el artista sabe que (los demás) están equivocados / y que el sol no brilla en sus televisores”.


Al final de la secundaria, la fiebre Beatle le sacudió el piso, aunque el terremoto no fue tan fuerte como el que produjo el contacto con su musa, Laurie Allen. La piba, una compañera de la facultad muy bonita, contribuyó para que el amor fuera una de las constantes de su obra: “El amor es como la sal. Si le prestás atención, te vas a dar cuenta de que tiene sabor. Pero tenés que estar atento. Es como cuando condimentás una comida, un ingrediente puede hacerte feliz”, arriesga Dan. Lamentablemente Laurie ya tenía novio. El rival –que se dedicaba al negocio funerario– finalmente le sopló la chica. Fue un golpe de knock out. Pero antes de tocar el suelo, Daniel alcanzó a manotear las cuerdas del arte.

Aún le quedaban los Beatles, claro. No es que los copiara: directamente estaba convencido de que era uno de ellos. En una nota con el periodista estadounidense Rich Tupica, Johnston comentó las consecuencias de su vínculo con el cuarteto de Liverpool: “La primera vez que oí sus discos era un zoquete. Cuando me puse a coleccionar sus LPs fue distinto. Empecé a encarar a las chicas copiando el acento inglés y eso”. O sea, “era como haber develado un secreto, completa Johnston, que ha ido alternando su favoritismo por cada uno de los Fab Four, dependiendo de sus vaivenes anímicos. “Hoy me siento más cercano a George”, añade, sin que el avión en el que se traslada dé señales de estar sufriendo inconvenientes.

En el campus de la universidad se hizo patente que la estructura psíquica de Daniel se asemejaba a un laberinto sembrado de bolas disco, así que tuvo que regresar con su familia. Pionero de la autopromoción, seguía grabando en casetes vírgenes, dibujaba las tapas e iba repartiendo demos lo-fi a quien se entusiasmara con su propuesta. Los fans aseguran que muchas veces, cuando le pedían nuevas copias de su trabajo, se ponía a registrar los temas de nuevo y uno por uno en lugar de usar una doble casetera y reproducir el original. “Creo en lo que te da cada minuto –cuenta, en su etapa post-DVD–. He vivido demasiado como para negar la inspiración. Una vez que me largo sobre un papel con la guitarra o el piano cerca, siento que empiezo a expandirme. Y cada vez es irrepetible.”

En 1985 estaba trabajando full time en McDonald’s. Su equilibrio mental pendía de una hilacha. La MTV fue a la ciudad de Austin –donde Dan residía– para emitir desde ahí un programa denominado The Cutting Edge (El límite), y aunque él no estaba incluido en la grilla, se coló entre las cámaras y dijo: “Hola, éste es mi primer disco. Se llama Hi, how are you? Cuando lo hice tuve una crisis nerviosa”. La prensa local se quedó pasmada frente al “adulto-nene” que derrotaba continuamente los límites que le imponía su propia timidez. “La mayoría –define el artista, retrospectivamente– mata su infancia en la búsqueda de ser perfecto. Empiezan a dejarse llevar por pensamientos horribles que anulan el amor que traían dentro. Y por esa falta de amor se les muere el niño. Dejan de hacer lo que les gusta.”


El bajón en la segunda mitad de los ‘80 fue atroz. Lo que arrancó con unos porritos siguió con sustancias más pesadas y eso, en alguien con problemas mentales, es dinamita. Arruinó fiestas familiares, casi le rompe la cabeza a su manager tras tomarse un ácido, y amenazó repetidamente con la llegada de Satán. Pasó 1987 absolutamente medicado, y siguió desbarrancando hasta que una madrugada se metió en un edificio dando alaridos contra el diablo. Una jubilada que estaba descansando en su dormitorio se asustó tanto que se tiró por la ventana y quedó con heridas permanentes. Era la primera postal de otra siniestra temporada en el manicomio.

En los albores de la nueva década lo invitaron a retornar a Austin para actuar frente a tres mil espectadores. Lo acompañó su papá, que no se inquietó ante la sospechosa tranquilidad de Dan. Cuando ambos iban regresando en avioneta a West Virginia, donde vivían, el compositor flasheó que era Casper y consiguió llegar a los controles para detener la hélice y “dar un paseo por las nubes”. Zafaron milagrosamente: unos árboles acolchonaron el porrazo, por lo que sólo tuvieron que curarse los moretones. “No juegues a las cartas con el demonio”, avisaba Daniel en una de sus letras de esa época. ¿Sería capaz de seguir su consejo?


Ser estrella y estrellarse

En 1992, Nirvana se presentó en los MTV Music Awards y la pudrió. Harto del mainstream, Kurt Cobain hizo percha un amplificador, mientras el bajista Krist Novoselic caía al piso aturdido luego de arrojar su instrumento al aire y atajarlo con la frente. En medio del quilombo –búsquenlo en YouTube, es una joya– puede verse al rubio de Seattle usando una pilcha que se transformó en acertijo entre los fans. Meses antes, el vocalista/violero había escrito en su diario: “Me gusta infiltrarme en los mecanismos de un sistema, haciéndome pasar por uno de ellos para luego empezar a corromper lentamente el Imperio desde adentro”. En aquel descontrol, Cobain llevaba, debajo de su camisa, una llave con la que confiaba hackear la industria aunque fuera por un rato.

En el centro de su remera se veía, estampada, la tapa del disco Hi, how are you? Jeremiah –la “rana inocente”, que junto con Joe “el boxeador al que le falta un cacho de cabeza” es un sello distintivo de Johnston– se movía al ritmo de los acordes finales de Lithium. Y resulta que pasaron los días y Kurt no se cambiaba las pilchas. Hacía notas, figuraba en la tele, completaba sesiones fotográficas. Cada vez más curiosos se preguntaban qué significaba esa rana.


Por su parte, Daniel había recaído en un hospital. No tenía noción de quién carajo eran los Nirvana. Las discográficas, no obstante, ya rastreaban su paradero para sacar rédito económico del suceso. Lo querían convertir en una estrella, una posibilidad que le encantaba. Le ofrecieron editar un disco y sacó Fun, su versión más accesible para oídos no acostumbrados a su estilo. Vendió menos de seis mil copias, y Atlantic Records –la empresa que lo había contratado– decidió prescindir de sus servicios.


El sueño había sido fugaz. Para colmo, esta vez Kurt Cobain no iba a poder ayudarlo. Un escopetazo suicida había roto toda comunicación posible. Johnston siguió comiendo, fumando, dibujando, componiendo y perdiendo dientes. Su reino interior seguía tan activo como siempre, y por más que el reconocimiento no volviera a tocar a su puerta, le quedaba el consuelo de anticipar que “cuando nos volvemos famosos en el cielo / no hay razón para dudar o preguntarse por qué / (pero) nuestras porciones de torta siempre tienen crema” (When we all Become Famous in the Sky, White Magic, 2004). Entonces lo vino a visitar ese tal Jeff Feuerzeig. Quería hacer un documental sobre su vida.


Canciones de amor y funerales

The Devil and Daniel Johnston se estrenó en 2005. Teniendo en cuenta las características del género, puede decirse que fue un éxito. Miles de fans de distintos continentes se toparon con esta rara flor del jardín rockero, y encima el día del estreno invitaron a Laurie, la mujer a la que estaban dedicadas tantas horas melodiosas. La mina fue: ¡parecía que las canciones que se burlaban de los entierros y le declaraban amor eterno habían rendido frutos, porque hasta se había separado del sepulturero!


El video del encuentro está disponible en la web. Muestra un abrazo emocionado entre el poeta y su musa. ¿Y qué fue lo primero que el seguidor de Casper sugirió cuando la tuvo enfrente? Casamiento inmediato. Laurie, un poco contrariada –después de todo, sólo la habían invitado a un estreno cinematográfico– tiró la pelota afuera. De cualquier manera fue una escena que debe haber inspirado a Johnston para sus próximas dos o tres reencarnaciones. En la conversación del avión, el músico corta por lo práctico: “Ultimamente lo que me interesa es que vengan chicas lindas a los shows y ya”.


–¿Y por qué creés que tu relación con el público se mantiene?

–No lo sé. Me doy cuenta de que efectivamente vienen a verme porque por lo general suele ser la condición previa al show (¿!).


–Una vez cantaste que “en el cielo todos nos volvemos famosos”. En realidad, cielo e infierno son asuntos a los que te referís constantemente. ¿Cómo los imaginás?

–Es simple. El cielo y el infierno son espacios donde vivir. El año pasado conseguí mudarme a una nueva casa, al lado de mis padres, en Waller, Texas. Estar ahí es similar al cielo.


A sus cuarenta y ocho años, Johnston vuelve al ruedo con Is and always was (“Es y siempre fue”). No lo entusiasma ponerse la dentadura postiza para cantar, su condición de diabético insulinodependiente lo obliga a empezar a cuidarse con el morfi y su mano izquierda tiembla como nunca. Igual se para, orgulloso, y ofrece lo que tiene para transmitir. “Había estado guardando este material por mucho tiempo. De hecho, en un principio quería que el título del CD fuera Always was (‘Siempre fue’). No obstante, ponerlo en pasado resultaba demasiado frío. ¿Y sabés qué? Cada vez me estoy poniendo todavía más Beatle. Jason Falkner, el productor con el que trabajé esta vuelta, participó en el disco de Paul McCartney, Chaos and Creation in the Backyard. Imaginate, es un beatlemaníaco. Supongo que eso hizo que pegáramos buena onda.”



¿Qué encanto tiene este antigalán que se olvida de sus hits? En un universo en que la distancia entre el rock y Palito Ortega se acorta cada vez más, pensar que Johnston está usando el arte para elaborar pedazos de su paraíso personal no deja de sonar heroico. Habla poco, de a dos o tres oraciones y prefiere definirse con fórmulas sencillas. Pero no caretea ni ofrece lo que no está dispuesto a dar, y esa honestidad se percibe con contundencia.


Su recién estrenado CD se puede descargar de la red y se enmarca en una racha positiva que también ha dado como frutos la edición de The Angel and Daniel - Live at the Union Chapel –el DVD de un concierto en vivo– y varias novedades vinculadas con la ilustración. En febrero se editó la primera colección de sus obras visuales, y la marca Converse lanzó un modelo especial de zapatillas con motivos diseñados por su pluma. Es más: por si no fuera suficiente con la aparición del avatar de Cobain –remera de Hi, how are you? incluida–, en el Guitar Hero 5 acaba de darse a conocer un videojuego para iPhone e iPod Touch en el que hay que conducir a la célebre ranita de Daniel a través de varias plataformas. “Y yo ni siquiera sé qué es un iPhone”, se divierte él.


A la lista de proyectos de suma una biopic que está dirigiendo David Miller. Johnston lo confundió durante semanas con Steven Spielberg: “¡Es que nunca me dijo que no fuera!”, se justifica. “Quiero que el film enseñe cómo las personas pueden resucitar en sus emociones y pensamientos. Contar que todos aquellos que están para atrás, deprimidos, locos o consumiendo basura, pueden correrse de esos castillos de arena”, agrega.

–Aquí en Sudamérica te empiezan a conocer un poco más. ¿Alguna recomendación especial para tus fans?

–¿Qué? ¿¡Este avión está yendo a Sudamérica!? ¡Pero a mí nadie me dijo!

–No, no... La entrevista es para la Argentina, que queda en Sudamérica.

–Ah, menos mal. Me encantaría ir. Allá la marihuana es legal, ¿no?

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/no/12-4311-2009-10-13.html

Daniel Johnston - True Love Will Find You In The End

jueves, 1 de octubre de 2009

Tango / Patrimonio de la Humanidad


Milonga que va borrando fronteras

La comisión de expertos de la Unesco reunida en Abu Dhabi, capital de Emiratos Arabes Unidos, hizo lugar a la candidatura presentada en conjunto por Buenos Aires y Montevideo, que “comparten el nacimiento, la tradición y la pasión por el tango”.

Por Karina Micheletto

Ya es un hecho: el tango fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, según la decisión que tomó ayer por la madrugada (hora local) la comisión de expertos de la Unesco reunida en Abu Dhabi, capital de Emiratos Arabes Unidos. La candidatura fue presentada conjuntamente por Buenos Aires y Montevideo, porque ambas ciudades “comparten el nacimiento, la tradición y la pasión por el tango”, según detalló en un comunicado la embajada argentina en Abu Dhabi. La ciudad prepara una celebración para este fin de semana, con milongas abiertas en San Juan y Boedo, de las que participarán argentinos y uruguayos como Susana Rinaldi y Rubén Rada. Del otro lado del río, mientras tanto, Montevideo organiza un concierto de la Orquesta Filarmónica en la explanada de la Intendencia.

En la reunión de la Unesco en Abu Dhabi se presentaron 111 candidaturas, de las cuales quedaron 76 a consideración. Dado que las solicitudes se tratan en orden alfabético, según el país que hizo la presentación, el tango fue el primer caso a tratar y votar. La decisión fue tomada por la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, adoptada en 2003, que “contempla el cuidado y preservación de tradiciones y expresiones orales, festividades, técnicas artesanales, músicas, danzas o espectáculos tradicionales”, considerando que “constituyen un patrimonio vivo que, transmitido de generación en generación, infunde un sentimiento de identidad entre quienes lo practican, elemento esencial para el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana”. De eso, dijeron los expertos de la Unesco, se trata el tango.

¿Y qué significa exactamente que el tango pase a ser Patrimonio Cultural de la Humanidad? Que como tal deberá ser protegido y promovido y que deberán implementarse las políticas públicas tendientes a lograrlo. Y que además, claro, existirá una “chapa” más para presentar al mundo esta potente –y efectiva– marca de identidad. El ministro de Cultura de la ciudad de Buenos Aires, Hernán Lombardi, que siguió el tema y los primeros festejos desde la remota Abu Dhabi, sintetizó: “Es un homenaje a todos los que sostuvieron al tango durante mucho tiempo, a aquellos que en su tradición oral fueron relatando y contando la poesía y la danza de generación en generación. Significa también un reconocimiento y a la vez un compromiso para seguir fomentando la difusión del tango en sus diferentes estilos y estimulando la producción a través de concursos de música, canto, baile y poesía”.

Hasta el momento, la Convención de la Unesco para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial distinguió 90 formas de expresión y espacios culturales en 70 países. Entre estos “patrimonios culturales” del mundo figuran tradiciones y expresiones orales –incluido el idioma como vehículo del patrimonio cultural inmaterial–, diversas artes del espectáculo, usos sociales, rituales y actos festivos, técnicas artesanales tradicionales. Para que el flamante patrimonio argentino pudiera alcanzar categoría de tal, Lombardi y su par uruguayo, el escritor Mauricio Rosencof, hicieron una presentación con un título que ya llevaba implícita una declaración: “Tango, un arte musical, coreográfico, poético y corporal sustentable. Un siglo de una forma de expresión artística inalterable, auténtica y profunda del Río de la Plata”. Al presentar la candidatura también hubo una cita a Borges y su “Milonga de los Orientales”: “Milonga para que el tiempo vaya borrando fronteras, por algo tienen los mismos colores las dos banderas”.