lunes, 21 de septiembre de 2009

Clint Eastwood / Lo que sé


Por Clint Eastwood

Cuando uno envejece, deja de tenerle miedo a la duda. La duda ya no te controla. Uno se saca de adentro esa agonía. ¿Qué te pueden hacer después de que cumpliste setenta años?

Hay que guiarse por la primera impresión. Como dijo Jerry Fielding: “Llegamos hasta aquí, no lo arruinemos pensando”.

Mi padre tuvo un par de hijos al principio de la Depresión. No había mucho trabajo. No había ayuda del Estado. La gente apenas salía adelante. La gente era mucho más dura y resistente entonces.

Vivimos en una generación mucho más maricona, donde todo el mundo se acostumbró a decir: “Bueno, ¿y cómo manejamos esto psicológicamente?”. En aquellos días, solamente le dabas un puñetazo al que te molestaba y te lo sacabas de encima. Incluso si el tipo era mayor y te podía empujar, al menos se te respetaba por enfrentarlo, y a partir de entonces te dejaban tranquilo.

No puedo decirte exactamente cuándo empezó la generación maricona. A lo mejor cuando la gente se empezó a preguntar sobre el sentido de la vida.

De haber sido más disciplinado, me habría dedicado a la música.

Uno se pregunta a veces, ¿qué haríamos si pasa algo realmente grande? Miren qué rápido, sólo siete años, y la gente ha sido capaz de olvidar el 11 de septiembre. Quizá lo recuerden los que perdieron a un pariente o a un ser querido. Pero nadie se olvidó rápido de Pearl Harbour.

Recuerdo haber comprado un viejo hotel en Carmel. Entré en el ático y vi que todas las ventanas estaban pintadas de negro. “¿Qué está pasando acá?”, les pregunté a los anteriores dueños. Me dijeron que pensaban que los japoneses navegaban frente a la costa durante la guerra.

En El sustituto traté de mostrar algo que rara vez se ve estos días —un chico sentado mirando la radio—. Sólo sentado frente a la radio, escuchando. Tu mente hace el resto.


Recuerdo haber visitado una cascada gigante en un glaciar de Islandia. La gente estaba ahí sobre una plataforma de roca para verla. Estaban con sus chicos. El lugar no estaba cerrado, sólo había un cable que prohibía pasar de un determinado punto. Me dije a mí mismo: “En Estados Unidos tendrían un cerco a prueba de huracanes, porque tendrían miedo a ser demandados y recibir la visita de un abogado”. Allí la mentalidad era como solía ser en EE.UU. en los viejos tiempos: si te caés es porque sos estúpido.


No se puede evitar que las cosas sucedan. Pero en Estados Unidos lo intentamos, ciertamente. Si un auto no tiene cuatrocientas bolsas de aire adentro, entonces no sirve.

Tuve un tema con la municipalidad. Fui y me encontré a una mujer sentada ahí tejiendo, nunca levantaba la vista. Yo pensaba: esto no puede ser. Cuando te eligieron para un cargo público, al menos tenés que fingir que te interesa lo que va a reclamar la gente.


Fui intendente de Carmel para asegurar que las palabras “servidor público” no fueran olvidadas. El hecho de que no necesitara serlo me hizo pensar que podía hacer más. La gente que me resulta sospechosa es la que lo necesita.


Alguien como Barack Obama era inimaginable cuando yo era chico. Count Basie y muchas grandes bandas venían a Seattle cuando era yo era joven. Podían tocar en el club, pero no podían frecuentar ni ser clientes del lugar.

Uno debería llegar a conocer a alguien realmente, realmente ser un amigo. Mi esposa es mi mejor amiga. Seguro, ella me atrae de todas las maneras posibles, pero ésa no es la respuesta. Porque me he sentido atraído por otra gente, pero después de un tiempo no pude soportarlas más.

Tengo hijos de otras mujeres que no son mi esposa. Tengo que darle el crédito a Dina por reunir a todos. Nunca tuvo el rollo de ego de la segunda esposa. Tiene una relación amistosa con mi primera esposa y con mis ex novias. Ha sido extremadamente influyente en mi vida.

No soy uno de esos tipos que han sido terriblemente activos en las religiones organizadas. Pero no les falto el respeto. Nunca trataría de imponerle mis dudas a otra persona.

Los chicos te enseñan que uno puede sentirse humilde ante la vida, que puede aprender algo nuevo todo el tiempo. Ese es el secreto de la vida, realmente, nunca dejar de aprender. Es el secreto de una carrera. Sigo trabajando porque aprendo algo nuevo todo el tiempo. Es el secreto de las relaciones: nunca creer que se tiene todo.

Los chicos que se hacen piercings, en la cara, en la lengua: ¿qué tipo de masoquismo es ése? ¿Es para demostrar que pueden soportarlo?

Estábamos haciendo En la línea de fuego y John Malkovich estaba en lo más alto de un edificio y me tenía en una situación muy precaria. Mi personaje está enloquecido y saca un arma y la entierra en la cara de John, y John rodea con la boca el cañón del arma. No sé qué tipo de símbolo loco fue ése. Ciertamente no ensayamos nada como eso. Estoy seguro de que él no lo pensó cuando lo estábamos practicando. Solamente estaba ahí. Como cuando Sir Edmund Hillary habla sobre por qué se hacen las cosas: porque están ahí. Por eso se escala el Everest. Es como un pequeño momento en el tiempo, y tan rápido como entra en tu cerebro, uno lo arroja y descarta. Hay que hacerlo antes de descartarlo. Así es como el arte verdadero tiene una oportunidad de entrar en juego.
Así respondió en diciembre Clint Eastwood a la célebre sección “Lo que sé” de la revista norteamericana Esquire.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Nick Cave / La vida no culmina limpiamente.


Entrevista a Nick Cave.

Sexo, muerte y fantasía.


BRENDA OTERO 12/09/2009


"Todo lo que escribo está visto tras un prisma de violencia", confiesa Nick Cave. El músico australiano publica su segunda novela, una comedia antiheroica de humor lacerante con un personaje lascivo que sueña con cantantes y modelos mientras se dirige al abismo.


Largo se ha debatido sobre el rol de los cantautores como poetas. Si llevan la lírica contemporánea al gran público. Si las letras rock pueden alcanzar la categoría de poesía. En el caso del australiano Nick Cave, no hay dudas. En sus más de tres décadas en el panorama musical con formaciones como The Birthday Party, The Bad Seeds o Grinderman ha sido autor de 14 álbumes, construyendo un universo poético de fugitivos, diluvios, pistolas, asesinos enamorados y dioses vengativos. A la vez ha publicado una recopilación de sus letras. Ha escrito narrativa y firmado guiones cinematográficos. Ahora, publica su segunda novela: La muerte de Bunny Munro (Global Rhythm).


Como avisa el título, la novela cuenta la historia de un tipo condenado desde el primer párrafo. Bunny Munro es un vendedor de cosméticos a domicilio, que tras la muerte de su mujer se lanza con su hijo a la carretera. Durante su delirante viaje intentará seducir y desplumar a sus clientas.
"Todo lo que escribo está visto tras un prisma de violencia" dice Cave, serio. "Incluso si hago una canción sobre una pareja en una pradera llena de flores, está visto desde la perspectiva de una consciente ausencia de violencia. Somos criaturas violentas. Siempre ha sido así y siempre lo será. No estamos nunca lejos de la agresión". La muerte de Bunny Munro, pese a los destellos de humor y su inherente tristeza, no es una excepción: "El personaje es violento y misógino", corrobora.


La cita tiene lugar en la oficina de Cave, en las inmediaciones de la ciudad costera de Brighton, al sureste de Inglaterra. Se trata del sótano del edificio donde vive con su mujer, Susie Bick, y dos de sus cuatro hijos. Allí se encierra cada día a trabajar, siguiendo un estricto horario de oficinista. Y el entorno, al contrario de lo que se pueda imaginar, es perfectamente manso. En el pasillo hay cajas de cartón rebosantes de porcelana antigua. En la habitación, decorada con papel pintado, hay un piano, dibujos infantiles, compactos de Bob Dylan, DVD de la serie televisiva The Wire. Desde las ventanas se ve el mar. Cave, de 51 años, reflexiona antes de contestar, es pálido y de figura severamente alargada. Sentado en su escritorio de madera sorbe una taza de té con leche y juega con un cigarro liado. Lleva la camisa abierta, que deja ver un caprichoso colgante de oro y piedras verdes, a juego con los gemelos.

Sólo contados detalles punzan la domesticidad: los inquietantes cuadros de gatos de Louis Wain, un artista que terminó sus días en una institución mental. Alguna película de Lars von Trier. Y los cambios de tono de Cave, que a ratos es solemne o irreverente.


Cave ha publicado La muerte de Bunny Munro veinte años después de Y el asno vio un ángel, su debut narrativo. "En este tiempo, gracias a los guiones, he aprendido a sostener la escritura y mantener una idea coherente. Mi segunda novela no parece escrita por un compositor de canciones con un poder de concentración limitado. Y el asno vio un ángel sí lo parece. Algunos capítulos son muy buenos, pero como conjunto tiene problemas".

Mientras preparaba la edición revisada de su primera novela, sus editores le propusieron escribir otra. Entonces se acordó de un guión que le había encargado su amigo el director de cine John Hillcoat, con el que ya había colaborado en el western australiano La proposición. No recaudaron suficiente dinero para rodar la película y el guión se quedó en un cajón: "Queríamos hacer algo de calidad, no una de esas malas películas inglesas", apunta soltando una carcajada. El guión constituyó el esqueleto de la novela.

El vía crucis de Bunny Munro discurre entre hostales de mala muerte, barras de bar y viviendas sociales. Un paisaje diferente al que Cave creó para Y el asno vio un ángel, que transcurría en un imaginario pueblo del sur de Estados Unidos, un valle envenenado por la hipocresía, la crueldad y el fanatismo religioso. Esta vez, Cave sólo tuvo que mirar por la ventana para encontrarse con personajes tragicómicos, vulgares y excepcionales como Bunny Munro.


"Por Brighton ves mucha gente maravillosamente excéntrica y sórdida. Hay un fenómeno subterráneo de estos vendedores, que beben mucho e intentan acostarse con sus clientas. Y aunque no se note en la novela, me gusta este lugar. Su playa, su arquitectura. Se habla de su gloria desvaída pero a mí todavía me parece muy hermoso".


Cave describe su infancia como "maravillosa". Creció en la libertad en el campo australiano, con un padre profesor de literatura de la escuela local, una madre bibliotecaria y tres hermanos: "A los 12 años salíamos borrachos a cazar conejos. Era algo normal en Australia: que los chicos salieran de caza. Ahora se me rompe el corazón pensando en los animales que disparé".


Cuando tenía 19 años, su padre falleció en un accidente de tráfico. A partir de entonces Cave asegura que ha intentado llenar su vacío escribiendo: "No lo hago conscientemente pero este evento se filtra en toda mi obra; también en este libro".


Cave es padre de cuatro hijos. Ha expresado su arrepentimiento por no haber estado presente en los primeros años de uno de ellos. Hoy mantiene con todos una buena relación. La reflexión sobre su rol como padre y como hijo enciende los contados resplandores entre la miseria de la novela. El hijo de Bunny Munro sigue a su padre hasta su convulso final. No importa que no le preste atención, caiga en el ridículo, no tenga escrúpulos, que tome decisiones de consecuencias desastrosas. "Tengo dos hijos gemelos de 9 años, la misma edad que Bunny hijo. Es una edad preciosa, en la que quieren a su padre incondicionalmente. Esa situación cambia. A los 11 o 12 años empiezan a verte de diferente manera", confiesa.


Cave bebe de "estilistas de la prosa" como Nabokov o John Updike. Pero en la crudeza, las resacas y la obsesión por el sexo del personaje que ha creado Cave resuenan las historias de Bukowski. Y precisamente uno de sus libros reposa en la biblioteca de Cave.

"Esto no debería estar aquí", responde lanzando el libro al otro lado de la habitación. "Le considero un poeta de mierda. Cada vez que voy de gira, los chicos (del público) se acercan después del concierto y me regalan libros de Bukowski. Vuelvo a casa con una maleta llena", continúa. "Soy partidario de la separación del poeta y su obra. En cambio, él llena las páginas de sus cosas. Encuentro irritante la manera en la que quiere convertir su pobre existencia en algo heroico. Y es horripilantemente sentimental".


Con rabieta contra Charles Bukowski Cave quiere demostrar que su concepción del arte se aleja de lo confesional. Un intento de disuadir a los que hurgan en sus versos más crípticos para sacar conclusiones. "Compongo canciones narrativas. Escribo historias de personajes y me resulta difícil hacer algo diferente. De esta manera, puedo separarme de mi escritura, verlo desde fuera. He pasado periodos en los que compuse canciones muy personales -como las del álbum The Boatman's call- y me siento incómodo con ellas. Revelan demasiado sobre mí y no son inclusivas con otros músicos de la banda. Esto no quiero decir que no sean obras personales, sólo que la cara íntima está oculta".

Cave escribió La muerte de Bunny Munro en apenas seis semanas, durante las horas muertas de la gira con The Bad Seeds. Tecleando de noche o de madrugada en habitaciones de hotel, en el autobús, en aeropuertos o taxis.


Y el asno vio el ángel le llevó tres años. Vivía en Berlín y a pesar de su adicción a la heroína y sus penurias económicas, trabajaba sin tregua: "Me sentaba en el escritorio día y noche. Dormía en el sofá y al día siguiente empezaba de nuevo. Ahora lo tengo bajo control. Para mí siempre ha sido difícil mantener el trabajo bajo control y trabajar un número razonable de horas cada día".


El lenguaje -febril, rico, arcaico- es una prioridad para Cave. La flexibilidad anglosajona le anima a acuñar términos propios. En sus cuadernos apunta arcaísmos, términos esotéricos y palabras que llaman su atención. Trabaja con un tesauro: "Siempre habrá una palabra más acertada". Su fascinación por el lenguaje es sobre todo patente en Y el asno vio el ángel, donde reproduce la voz de un joven mudo, que cree tener línea directa con dios. "El personaje no hablaba y no utilizaba el lenguaje de manera práctica. Ésa fue mi excusa para utilizar un lenguaje particularmente difícil, para permitirme cualquier cosa". En su segunda novela se propuso controlar su cornucopia lingüística. "Mi editor me ayudó porque me suelo entusiasmar demasiado (en la primera versión de su novela de debut no contó con un editor)".

Cave busca que la lectura de La muerte de Bunny Munro se acometa de manera tan directa como se escribió: "Es una novela de aeropuerto y se lee de una sentada", comenta medio en broma. Pero para el artista, el lenguaje es algo más que un divertimento: "Es nuestra manera de comunicarnos con dios", dice mirando al suelo. "Mis creencias cambian continuamente; sin embargo, creo que como humanos tenemos que plantearnos la cuestión de su existencia. Podemos hacerlo mediante el lenguaje. La cuestión sobre la existencia de dios me es irrelevante. Es el intento por comprender lo que me parece más interesante. Lo último que deseo es que haya pruebas de que dios no exista. Todo sería muy aburrido".

Cave se ve esencialmente como un músico. Considera que su trabajo está enraizado en la tradición del folk y del blues. "Siempre vuelvo a John Lee Hooker, Skip James o Howlin Wolf. De ahí sale gran parte de mi inspiración".

En 1998 impartió una lección sobre las canciones de amor en la Academia de Poesía de Viena. En ella, aseguraba que una buena canción de amor debe tener una "tristeza inexplicable que alberga en el corazón de ciertas obras de arte". Es fundamental que albergue la saudade o el duende que describe Lorca: "Amo la poesía de Lorca y veo el duende como indefinible. No tenemos una palabra en inglés para ello. No es melancolía, o desolación, es algo que se puede moldear de diversas maneras", aventura.

Puede que imparta lecciones en la materia, pero a Cave componer canciones le da más quebraderos de cabeza que la narrativa. "Escribir canciones me es más difícil. Es incierto. No sabes si vale hasta que la cantas en el disco. He escrito versos malos que son bellos de escuchar, y al contrario. He escrito letras buenas que han resultado malas canciones. Es algo abstracto que provoca ansiedad. Con una novela es diferente, sabes que has escrito una buena frase y punto. Ejerces tu control".

Bunny Munro busca tenaz y persistentemente el sexo mecánico, fabricado con retales de películas porno, lo que le va enfilando hacia el precipicio. "Parece interesado en el sexo, pero no lo está", aclara Cave. "Está huyendo. Ese tipo de gente escapa épicamente del amor y la intimidad".

En las fantasías de Bunny se cuelan rostros de la cultura popular: cantantes como Kylie Minogue y Avril Lavigne, modelos como Kate Moss. "Bunny no tiene imaginación sexual", afirma Cave. "Sólo piensa en la vagina. Y en un buen día puede imaginarse la vagina de una celebridad de segunda. Está inmerso en el mundo real y en toda la basura que absorbemos".

En la última página del libro el autor pide disculpas a Minogue -con la que colaboró musicalmente en el pasado- y a Lavigne: "De parte de mi personaje", puntualiza, para que no se crea que ha dado escape a las fantasías que le hierven en la cabeza.

"Para mí siempre hubo una maravillosa tensión en lo que Kylie hace. Es clara e inocente, pero en alguna de sus canciones hay un plano oscuro que la mayor parte de la gente no capta". En el libro, Cave describe una de las canciones de Minogue como "una oda a la sodomía": "No hace falta un gran salto de la imaginación para realizar esa conexión", justifica. "Sólo puse en palabras lo que todo el mundo pensaba".

¿Y por qué incluyó a la lolita punk Avril Lavigne en la odisea de Bunny? "Es guapa, me gusta su canción Skater boy, su éxito fue transitorio y era alguien que me apetecía describir. En el libro es objeto de una obsesión demente y me preocupa que lo considere una intrusión. Espero que me perdone. Si ella escribiera un libro sobre mi pene no me molestaría".

En las últimas páginas del libro, Cave parece dejar una puerta abierta a la redención de Bunny. El artista, en un principio, lo niega: "No quería contar una típica historia de redención: en la que el personaje se comporta mal, pero se arrepiente y finalmente es redimido. Bunny no busca el perdón. Muere rápido y eso es el final. Su pequeño lapso buscando redención, antes de morir, es inútil. En un escenario deliberadamente hortera, similar al de un plató de televisión. No creo que los humanos tengamos que enfrentarnos a nuestros pecados. Y la vida no culmina limpiamente. No estamos junto a nuestros seres queridos para decirles lo que les queremos". De repente, Cave duda: "De alguna manera, Bunny Munro sí se redime. Tiene el amor de su hijo. Ésa es su salvación".


martes, 15 de septiembre de 2009

Chet Baker / Let's Get Lost

La voz del ángel desdentado.

Llega a España el mítico filme de Bruce Weber sobre Chet Baker.

ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS - Madrid - 15/09/2009


No era fácil seguir los pasos por el mundo de Chet Baker, aunque lo realmente difícil era no querer estar a su lado. Trompetista desdentado con voz de ángel, yonqui errante amante de los coches caros y las mujeres bellas, Chet Baker era un mito escurridizo. Le perseguían demasiadas leyendas, algunas gloriosas, otras innombrables. A mediados de los años ochenta Bruce Weber -ya entonces convertido en uno de los mejores fotógrafos de moda del mundo- fue a retratarle para incluir al músico en una exposición que preparaba para el Whitney Museum. Aquella sesión se convirtió en un viaje de más de dos años y en una película, Let's Get Lost. Uno de los documentales más hermosos de los que hay noticia, un genial retrato en blanco y negro nacido de la fascinación por un hombre con el que era demasiado fácil perderse.


Weber presentará mañana en La Casa Encendida de Madrid aquella película, que se estrena por primera vez, 22 años después, en salas comerciales españolas el viernes. Además, un ciclo recuperará su singular filmografía. "Es inevitable, mis películas nacen de la fotografía, es una limitación pero también me permite una libertad extraña. No me atengo a las reglas del cine, en realidad no hay reglas, no son canciones pop o de rock & roll con principio y fin. Son como el jazz, nunca sabes a donde te va a llevar", explica el fotógrafo desde su casa de Nueva York.


Let's Get Lost es en realidad el segundo filme de una trilogía que empezó con Broken noses y que se cerrará con el documental que sobre Robert Mitchum mantiene inédito. "Va de tipos duros, sobre hombres como aquellos que conocí de niño en la granja donde me crié. Llevamos años con la película de Bob [Mitchum] pero nos ocurre lo mismo que con la de Chet. A nadie le interesa. Demasiado dinero para ¡un musical de Robert Mitchum!".


Weber recuerda que el actor aceptó hacer la película después de ver Let's get lost y después de varios años de rondar Weber por su puerta. "Era un tipo duro de verdad, y un terrible pesimista, siempre de mal humor, tenía una voz maravillosa pero él se enfadaba si se lo decías. Me recordaba tanto a aquellos hombre mayores de mi familia. No había ninguna mujer que después de conocerle no quisiera saber más de él al día siguiente. Le gustaban las mujeres y los dulces, y yo solía pasarme por su casa de Santa Bárbara a saludarle con una tarta y acompañado de Christy Turlington, o de otras modelos... ¡Y claro, así me fue tomando simpatía!"


Let's Get Lost se terminó en 1987, unos meses después de que la vida de Chet Baker se precipitara desde una ventana de un hotel de Ámsterdam. "Estábamos en la sala de montaje cuando nos llegó la noticia. Durante varios días no pudimos volver al estudio. Luego seguimos, sin hablar, sin comentar lo ocurrido, pensando en la belleza que Chet nos había regalado. No teníamos idea de si lo que habíamos hecho era bueno, malo o regular, nadie apostaba un duro por nosotros. Pero seguimos adelante".

Para Weber la enorme capacidad de seducción de Chet Baker nacía de su "inocencia". "No podías dejarle pasar, querías vivir a su lado". La extraña inocencia de un hombre que asegura que el día más feliz de su vida fue cuando se compró su Alfa Romeo S.S y que el peor fue aquél en el que perdió a golpes todos los dientes. "De todas sus historias, falsas o reales, la de su dentadura siempre fue la más terrible e incómoda". Le arrancaron una a una las piezas de su boca en un ajuste de cuentas del que nunca contó toda la verdad. Durante seis meses Baker fue incapaz de coger la trompeta y aquel incidente abrió la mayor grieta en su carrera musical. Tres años en la cuneta, hasta que Dizzie Gillispie volvió a llamarle para que actuara en Nueva York.


El Chet Baker de Let's get lost ya no es el joven James Dean del jazz de las fotografías de William Claxton pero en toda la película no hay un asomo de sordidez. "Suelen preguntarme donde está la belleza y yo nunca sé muy bien qué responder. Yo siempre veo belleza a mi alrededor, quizá ese es mi don. Hace años Larry Clark, el director de la maravillosa Kids, me dijo algo que nunca he olvidado, que él nunca se permitía reírse de nadie. Me gustó esa idea y desde entonces la hice mía. No sé qué es la belleza, sé qué es el respeto".

http://www.elpais.com/articulo/cultura/voz/angel/desdentado/elpepicul/20090915elpepicul_3/Tes

lunes, 7 de septiembre de 2009

Nick Cave / The Death of Bunny Munro


La lascivia de Nick Cave

El músico australiano publica la novela, La muerte de Bunny Munro (Global Rhytthm), una comedia antiheroica de sexo y muerte.

W. M. S. - Madrid - 07/09/2009

"Bunny parece interesado en el sexo, pero no lo está. Está huyendo. Ese tipo de gente escapa épicamente del amor y la intimidad", así describe Nick Cave al protagonista de su nueva novela.

Después de 20 años de su primer libro, el músico australiano publica La muerte de Bunny Munro (Global Rhyttmm), donde narra con humor lacerante la caída de un hombre al abismo mientras basa su vida en la lascivia y en soñar con modelos y cantantes como Kylie Minogue, Avril Lavigne y Kate Moss. "Todo lo que escribe está visto tras un prisma de violencia", confiesa Cave.

Aunque Nick Cave se considera ante todo un músico, su novela es una prueba más de los vasos comunicantes entre algunos cantautores y la literatura. Con 51 años, el australiano ha creado 14 álbumes que lo han hecho famoso en las tres últimas décadas. Su nuevo vínculo con la literatura surge de un guión cinematográfico que no se pudo realizar.

Pero el autor de discos como The Birthday Party y The Bad Seeds deja claro la separación de los roles del autor y del hombre: "Soy partidario de la separación del poeta y su obra". También confiesa que escribir canciones le resulta más difícil: "Es más incierto. No sabes si vale hasta que la cantas en el disco. He escrito versos malos que son bellos de escuchar y al contrario. Con una novela es diferente, sabes que has escrito una buena frase y punto".

domingo, 6 de septiembre de 2009

Robert Crumb / Blues & Jazz Heroes


Los héroes dibujados del blues.


Poseído por el blues, Crumb, el dibujante de Mr. Natural y Fritz the cat ofrece un cálido homenaje a las leyendas fundacionales del blues y el jazz pionero. Ahora un libro disponible en Internet recupera los mejores dibujos.

Por: Marta D. Riezu*

El buen y viejo Crumb. Su afición a los muslos prietos, y a las mujeres que le arrastran a uno por los pelos. Su cuerpo enclenque y su admiración por Harvey Kurtzman. El aura de eterno perdedor. De Crumb me gusta casi todo: bastante Weirdo,Zap Comix o American Splendor,un poco menos en Mr. Natural y Fritz the cat.Pero lo que más me fascina es su fijación constante y diría que creciente por los discos de 78 rpm.


Cada coleccionista tiene una lista mental de dealers para sus vicios. El pacto es tácito: si les eres fiel, ellos te cuidan. Conocen tu estilo, y te avisan cuando llega algo que les recuerda a ti. Eminentemente mercantil, sí, pero con un punto sentimental. Con mi proveedor de cómics apenas hablo nunca. Fer y Jordi (tatuajes y rizos, respectivamente) son de mi quinta, y es en ellos en quien confío. En una reciente visita, mariposeaba por la tienda y vi "Heroes of blues, jazz & country" ,ilustrado por Robert Crumb.

El libro, con introducción de Terry Zwigoff (otro que tal baila) tiene tres partes: Heroes of the blues,Early jazz greats y Pioneers of country music.A cada músico se le dedica una página doble: a la izquierda, una breve biografía; a la derecha, la ilustración de Crumb. Es un documento bellísimo. En la selección están todos los gordos: Skip James, Ramblin Thomas, Charley Patton, Bix Beiderbecke, Coleman Hawkins, Jelly Roll Morton, Earl Hines, Duke Ellington, Dock Boggs, Happy Hayseeds... ¡Qué nombres! ¡Qué aspecto fabuloso! Brillantina, zoot suits, drape cuts, slacks con pinzas, plus-fours, sombreros fedora, pajaritas, gafas de carey...


El libro, para ser perfecto, debería venir con un 78 rpm, pero no se puede pedir peras al olmo; en su lugar hay un cedé de 21 canciones, seleccionadas por Crumb. El sonido, debo ser sincera, es de baja calidad. No importa. El peso está en el libro, en percibir cómo el autor traslada su pasión incondicional a las ilustraciones. Se ve al instante que es un trabajo hecho con afecto. Uno imagina a Crumb gruñendo y carraspeando mientras se sienta en la mesa de su estudio, coloca la aguja en un disco y, con absoluta concentración, se pone a dibujar ojillos vivos y banjos sombreados.


Tan emocionada me debieron ver con mi hallazgo, que me recomendaron un magnífico set de cartas de la serie Early Jazz Greats y, ya que estaba (¡ah!, el taimado "ya que estás"), también un cedé ilustrado por Crumb de Les As du Musette, esto es (y ahora es cuando creen que he perdido la chaveta), grupos de acordeonistas - girls only-de los años 30 parisinos. Perfecto para amenizar una merienda de compromiso y provocar así que los invitados no vuelvan jamás, con el consiguiente ahorro de energía y tiempo. Mi pequeño lote Crumb era tan bonito que, al llegar a casa más tarde, desplegarlo todo sobre la mesa, ojearlo, escucharlo y olerlo, tuve que llamar a la tienda. Contestó el rizos. "Esto está realmente bien, chico". Colgué y, mientras sonaba Jimmie Noone, empecé a preparar una tortilla de papas.

© La Vanguardia y Clarín

viernes, 4 de septiembre de 2009

Charlie Haden / Live at Montreal 1989.


Monumento a un festín de jazz




Reunidos los históricos conciertos del bajista Charlie Haden en Montreal en 1989.

CHEMA GARCÍA MARTÍNEZ - Madrid - 04/09/2009


Tiene fama de neurótico, cascarrabias, cabezota..., ni siquiera se le considera un auténtico virtuoso de su instrumento. Y, sin embargo, el mundo del jazz está unánimemente rendido a sus pies: "No hay otro como Charlie Haden", asegura Pat Metheny, para quien el contrabajista es el mejor compañero de escenario con el que nadie pudiera soñar: "Tocar con Charlie Haden es distinto a cualquier otra cosa. Charlie no es un contrabajista de jazz, es... otra cosa".


En 1989, el Festival de Jazz de Montreal, Canadá, dedicó ocho jornadas seguidas al jazzista nacido en la localidad de Shenandoah, Iowa, en el año 1937, con un programa distinto cada noche y los músicos y el repertorio a la libre elección del homenajeado. Un auténtico festival-dentro-del-festival. Todos los conciertos fueron grabados y editados en CD en su momento con la sola excepción del que tuvo como coprotagonista, precisamente, al guitarrista Pat Metheny. Hubo que esperar casi 10 años para escuchar a ambos intérpretes juntos en Beyond the Missouri Sky.


The Montreal tapes (seis CD editados por Universal) recoge la práctica integridad de lo grabado, más un libreto profusamente ilustrado. Y la ocasión es histórica. El corpus reunido aquí es un monumento a lo que el jazz fue y será siempre: el sonido de la sorpresa. Un regalo para los oídos profanos y expertos.

Sólo falta el recital que ofrecieron Haden y el guitarrista y pianista brasileño Egberto Gismonti el 6 de julio, editado en su día por el sello ECM. El resultado es un elenco de estrellas del jazz desconocido desde los lejanos tiempos en que era dado escuchar a Charlie Parker, Lester Young, Nat King Cole y Roy Eldridge reunidos sobre un escenario, durante las reuniones de Jazz at the Philarmonic. Salvando las distancias, The Montreal tapes iguala en brillo y esplendor a aquellas sesiones míticas. "Aquello fue un milagro", recuerda Metheny, "y está claro que no hubiera sido posible sin Charlie".

A la llamada del contrabajista acudieron músicos de toda especie y condición; leyendas del género, como el saxofonista Joe Henderson y el pianista Paul Bley, uno de los tantos "héroes sin corona" del jazz y un nombre de referencia para muchos de los actuales reyes del teclado, incluyendo al mismísimo Keith Jarrett; también el trompetista Don Cherry, miembro, como Haden, del cuarteto original del saxofonista Ornette Coleman. No es casualidad que la música del inventor del free jazz sobrevuele alrededor del 50% del temario interpretado por los diferentes grupos a lo largo de los seis discos.

Junto a los mencionados, aparecen los, por entonces, jóvenes valores recién surgidos de la cantera y hoy figuras consolidadas, como el cubano Gonzalo Rubalcaba o la también pianista Geri Allen. Haden es el eje a lo largo del cual se articulan los distintos tríos: "Charlie es un músico tan delicado, cada cosa que toca significa tantas cosas... Charlie no toca notas, hace filosofía" (Metheny).


La guinda la pone la Liberation Music Orchestra reunida nuevamente sobre el escenario, interpretando los viejos himnos guerreros -La Pasionaria, Sandino, We shall overcome- por los que algunos de sus integrantes, incluyendo el propio Haden, terminaron con sus huesos en la cárcel. Sus sucesores -Tom Harrell, Ray Anderson, Joe Lovano...- hacen honor a quienes les precedieron. Al cabo de los años, el mensaje incendiario políticamente incorrecto de la Liberation sigue plenamente vigente.



http://www.elpais.com/articulo/cultura/Monumento/festin/jazz/elpepucul/20090904elpepicul_7/Tes


jueves, 3 de septiembre de 2009

Atlantis / La Inquebrantable Voluntad del Hombre




A 25 años de una aventura histórica

Cinco argentinos cruzaron el Atlántico en una precaria balsa de troncos sin timón. Sus aliados fueron el viento, las corrientes marinas y la voluntad inquebrantable. Se propusieron demostrar que era posible y, por supuesto, lo lograron.


“Que el hombre sepa que el hombre puede”. Esa es la frase que con la fuerza de un viento de popa impulsó a un grupo de argentinos a una peligrosa, incomparable y romántica aventura que quedó en la historia como la expedición Atlantis.


El 22 de mayo de 1984, la precaria balsa de madera partió desde Santa Cruz de Tenerife (en las islas Canarias). Varios días más tarde, y contra la inmensa mayoría de los pronósticos, arribó al puerto de la Guayra (Venezuela), en medio de las lágrimas de sus tripulantes y la mirada atónita de los privilegiados testigos.


Fue el 12 de julio de aquel año cuando Alfredo Barragán, Jorge Iriberri, Horacio Giaccaglia, Daniel Sánchez Magariños y el camarógrafo Félix Arrieta -que en medio del océano confesó que no sabía nadar- volvieron a pisar tierra firme.





El tiempo ha pasado

Anteayer, a poco más de 25 años de esa hazaña, los héroes de la expedición fueron homenajeados por el Concejo Deliberante de Mar del Plata. “No nos llama la atención este reconocimiento, porque Atlantis nació como una expresión de dolorenses y marplatenses”, dijo el capitán Barragán.

El hombre calificó a la epopeya como “un monumento al romanticismo”, y dijo que tanto él como sus compañeros de travesía tienen la obligación de “cuidar su pureza, porque Atlantis nunca aceptó sponsors comerciales ni banderías políticas, ya que es de todos”.

“Atlantis sigue navegando y nosotros seguiremos a bordo por el resto de nuestras vidas, porque no hay un solo día en el que alguien no nos recuerde” aquella aventura, dijo Barragán en alusión a la balsa con la que cruzaron el Atlántico sin más impulso que los vientos y las corrientes marinas.


La Atlantis fue construida con gruesos troncos de madera -de unos 14 metros de largo- que los propios aventureros fueron a buscar a la selva ecuatoriana y que, una vez en Mar del Plata, unieron con fibra vegetal siguiendo (tanto en materiales como en diseño) el modelo de las embarcaciones africanas de hace unos 3.500 años.La obstinación
Luego de varios años de estudio e investigación, Barragán -abogado dolorense- había llegado a la conclusión de que las embarcaciones africanas podrían haber llegado a América, mucho antes de que lo hiciera Cristóbal Colón. Y, obsesionado con ello, decidió comprobarlo.Fue a partir de ahí que se formó este quinteto de soñadores que terminó venciendo a las olas, las tormentas y al escepticismo generalizado.

La balsa, que tenía como única protección contra la intemperie y el implacable sol del Caribe una precaria choza de madera, no estaba provista de timón, ni motor. Sólo contaba con una vela rectangular que le permitía avanzar a una velocidad promedio de 5 kilómetros por hora.

Con edades que iban desde los 35 hasta los 41 años, Barragán y sus hombres se colocaron a la altura de navegantes como el noruego Thor Eyerdhal, que con otra balsa, la legendaria Kon Tiki, atravesó el Pacífico desde América hasta la Polinesia, en 1947.


La Atlantis, con la que pudieron demostrar la inquebrantable voluntad del hombre, reposa ahora en un galpón de Dolores. Ahí se construirá el Museo de la Aventura, en el que, por supuesto, será la niña mimada .


http://www.diariohoy.net/accion-verNota-id-40881-titulo-A_25_a%C3%B1os_de_una_aventura_hist%C3%B3rica


Expedición Atlantis - Que el hombre sepa que el hombre puede (1984)





miércoles, 2 de septiembre de 2009

Nirvana / Live at Reading Festival 1992


Lo más parecido a ir a un concierto de Nirvana.

La mítica actuación de la banda de Kurt Cobain en el festival de Reading será editada en DVD.

ELPAÍS.com - Madrid - 02/09/2009


Para la revista Kerrang ocupa el primer lugar en la lista de conciertos que conmocionaron el mundo. La actuación de Nirvana el 30 de agosto de 1992 como cabeza de cartel del festival británico de Reading es uno de los conciertos más pirateados de los anales de rock'n'roll. Ahora los fans tendrán la oportunidad de poseer una copia inmaculada de la actuación completa, en formato video, extraída de la filmación original, con el color mejorado y el sonido de la grabación multipista original, ha informado hoy la discográfica Universal mediante un comunicado.


Nirvana Live At Reading se editará en una versión limitada "de lujo" en CD más DVD (además de DVD y CD) por separado el 3 de noviembre. El 17 del mismo mes saldrá a la venta una versión en LP doble.

Aunque la mayor parte de la actuación recoge la interpretación del álbum Nevermind al completo, también se incluyen las primeras interpretaciones en directo de temas entonces aún no grabados, como las canciones que se incluyeron dos años después en el álbum In Utero: All Apologies, Dumb y la primera interpretación en público de Tourette's.


La lista del repertorio también incluye incursiones a los principios de la carrera de la banda con canciones de su álbum de debut con Sub Pop, Bleach (1989), como Blew, About A Girl, School, Negative Creep y el primer sencillo Love Buzz." Hay incluso un tema de mediados de los ochenta: Spank Thru.

Otras canciones incluidas en el repertorio aparecieron en versiones de estudio en la recopilación Incesticide publicada a finales de ese año: Aneurysm, Been A Son y Sliver. Además la banda interpretó un par de versiones muy queridas de dos grupos que ayudaron a establecer el sonido de Nirvana. The Money Will Roll Right In de Fang y D-7 de The Wipers.
Love Buzz - Nirvana Live at Reading Festival 1992