jueves, 29 de junio de 2017

Ken Loach / I, Daniel Blake



Yo, Daniel Blake: El Cine Social de Ken Loach.

Yo, Daniel Blake, es la última película de Ken Loach, una vuelta a su cine más social, el sello del autor al que esperábamos.

Por Clara Mallo
Madrid - Viernes 4 de Noviembre de 2016 

Yo, Daniel Blake recibió la Palma de Oro a la mejor película en el pasado Festival de Cannes en lo que fue la 12ª participación en la Sección Oficial de Loach, y lo que algunos ya confirman que será la última. El director británico de 80 años ya había anunciado con su anterior filme Jimmy’s Hall (2014) su retirada pero este año sorprendió con esta nueva cinta. Esta ha sido su segunda Palma de oro a mejor película, en 2006 ya recibió el mismo galardón su película El viento que agita la cebada. En su larga trayectoria el cine de Loach ha recibido un gran reconocimiento por parte de la crítica europea y esta Palma de Oro lo demuestra.

El heredero del realismo social británico y del cine-denuncia europeo es de los pocos directores que hoy se centran en ficcionar las consecuencias sociales del capitalismo. La vida en los barrios marginales, el paro y la precariedad son el escenario donde construye sus historias.

Yo, Daniel Blake nos recuerda a las mejores películas de Loach como Felices dieciséis (2002), En un mundo libre (2007), Pan y rosas (2000), Mi nombre es Joe (1998), Riff-Raff (1990), La canción de Carla (1996) o Lloviendo piedras (1993) a la que nos recuerda enormemente esta última película.

Loach vuelve a situarse en los suburbios de Londres. Nos presenta la tragedia de un carpintero al que, tras sufrir un infarto, los médicos le prohiben regresar al trabajo. Al mismo tiempo, la burocracia de los servicios sociales le niega una ayuda y le exige busar un trabajo para poder acceder a algún tipo de subsidio. Una especie de delirio circular ante el que Daniel no solo no desespera sino que además encuentra ánimo para ayudar a Katie, una madre soltera que ha de comenzar una nueva vida sin nada, con solo una ruinosa casa social.

Un filme que también nos acerca enormemente a Lady Bird, Lady Bird (1994) con la que comparte la enorme empatía que causa en el espectador espectador y también la lucha contra un sistema brocrático que excluye al más débil. Loach retrata la burocracia funcionarial británica como una suerte de adoctrinamiento delirante.

El guión de Yo, Daniel Blake ha sido escrito de nuevo por Paul Laverty, constante compañero de Loach responsable de guiones como El viento que agita la cebada (2006), En un mundo libre (2007), La canción de Carla (1996) o Felices dieciséis (2002) qcuyo guión recibió la palma de oro de Cannes. Un drama que cruza varias historias: las de Daniel y Joahana son las principales, pero no las únicas, algo muy propio de Laverty. Un modo de romper con la história única y de generalizar el discurso. Las consecuencias devastadoras del capitalismo no se limitan a la vida de Daniel sino que su caso es un ejemplo más de este sistema delirante.

La imposibilidad de Daniel para trabajar y la dificultad de Katie para adaptarse a un trabajo y poder comenzar una nueva vida se convierten en motivo de exclusión. El deseo por encontrar un lugar en el sistema y el enorme esfuerzo por cumplir todas sus normas parece no ser suficiente. La imposibilidad de sobrevivir a pesar de cumplir todo los pasos que el capitalismo impone como manual para la supervivencia se convierte en una trágica ironía. Un sistema que excluye y destruye a los que no son productivos.

http://www.izquierdadiario.es/Yo-Daniel-Blake-la-vuelta-al-cine-social-de-Ken-Loach


I, Daniel Blake - UK/France/Belgique 2016 (Trailer)

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Yo, Daniel Blake: Minimalista y Desesperada



Yo, Daniel Blake; Palma de Oro en el Festival de Cannes. La película de Ken Loach logra sintetizar interrogantes, resistencia y dilemas. Coherencia en la piel de un carpintero de salud afectada.

Por Leandro Arteaga
26 de Junio de 2017

Reencontrar a Ken Loach en la gran pantalla es motivo de celebración así como posibilidad de reflexión social renovada. Y lo cierto es que lejos está de subvertirse aquello que tempranamente el realizador inglés visibilizara y cuestionara, desde una construcción formal que le ha vuelto un cineasta distinguible. Es decir, por un lado, Loach es dueño de una claridad expositiva que resulta de una comprensión cinematográfica depurada; por el otro, el minimalismo de su última película da cuenta de este hacer artesanal mientras articula una crítica socialbastante desesperada.

Daniel Blake (Dave Johns) es carpintero, tiene 60 años, problemas de salud, está solo, y camina entre los discursos y papeleos virtuales que le reservan la parte médica y su gobierno. Su única posibilidad de subsistencia radica en un seguro de desempleo que el estado inglés le demora entre trámites incongruentes. Blake intenta todos y cada uno de estos pasos, a la vez que fuerza su comprensión de cara a las nuevas tecnologías. La relación frígida de los trámites virtuales se impone como escollos insalvables que sortear. Aun cuando las razones que se expongan ‑imposibilidad de trabajar y la necesidad de hacerlo‑ no guarden relación lógica.

Atento a una situación social extensiva ‑cuyo ejemplo local toca al gobierno nacional con la anulación de pensiones por discapacidad‑, Loach ensaya su mirada sobre una burocracia que sabe cómo disfrazarse de gestos y uniformes, mientras ordena el comportamiento de los cuerpos. Cuando alguna de estas piezas se salga de lugar o pretenda decir o hacer algo distinto, el discurso vigía sabrá rápidamente imponerse. El claro retrato de esta hegemonía se condice en los gestos de sumisión, perceptibles en el silencio con el que se acatan las órdenes.

De todas maneras, alguien siempre grita. Pero no necesariamente acuda otro en su ayuda. El Blake de Loach sí, él viene a encarnar un ¿último? residuo solidario. Con su corazón afectado, Blake es todavía capaz de sentir lo que sucede a su alrededor. Así es como conoce a Katie (Hayley Squires) y sus hijos, a quienes asiste, ayuda, con quienes comparte su tiempo. Pero Blake nunca pide nada, a nadie. Lo único que necesita es la aprobación de ese poco dinero con el que podrá, ni más ni menos, comer.

Hay un momento que es refulgente, en donde se cuelan todas las contradicciones, dedicadas a interpelar a ese mismo sector obrero o social con el que Daniel Blake se identifica. Sucede allí cuando el personaje sale decidido a dibujar el graffiti con su nombre, cuando interviene la pared ciudadana y hace oír su reclamo. Así como existe una adhesión que se traduce en aplausos y algún discurso encendido, Blake logra la inmediata presencia policial, dedicada a apresarle y reordenar el entuerto. La serie de intercambios que ocurren en ese momento son suficientes para dibujar, en pocos trazos, la incertidumbre de un sector que ‑se intuye‑ no sabe demasiado bien dónde está parado, o quizás ya no le interese. Al menos, en tanto retrato de una clase media, brutalmente empobrecida, que está preocupada por no perder el asiento de espera o su lugar en la fila, que se siente atraída ante algún episodio que pueda significar un escándalo pasajero, y que es atenta con los comentarios que trasladen su rencor a quienes todavía están peor. Es tan amargo ese momento de gloria pasajera que lleva a un interrogante perplejo. Como si Daniel Blake fuera la última mecha de una llama casi apagada.

Es por esto que el desenlace no podría ser otro. Vale decir, Blake es un desfasado porque respira un aire diferente, porque piensa al mundo de otras maneras. No se trata de pensarle como alguien atado al pasado ‑algo que el film podría equívocamente sugerir‑ sino, antes bien, de entenderle como una persona capaz de pensar otro mundo. Con el acallamiento que sobre su cuerpo y voz el sistema sobrelleva, lo que también está llevando por delante es la posibilidad de otro mañana.

Es por esto que Yo, Daniel Blake tal vez sea una de las películas más desconsoladas de su director. Y también, como se decía, de las más económicas: el despliegue de su historia es pequeño, de pocos personajes y escenarios. Como si en ese ámbito estuviese contenido algo mucho mayor. Es tanto más, por eso, lo que se cifra en su personaje.

https://www.pagina12.com.ar/46332-pelicula-minimalista-y-desesperada


Yo, Daniel Blake - Reino Unido/Francia/Bélgica 2016 (Trailer)

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A Rodolfo Oscar Estivill (QEPD)