domingo, 3 de julio de 2011

Jim Morrison / 40th Anniversary of the Death of the Lizard King




Jim Morrison, un genio dionisiaco cautivado por Rimbaud

Óscar Bellot - Domingo 3 de Julio de 2011

Nació casi un siglo después, a miles de kilómetros de distancia de donde lo hizo el genio cuyo aliento vital impregnaría una leyenda no menos sugestiva y tan atormentadora como la suya. Pero la vida y la muerte de Jim Morrison recuerdan ineludiblemente a la vertiginosa existencia de uno de los poetas a los que leyó con pasión, Arthur Rimbaud.

Los padres de ambos fueron militares -capitán de infantería el del literato francés y almirante el del músico estadounidense-, con las consiguientes tensiones familiares que tamañas ocupaciones llevan aparejadas. Morrison tuvo que soportar una infancia desarraigada, siguiendo a su progenitor de base en base. Hacer amigos no era fácil y el pequeño encontró en la literatura el refugio perfecto ante la soledad en que se hallaba sumido. A Rimbaud le fue aún peor. Con apenas seis años, ya había visto a su padre marcharse definitivamente del hogar, quedando bajo los dictados de una madre cuya rigidez a la hora de educar a sus hijos no podía sino exacerbar el ansia de libertad de un muchacho cuyo talento jamás podría aceptar quedar constreñido.

Ambos dieron muestras de sus extraordinarias inteligencias muy pronto. Con apenas 11 años, Rimbaud ya era una estrella en el colegio municipal de Charleville. Su director no pasó por alto el hecho de que se encontraba ante alguien destinado a pasar a la historia, como tampoco se le escapó la dicotomía ante la que se hallaba su lúcida mente: podía acabar iluminando los más tiernos corazones o sumergiéndose en las cloacas de la sociedad; más aún, lo probable es que acabara haciendo ambas cosas.

La pasión por engarzar las palabras también tocó de lleno al adolescente Morrison. Tardó algo más que su 'hermano espiritual' en abandonar el reducto familiar. El vate francés lo hizo con 16 años.

El estadounidense, con 19. Pero ya hacía tiempo que había sentido el flechazo por la poesía. Tan poco le importaba su imagen externa como al francés. Prefería alimentarse de letras a engullir alimentos más prosaicos. Uno y otro sobrevivían como podían, aprovechándose unas veces de, y siendo manipulados otras por, quienes tenían a su alrededor: chicas deslumbradas por el desarrapado aspecto de quien las encandilaba recitando poemas de autores de los que ni habían oído hablar en el caso de Morrison; auténticos mitos en vida como Verlaine, en el de Rimbaud.

Claro que no sólo las letras embotaban sus mentes. También lo hacían el alcohol y otro tipo de sustancias mucho más nocivas. Especialmente en el caso de Morrison, quien no dudó en cortejar la marihuana, el peyote y el por entonces tan en boga LSD.

Entre el mito y la realidad

Pero si de uno nos quedan maravillosos poemas, el legado del otro consiste en un conjunto de canciones que han ido pasando de generación en generación. Quién sabe, tal vez Morrison pudiera haber sido otro Jack Kerouac o Allen Ginsberg. Pero cualquier posibilidad en ese sentido quedó cercenada cuando se topó con Ray Manzarek. Se había gestado el embrión de 'The Doors', banda que quedaría completada con la incorporación del guitarrista Robby Krieger y el batería John Densmore.

Un grupo que adoptaba su nombre del ensayo 'Las puertas de la percepción', firmado por uno de los escritores de referencia de Morrison, Aldous Huxley -quien, a su vez, había sacado el título de una cita de William Blake-, y que consiguió su primer contrato gracias a una actuación que podría perfectamente haber sepultado su carrera antes de comenzar. Tuvo lugar en el club 'Whisky a Go Go' de West Hollywood, por el que desfilaron otras formaciones del sur de California como 'The Byrds' o 'Buffalo Springfield'. Allí Morrison, mientras sonaban los acordes de 'The End', se atrevió como una provocativa versión de un fragmento de 'Edipo rey', la obra maestra de Sófocles, que iba demasiado lejos para lo que el dueño del local estaba dispuesto a soportar. No dudó en echarles.

El público, por el contrario, estaba enfervorizado. Y de él formaba parte Paul A. Rothchild, dueño de la discográfica Elektra Records, quien les reclutó inmediatamente.

En 1967 salía a la venta el primer álbum de 'The Doors', con temas inmortales como el mencionado 'The End' -del que Francis Ford Coppola se serviría para la apertura de su 'Apocalypse Now'- o 'Light my fire'. Morrison padecía de miedo escénico, lo que le llevaría a dar la espalda al público durante sus primeros conciertos. También a 'colocarse' antes de saltar al escenario. Era imprevisible y a medida que se fue soltando, sus provocaciones adquirieron niveles cada vez mayores. Las autoridades de varias ciudades optaron por vetar a 'The Doors' y Morrison acabó teniendo que pasar por el juzgado después de que varios asistentes a uno de sus conciertos denunciasen que había sacado su pene y simulado una masturbación.

A 'The Doors' le seguirían otros álbumes que no harían sino engrandecer la leyenda de la banda y, particularmente, la de Morrison. 'Strange days' (1967), en el que sobresalían temas como 'Moonlight drive', 'People are strange' o 'Love me two times'; 'Waiting for the sun' (1968), con el imprescindible 'Hello, I love you'; 'The soft parade' (1969), con un viraje hacia el pop que se manifestaba en canciones como 'Touch me' o 'Tell all the people'; 'Morrison Hotel' (1970), con la maravillosa 'Roadhouse blues'; y 'L.A. Woman' (1971), que dejó un 'Riders on the storm' que está marcado con letras de oro en la historia de la música.

Todo acabó el 3 de julio de 1971. Ese día se apagó la estrella de Jim Morrison. Llevaba unos meses viviendo en París, esa ciudad amada por algunos de los literatos que habían alimentado su espíritu. Quizás buscase en ella la tranquilidad que en América se le negaba. Pero no pudo escapar de los viejos fantasmas que llevaban años acosándole. Su cuerpo inerte fue hallado en la bañera de la vivienda en la que residía. Las causas de la muerte serían objeto de numerosas leyendas. Como todo lo que rodeaba a Morrison.

Un ser elusivo al que sólo era posible acercarse a través de sus canciones.-


http://www.que.es/gente/espectaculos/201107031813-morrison-genio-dionisiaco-cautivado-rimbaud-rc.html


The Doors - Touch Me