miércoles, 3 de agosto de 2011

Victoria Morán / Cantar el Tango, Como Ninguna



Victoria Morán : Tras la senda de Nelly Omar

Entrevista a Victoria Morán

20.01.2011 Por Sandra De La Fuente

Nelly Omar fue la senda. Apenas la escuché me dije que quería hacer eso que ella hacía y con esas guitarras”, afirma Victoria Morán, tal vez la más delicada cantante que ha dado el resurgimiento del cancionero criollo. Morán acompañada por el guitarrista Pablo Budini y el pianista Pablo Fraguela.

¿Cómo te llegó con esa música? Siempre se escuchó música en casa, a toda hora y a todo volumen. Mi viejo es cantor y guitarrero. La casa fue una peña permanente, desde los cimientos: los que venían a colaborar en su construcción traían vino para acompañar el asado y se quedaban a guitarrear hasta el agotamiento. A Nelly Omar la conocí a través de El ombligo del mundo , un programa que tenía Dolina. Recuerdo cuando pasó el vals Parece mentira y yo sentí una nostalgia de algo que jamás había vivido, pero que me tocaba como algo propio.

Cuando empezaste a hacer este repertorio, algo más de una década atrás, estabas un poco fuera del tono de época. Hoy estás a la moda y hay muchas cantantes que emulan la figura de Nelly Omar.

Emular la figura de Nelly Omar es muy difícil. No sólo es una puesta escénica sino, sobre todo, una apuesta artística. Porque cuando alguien se decide a mantener una conducta durante 60 o 70 años, está haciendo una apuesta. Eso le valió 17 años de exilio y cuando volvió, siguió por el mismo camino. Pero es cierto que hace unos años hubo un vuelco hacia un repertorio menos difundido y también, en muchos casos, más marginal. Creo que se redobló la apuesta tanguera para el turismo.

Ese público turista, ¿no modificó tu repertorio? No tengo relación con el turismo. Hay discos míos en Alemania, en Suiza. Pero me parece que el turista que viene al lugar donde canto no viene a verme a mí sino que, en todo caso, se encuentra conmigo.

Cantás también poemas tuyos. ¿Sentís alguna necesidad de actualizar el repertorio? No. Los temas que toco son universales. La nostalgia, la muerte, el amor, el olvido como yo lo conocí, el paisaje de mi barrio.

http://www.clarin.com/musica/senda-Nelly-Omar_0_412158932.html



Victoria Morán - Danza Maligna





Victoria Y El Tango

-Dice Victoria-

Hace unos años comencé a entender al tango ya no sólo como un género en sí, palabra tan mentada que en definitiva nada dice, sino como una evocación perpetua del tiempo ido, concepto quizás un tanto apresurado y pretencioso, pero que parte de una pregunta que alguna vez debo haberme hecho, tal vez en el medio de un estribillo: ¿qué es lo que finalmente me atrae de esta fórmula de música y poesía tan extraña?.

Las imágenes que vienen a mi encuentro cuando evoco mis primeros acercamientos al tango tienen que ver ineludiblemente con mis abuelos maternos. Casi todo lo que sé acerca de valses y pasodobles lo aprendí de mi abuela Victoria. El tango vino por añadidura matizado en los discos que giraban una y otra vez en esa especie de mueble musical que era el imponente combinado Ken Brown.

Con el tiempo y la edad, ávida de lectura como he sido desde niña, me adentré en el mundo de los poetas que el tango ha dado, siendo Discépolo mi primer y fabuloso hallazgo. Le siguieron Le Pera, Manzi, Sanders, García Jiménez, Charlo, Cadícamo y tantos desconocidos y poco frecuentados autores de igual valía, como aquellos del tango “Vamos, vamos zaino viejo”, Tell y Vazquez, ó los de “Zaraza”, Tagle y Lara, ó aquellos de “Saludó y se fue”, Supparo y Ceglie, por citar algunos.

Musicalmente mi destino fue otro. El gran maestro de música y canto que siempre tuve es mi padre, Alberto. “Cantor y guitarrero” no sería una desacertada definición de su oficio. Con él aprendí a armonizar, a hacer dúos, tercera y quinta voz pero por sobre todo lo aprendido compartí desde muy chica la inmensa alegría de cantar. Mi viejo nunca es tan feliz como cuando amanece cantando. Uno puede estar, como dice el tango, “cubierto de malas, bandeado de apremios”, pero basta una sencilla estrofa arrancada del pecho para tener la certeza de que la vida es linda después de todo. Por eso, el día que pasa sin una música en mis labios es un día sin comida, o lo que es peor, sin hambre y ayuno de novedades.

Entre mis músicos más queridos están Lucio De Mare, Charlo, Gardel, Joaquín Mora, Agustín Bardi, autores junto a grandes poetas de rarezas como “La musa campera” de Graciani, Elías, Irusta, Fugazzó y De Mare, “Nunca tuvo novio” de Cadícamo y Bardi, ó “Yo soy aquel muchacho” de Orsi, Russo y Mora, todas melodías bellísimas en su extensión.


Es por eso, digo al fin, que me cuesta acercarle al tango una definición más prolija, porque me arriesgo a intelectualizar a porfía un sentimiento que no he elegido, que estaba en mí desde hace tiempo y que el recuerdo de aquellas tardes en el campo con mis abuelos trae a mi voz un renovado placer cuando me pongo a cantarlo.

Victoria

http://victoriamoran.blogspot.com/2008/03/victoria-y-el-tango.html