jueves, 27 de octubre de 2011

Tom Waits / An American Marvel is Back



Un Tom Waits total

El cantante funde extremismo sonoro y sentimiento en 'Bad as me'

Lunes, 24 de octubre del 2011
JORDI BIANCIOTTO - BARCELONA


Tom Waits difícilmente volverá a ser el tabernero romántico que, en una de sus canciones de los 70, juraba que quien estaba borracho era el piano, y no él. Hace mucho que descubrió que jugar a la herrería sonora y cubrir sus canciones de polvo, grasa y cacofonías era divertidísimo, y no parece que esa evolución tenga marcha atrás. Pero su nuevo disco, Bad as me, que sale hoy a la venta, tiene algo de depuración y síntesis de todo lo asimilado a lo largo de casi cuatro décadas: está el Waits extremo y estridente, pero también el crooner sinuoso que se pone melancólico en un rincón del cabaret.

No es un retorno al Waits de 1976, ni al de 1985, si bien su variedad insinúa semblanzas con la era de Rain Dogs, aunque en versión de baja fidelidad, con producción nublada. El Waits de Bad as me, su primer disco con canciones nuevas desde el admirable Real gone (2004), que su autor permitió escuchar a través de su web, vía invitación, la semana pasada, es un roble milenario cuyo tallo acumula capas y capas de vivencias.

Ahí hay lamentos de cuneta, guerras mundiales de callejón insalubre, números circenses, dardos antimoralistas y horas de cine negro. Un Waits panorámico e integral, cocinado, una vez más, de la mano de su esposa, Kathleen Brennan, coautora de todas las canciones y coproductora del disco; un personaje troncal en su modus operandi que se mantiene misterioso, alejado de los focos. Imposible saber cuál es la proporción de sus aportaciones a la obra.

La canción que da título al disco, Bad as me, difundida a finales de agosto, reanima al Waits alarmista y pantanoso; una mezcla Screaming Jay Hawkins y Captain Beefheart que incordia a quienes se creen mejores que él; más puros o elevados. Es uno de los ángulos de una grabación rica en vértices hirientes: están la dura Raised right men (con citas a figuras pretéritas del hampa, como Gunplay Maxwell, pistolero bostoniano del siglo XIX) o esa Hell broke luce con guitarras chatarreras, trombón, disparos de metralleta, explosiones y una percusión que suena a saco de arena azotado por una vara. Hay rockabilly remoto y viscoso (Let's get lost) y puestas de sol fronterizas (Put me back in the crowd).

Y, a partir de la sexta canción, un rosario de baladas crepusculares y lamentos de medianoche: el vals de Pay me, con piano lacrimógeno en su fundido final; el jazz negro de Kiss me, un Last leaf melodramático en la estela del viejo Time, y el aire a opereta sentimental de New year's eve, que en su estribillo se apropia de las solemnes estrofas del popular Vals de las velas (o L'hora dels adéus).

Ojo, stonianos: Satisfied da la réplica a (I can't get no) Satisfaction («Digo que tendré satisfacción / Tendré satisfacción / antes de irme») y cita a Jagger y Richards. Este último aporta su guitarra en esta y en otras dos canciones, sumándose a una nómina de colaboradores repleta de los valiosos nombres habituales: Marc Ribot, David Hidalgo (Los Lobos), el armonicista de blues Charlie Musselwhite, Larry Taylor y Les Claypool (Primus), entre otros, más debutantes como Flea, bajista de Red Hot Chili Peppers.

Todos ellos construyen ese sonido minuciosamente destartalado que el californiano comenzó a esbozar a partir de Swordfishtrombones, en 1983. Bad as me, publicado por el sello indie orientado al punk Anti (aunque distribuido por Warner, su discográfica hasta 1980), centra y matiza el retrato de un Waits de 61 años que conjuga experimentación y emoción. Ahora, sus experimentos pueden conmover, y su sentimentalismo es también radical.





Hoist That Rag - Tom Waits - Real Gone (2004)

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Chamán de canciones urgentes

A siete años de Real Gone, el cantante, guitarrista y tecladista publicó un disco que encanta desde el primer momento.

Por Eduardo Fabregat

Siete años puede ser mucho o poco tiempo, depende de cómo se mire y la circunstancia. Es, ciertamente, mucho tiempo para esperar un disco: octubre de 2004 fue la fecha de salida de Real Gone, y a medida que el tiempo pasaba, se empezaba a sospechar que quizá Thomas Alan Waits estuviera realmente fuera de la actividad discográfica. Hasta que llegó Bad as me. O sea, hasta ahora.

Ni siquiera es necesario tener especial afecto por el universo sonoro que propone el californiano de voz estragada: alcanza con que empiece a sonar esa andanada propulsada por caños en staccato y las guitarras de Marc Ribot y un tal Keith Richards, y Waits se lance al alucinado fraseo de “quizá las cosas sean mejores en Chicago”, para que haya un encantamiento inmediato. Las marcas de identidad están intactas. Con el correr de los temas habrá quien diga: “Es lo mismo que hace siempre”. Y sí. Es Tom Waits. ¿Es que alguien quiere algo distinto?

Waits, gran chamán de las canciones masticadas y desgarradas, tironeadas y susurradas, envueltas en humo y alcohol, lo hace de nuevo: un puñado de momentos tan breves (sólo dos canciones superan los cuatro minutos) como contundentes, tan desafiantes como seductoras. Con cosas como el aire enfermizo de “Raised Right Man” (con Flea tocando el bajo de modo radicalmente diferente a como lo hace en los Peppers) y la adrenalínica “Get Lost” –otra vez esos metales pistoneando–, y el demoledor viaje que propone “Hell Broke Luce”, otra vez con Richards y Ribot cruzando armas hasta que un arma de verdad, una ametralladora, viene como si nada a puntuar semejante ataque sónico.

¿Es entonces Bad as me un disco a escuchar lejos de oídos sensibles? En absoluto. Cuando es necesario, el veterano Tom hace brotar un clima neblinoso, sea en los falsetes de “Talking at the Same Time” o en esas clásicas canciones borrachas inseparables del guitarrista y tecladista, como la melancólica “Face to the Highway”, la arrastrada “Kiss me” (que parece salir de una AM a través de un parlante desconado), o el precioso cierre con acordeón que viene a poner “New Year’s Eve”. Más Tom Waits que nunca, si se quiere, pero es lo que se agradece: el tipo no necesita andar demoliendo su identidad. El disco apareció ayer en Estados Unidos a través de ANTI–, el sello de Waits, quien firmó un acuerdo de distribución con Warner; es de esperar que semejante perla tenga su edición local. Aunque tome un tiempito más, a quién le importa: después de siete años, la espera vale la pena.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/7-23305-2011-10-26.html


Chicago - Tom Waits - Bad As Me (2011)

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