domingo, 16 de octubre de 2011

Tyshawn Sorey / The Broad Spectrum of Free Improvisation



Tyshawn Sorey : Koan

Por Sergio Piccirilli

Ser original es en cierto modo estar poniendo de manifiesto la mediocridad de los demás (Ernesto Sábato)

El joven baterista y multi-instrumentista Tyshawn Sorey en su aún breve trayectoria ha obtenido una envidiable reputación tanto como instrumentista como compositor. Su labor musical ha estado signada por la originalidad y por una enorme vocación por evitar los caminos trillados. Sorey es un baterista de excepción que combina una técnica depurada con un ascético enfoque de su instrumento que parece ajeno a todo tipo de clichés. Esa infrecuente amalgama de virtudes lo llevó a colaborar en plena etapa formativa con músicos de la talla de Muhal Richard Abrams, Lawrence “Butch” Morris, Steve Coleman, Wadada Leo Smith, Dave Douglas, Michelle Rosewoman y Billy Bang y le permite co-liderar, junto a Vijay Iyer y Steve Lehman, el notable trío de avant-jazz Fieldwork. Sin embargo, es en su rol como compositor en donde ese perfil de singularidad que lo caracteriza se manifiesta con mayor fortaleza.

En su personal propuesta creativa concurren los principios rectores que anidan en las obras de íconos de la música clásica contemporánea como Arnold Schoenberg, Karlheinz Stockhausen, John Cage y Morton Feldman y elementos directrices del jazz, anclados especialmente en los intereses composicionales que exhiben algunas piezas de Wayne Shorter y Charles Mingus. Estos atributos ya se habían manifestado en su sobresaliente debut con el álbum doble That/Not de 2007; pero ahora, con su segundo compacto, no sólo se profundizan en términos estilísticos sino que también amplían sus incumbencias e influjos a fundamentos filosóficos contenidos en el budismo Zen..

Esas conexiones entre obra y autor e intereses filosóficos y musicales ya se advierten desde el título del álbum: Koan.

En la tradición Zen, un Koan es un dilema que el maestro plantea al novicio para comprobar sus progresos. En ocasiones, el Koan asemeja un problema ilógico, absurdo o banal cuya resolución exige desligarse del pensamiento racional, ya que la pregunta formulada por el maestro trasciende al sentido literal de las palabras. Hakuin Ekaku, a quien se considera el máximo recopilador de la tradición de los Koan en Japón, señala que el koan más famoso es aquél en el que el maestro golpea las palmas de sus manos y dice: “Éste es el sonido de dos manos: ¿cuál es el sonido de una sola mano?”. En cierta ocasión le solicité a un maestro que me esclareciera al respecto. Tras meditar unos instantes, dijo: “éste es el sonido de una mano…”. Acto seguido me estampó un golpe sonoro, certero, directo, recto y potente con el canto de la mano que me obligó a llevar por el resto de la vida un trozo de plastilina en el lugar en donde solía llevar la nariz e hizo que de ahí en más, en todas las fotos, tuviera que posar de espaldas. Para ser sincero, esa experiencia no logró clarificar el Koan pero sí me llevó a concluir que hubiese sido mucho mejor consultar a un maestro Zen que a un maestro de karate.

Al margen de mi fallida tentativa, queda claro que a través de los koans el maestro no está buscando que el discípulo sepa la respuesta correcta, sino evidencias acerca de sus progresos en la filosofía Zen y su aplicación en la vida diaria. Un koan no es un acertijo y, aun cuando en la literatura encontramos respuestas ortodoxas, éstas dependen siempre de las circunstancias en que el koan es formulado haciendo que la respuesta apropiada pueda variar. Por ejemplo, según la tradición, un monje le preguntó al maestro de Zen Zhaozhou: “¿Tiene una vaca naturaleza de Buda?”.

Según los historiadores Zhaozhou respondió “Wu”, que en chino tradicional es una palabra que puede ser traducida como “ninguno” o “sin” y que también se usa como prefijo para indicar la ausencia de algo. No obstante, otros estudiosos aseguran que el maestro respondió lo mismo pero no en chino sino en japonés. Es decir que usó la palabra “Mu”. No es motivo de este comentario dilucidar la veracidad de ambas respuestas, pero desde esta humilde tribuna nos animamos a decir que la segunda variante es la más adecuada ya que, como todos saben, la vaca…muuu…

En definitiva, la práctica de los koan tiende a erradicar el razonamiento conceptual para que surja el prajna o la sabiduría intuitiva que permita un despertar a la iluminación de la naturaleza búdica. Sorey abreva en esas fuentes no sólo con el propósito de desconcertar el pensamiento discursivo lógico y racional, sino también como una forma de evidenciar sus progresos en la práctica del Zen; eso se traduce, en términos musicales, en un abandono deliberado de todos los sistemas específicos de orientación, forma y estructura aplicados a la libre improvisación.




Si bien es cierto que Koan, al igual que That/Not contiene principios de la música dodecafónica y conserva en términos de estilo de ejecución un enfoque minimalista “a la Morton Feldman”, no se atiene exclusivamente a ellos. Por el contrario, se abre libremente a formas de improvisación relativamente estructuradas que estimulan a reformular la manera en que percibimos el tiempo, el espacio y los silencios, despertando en el oyente un sentido de prístina desorientación que propicia una postura de reflexiva contemplación.

El sentido de moderación subyacente en este álbum permite que los seis temas que lo integran puedan ser apreciados tanto como entidades separadas como partes de una extensa suite. En cualquier caso, cada trazo melódico, cada nota y cada silencio parecen estar impregnados de significado y propósitos específicos. En tanto que la gran cantidad de detalles musicales y tímbricos que exhibe impiden que el conjunto o cada una de sus secciones puedan ser absorbidos en una sola audición.

Los intereses filosóficos de Sorey se manifiestan en el título del tema de apertura: Awakening (“Despertar”) pero también mutan en la creación de un mundo sonoro que, aun en su austeridad, parece impregnado de intensa energía y arrebatadora belleza. La exigua instrumentación, la ascética construcción a partir de pequeñas células melódicas de dos o tres notas y la ausencia de crisis y clímax, pueden hacer que oídos acostumbrados al drama musical experimenten una sensación auditiva contradictoria pero, aunque resulte extraño, en todo momento hacen que el tiempo de la reflexión y el de la acción coincidan totalmente. Los dispersos acordes de la guitarra de Todd Neufeld se disuelven antes de asumir un protagonismo invasivo mientras que el contrabajo de Thomas Morgan y la batería de Tyshawn Sorey despliegan cíclicas capas rítmicas interceptadas por deliberados silencios.

Sorey no sólo manifiesta inclinación por contraponerse a los fenómenos determinantes del acto musical sino que, además, busca modelar sus fenómenos aleatorios y Only One Sky es una prueba fehaciente de esa orientación. Este material no es una composición en sí misma sino una introducción descartada de Embed que, según dichos del propio Sorey, cobró forma de pieza musical en la post-producción cuando empezó a verlo “como una parte indispensable de la macro estructura del álbum”.

Correct Truth está integrada por sonidos aislados de muy larga duración gobernados por gráficas indeterminadas en donde sólo se especifican los timbres y los registros, dejando el ritmo y las notas a elección de los ejecutantes. Una improvisación abierta de la que emanan con naturalidad los cimientos basales de la meditación búdica.

No es sencillo trasladar un fundamento filosófico al acto de la creación artística. Sin ir más lejos, recuerdo el caso de un músico que abrazó la práctica budista con la pretensión de que su obra adquiriera un alma Zen pero, víctima de una confusión metafísica, sólo logró tener un almacén. Este hecho no impidió el desarrollo de su carrera sino que, por el contrario, le permitió expandir su oferta musical. Por ejemplo, su último disco incluye un kilo de azúcar, un paquete de arroz y una botella de aceite.

Nocturnal es la pieza central del álbum. En su centro subyace un sentido de moderación que no significa carencia de energía pero que requiere tiempo y espacio para su reconocimiento, debido a que su exposición no parece perseguir objetivos definidos recurriendo al uso de silencios interminables, sonidos desconectados, casuales y atonales con un volumen, duración y timbre aleatorios. Un cuidadoso tránsito de espontánea interacción signado por la lentitud y en donde la construcción sonora, por momentos, atraviesa los límites entre lo audible y lo inaudible.

En Two Guitars, Sorey cruza esas fronteras fácticamente restringiéndose a observar el dialogo improvisado que mantienen las guitarras de Neufel y Morgan.

Embed, el último corte del álbum, es lo más próximo al formato canción. No obstante sus magnificas progresiones armónicas, el carácter longitudinal de su línea melódica, el delicado uso de disonancias y la ausencia de swing eluden los convencionalismos.

Cuando un maestro Zen formula un Koan siempre espera una respuesta del discípulo. Tyshawn Sorey responde en tono confesional con una verdad artística más próxima a la duda reflexiva que a la afirmación explícita y, de esa manera, nos ayuda e invita a reflexionar sobre cuál es el camino que conduce a la auténtica sabiduría.

El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona. (Aristóteles)

http://elintruso.com/2010/01/05/tyshawn-sorey-koan/



Tyshawn Sorey Quartet / Acts – Live - Amsterdam Netherlands

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